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EGIPTO

La labor de los misioneros cristianos, tema tabú

Heba Helmy
EFE

 

La labor de los misioneros cristianos en Egipto, un país donde las conversiones son un asunto de Estado, enturbia aún más las relaciones entre los musulmanes y la minoría cristiana.

De los 73 millones de egipcios, aproximadamente un diez por ciento son cristianos, que conviven pacíficamente con los musulmanes desde hace siglos, aunque de vez en cuando –como en Semana Santa en Alejandría– se registran ataques aislados de musulmanes extremistas contra iglesias.

La evangelización es una palabra casi tabú, de la que no se habla en público, pero en las últimas semanas ha saltado a la palestra por un supuesto acuerdo para permitir la labor de misioneros de “todas las religiones monoteístas”, un eufemismo para aludir a los que predican el cristianismo ante los musulmanes.

Y es que la evangelización en Egipto, pese a que no está prohibida por ley, conlleva de hecho la persecución policial, y a algunos misioneros se les hace la vida tan difícil que se ven obligados a abandonar el país.

Toda la familia de Mary Tanagho, una egipcia cristiana de 20 años, lleva 24 años viviendo en Estados Unidos para salvar la vida del padre de Mary, después que éste divulgara un folleto de evangelización cristiana “dirigido a los fieles musulmanes”.

“La policía irrumpió en la clínica donde trabajaba mi padre en El Cairo y se lo llevaron a la cárcel, donde pasó seis meses sin que le acusaran de ningún delito”, relató Mary en la capital egipcia, a la que su progenitor no ha podido volver desde 1988.

Mary aseguró que el folleto “llegó no sólo a los egipcios, sino también a otros árabes, y condujo a varias conversiones” de musulmanes.

Después de seis meses de cárcel, el evangelizador fue conminado a abandonar todo tipo de actividad religiosa y, según su hija, recibió “amenazas de muerte”, lo que le movió a abandonar el país.

Cuando los misioneros son extranjeros –habitualmente protestantes anglosajones– no se exponen a las amenazas de muerte, pero sí a la expulsión de hecho mediante el subterfugio de no renovar su permiso de residencia, dijo un misionero egipcio que colabora con sus colegas estadounidenses en Egipto, y que no quiso ser identificado.

El control policial no se limita sólo a los misioneros, sino que además llega a los cristianos conversos.

Según explicó el portavoz de la Iglesia Católica en Egipto, Rafiq Gresh, en el mejor de los casos, que es cuando la policía no se entera de la conversión de un nuevo cristiano, éste “no puede cambiar su religión en el documento de identidad y cuando muere, le entierran en un cementerio musulmán”.

Pero si la familia del nuevo cristiano informa a las autoridades, “le encarcelan y les acusan bajo cualquier pretexto, como robo o drogas”, manifestó Gresh.

El portavoz denunció como especialmente injusto el hecho de que los conversos al Islam “no sufren ningún tipo de problema”.

El Islam permite la práctica de las religiones monoteístas –antiguamente, mediante el pago de un impuesto–, pero cuando esta práctica se traduce en evangelización, surgen los problemas, por lo que los misioneros cristianos en Egipto tendrán que seguir haciendo como hasta ahora: actuar en la clandestinidad en un país donde, pese a su numerosa minoría copta, la identidad islámica tiene cada vez más peso en la sociedad.