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"Joyeux Noel", crónica de una Noche de Paz
Joyeux Noel
(“Merry Christmas”), la selección oficial de Francia al “Oscar”
de 2005 por la mejor película extranjera, y que fue exhibida en
el pasado Festival Internacional del Cine de Miami, se basa en
un hecho real que aconteció durante la Primera Guerra Mundial
(1914-1918), en la helada víspera de la Navidad de 1914.
En la noche del 24 de diciembre de 1914, soldados escoceses y
franceses reconocieron una melodía procedente de las trincheras
alemanas, entonada por un tenor de la Ópera de Berlín, que fue
acompañada, nostálgicamente, por un gaitero escocés.
El significado de las palabras, schlaf in himmlischer ruh…
(“duerma en celestial paz”), pertenecía a las frases finales de
la universalmente conocida“Noche de Paz”.
Entonces dio comienzo una efímera tregua, acordada por los tres
bandos en guerra para que los soldados que hasta poco antes iban
a matarse entre sí, compartieran unas horas de paz navideña. Y
en la Misa de la víspera de la Navidad, oficiada por un joven
párroco de pueblo, como el de Ars, aquellos enemigos
compartieron el misterio de la Eucaristía, y sintieron que
Cristo se hacía presente “a los hombres de buena voluntad” para
decirles que los amaba a todos como hijos Suyos, y que no podía
bendecir los mezquinos intereses que los enfrentaban.
Al desvanecerse la “magia” de aquella Noche de paz, los
cientos de soldados que participaron en esas breves horas de
alegría debieron reintegrarse a la hiriente realidad de la
guerra. A muchos les correspondió sufrir una reprimenda, como si,
al compartir la Navidad con sus adversarios, hubieran cometido
un acto contra sus respectivos países, y fueron reemplazados por
tropas más sanguinarias; los cuerpos sin vida de otros fueron
abandonados en las heladas trincheras.
Desde hace décadas, grandes películas han trasmitido a los
espectadores las agonías y angustias que la guerra causa al ser
humano. Desde Milagro en la lluvia (1954), hasta la más
reciente, A Very Long Engagement (2004).
El realizador de Joyeux Noel, Christian Carion, no ha
filmado una película de guerra; las escenas de batalla y la
sangre vertida son mínimas; el filme es una gran pregunta que, a
la vez, encierra su propia respuesta. ¿Han sido, son y serán
necesarios estos conflictos armados, que convierten al hombre en
el lobo del hombre? Al espectador le corresponde la respuesta.
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