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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

 

7 de mayo de 2006
4o Domingo de Pascua (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 10:11-18 En aquel tiempo dijo Jesús: “Yo soy el Buen Pastor. El Buen Pastor da su vida por sus ovejas. El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, huye ante el lobo abandonándolas y el lobo las agarra y las dispersa, porque no es más que un asalariado y no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor: conozco las mías y las mías me conocen a mí. Así como me conoce el Padre, también yo conozco al Padre, y yo doy mi vida por mis ovejas. Tengo otras ovejas que no son de este corral.* A ellas también las llamaré y oirán mi voz; y habrá un solo rebaño como hay un solo pastor. El Padre me ama porque yo mismo doy mi vida, y la volveré a tomar. Nadie ha podido quitarme la vida, sino que yo mismo la voy a entregar. Libremente la entregaré y libremente también la recobraré: así lo dispuso mi Padre”.
*Probablemente los Gentiles.

Comentario breve:
Una de las características del Evangelio de Juan es el uso frecuente de la frase “Yo soy”. Es por esta razón que las lecturas de Cuaresma y Pascua son tomadas de este evangelio. La Cristología de Juan, es decir, su manera de entender quién era Cristo es tan apropiada para nosotros hoy como lo fue para la comunidad primitiva. El capítulo 10 es conocido como el discurso del Buen Pastor y afirma categóricamente que quien cree en Jesús forma parte del rebaño de Cristo. El discurso es pronunciado en la fiesta judía de la dedicación del Templo. Una de las lecturas más importantes de este día era tomada del profeta Ezequiel 34, y condenaba a los falsos pastores de Israel. La imagen del pastor era común en el Antiguo Testamento. Abrahám, Moisés, David y Amós fueron pastores, no sólo por el trabajo que realizaron, sino porque todos fueron llamados por Dios para guiar al pueblo. Al igual que los pastores buscan a sus ovejas cuando se dispersan, también Jesús, el Buen Pastor, busca a la oveja perdida. La metáfora del lobo se revive en todo momento que alguien impide que conozcamos el amor incondicional de Dios.
El pasaje de hoy viene después de la sanación del ciego en el capítulo 9. Ese incidente concluye con un ataque a los fariseos que no reconocieron a Cristo como lo hizo el ciego. La lectura de hoy continúa el ataque a los pastores “ciegos” de Israel.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Como Jesús es la “Palabra hecha carne” que nos revela al Padre, reconocemos en él las mismas cualidades del Dios amoroso.

  • Jesús reveló a Dios como el Buen Pastor, no como un lobo que atrapa y dispersa a las ovejas.

  • Sólo quien escucha la voz de Jesús es miembro de su pueblo.

Para la reflexión:

  1. ¿Quién es Dios para mí: el buen pastor o el “lobo”? ¿Cómo le transmito esto a los demás?

  2. Jesús entregó su vida por todos. ¿Qué influencia ejerce este acontecimiento en mi trato con las personas difíciles?

 

14 de mayo de 2006
5o Domingo de Pascua (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 15:1-8 En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre el viñador. Si alguna de mis ramas no produce fruto, él la corta; y limpia toda rama que produce fruto, para que dé más. Ustedes ya están limpios. La palabra que les he dirigido los ha purificado. Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes. Como la rama no puede producir fruto por sí misma si no permanece en la planta, así tampoco pueden ustedes producir frutos si no permanecen en mí. Si alguien permanece en mí y yo en él, produce mucho fruto, pero sin mí no puede hacer nada. El que no se quede en mí, será arrojado afuera y se secará como ramas muertas: hay que recogerlas y echarlas al fuego, donde arden. Si se quedan en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, todo lo que desean lo pedirán y se les concederá. Mi Padre encuentra su gloria en esto: en que ustedes produzcan mucho fruto, llegando a ser con esto mis auténticos discípulos”.

Comentario breve:
Este es el monólogo más largo de Jesús que aparece en el Evangelio de Juan. Para describir la unión íntima con sus discípulos, Jesús usa una alegoría del Antiguo Testamento que describe a Israel como la vid de Yahvé (Salmo 80:9-20). Los viñadores eran responsables de ocuparse de que los viñedos crecieran saludables. Cuando las ramas no daban fruto las cortaban y las dejaban secar en las paredes para usarlas más tarde en el fuego. Esta alegoría demuestra la intimidad entre Jesús y sus discípulos: sin él no podrán hacer nada. Al preparar a sus compañeros para la misión, les recuerda que él es la vid verdadera que el Padre cuida con esmero y amor. Las ramas que producen frutos son aquellos que han aceptado la palabra viva de Jesús y permanecen en él.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los discípulos producen fruto cuando permanecen unidos a Jesús en el amor.

  • Sólo Jesús es la fuente de nuestra vida, y no debemos buscar o apegarnos a otra fuente que no sea él.

  • La fecundidad no radica en grandes discursos, sino en una vida de justicia y amor por los demás.

Para la reflexión:

  1. ¿Son mis actos coherentes con mi fe cristiana? Comparta un ejemplo.

  2. ¿Hay algo o alguien que me mantiene separado(a) de Cristo? ¿Qué voy a hacer al respecto?

 

21 de mayo de 2006
6o Domingo de Pascua (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 15:9-17 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Yo los he amado a ustedes como el Padre me ama a mí: permanezcan en mi amor. Si guardan mis mandatos, permanecerán en mi amor, así como yo permanezco en el amor de mi Padre guardando sus mandatos. Yo les he dicho todas estas cosas para que participen en mi alegría y sean plenamente felices. Ahora les doy mi mandamiento: ámense unos a otros, como yo los amo a ustedes. No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si cumplen lo que les mando. Ya no les diré servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Les digo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me escogieron a mí. Soy yo quien los escogí a ustedes y los he puesto para que produzcan fruto, y ese fruto permanezca. Entonces todo lo que pidan al Padre en mi nombre, se los dará. Yo les ordeno esto: que se amen unos a otros”.

Comentario breve:
Hoy continúa el monólogo que comenzó la semana pasada con la lectura de la vid y los sarmientos. Juan usa dos palabras griegas para describir el amor: agapaõ (9-13a), y phileõ (13b-15) que para él son sinónimos y quieren decir “amar”. El evangelista hace una distinción entre los amigos: “aquellos que amamos” y los sirvientes. El Antiguo Testamento llama “servidores” o “esclavos de Yahvé” a Moisés, Josué y David. Sólo Abrahám es conocido como “el amigo de Dios”. El amor es el concepto central de la lectura de hoy. Este amor es la fuente de la alegría de los discípulos y la condición indispensable de una intimidad con Dios. Sus oraciones serán escuchadas tanto cuanto ellos se amen los unos a los otros.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El Padre ama a Jesús; Jesús ama al Padre y ama a los suyos..

  • El amor auténtico solamente puede ser fruto de la unión con Jesús.

  • Nuestro amor por los demás, más que afectivo, debe ser efectivo.

Para la reflexión:

  1. La primera lectura de hoy proclama que “Dios no tiene favoritismos”. En la segunda, San Juan asegura que “Dios es amor”. ¿Excluyo a alguien de mi afecto o de mis oraciones?

  2. ¿Cuál es mi reacción ante la crisis migratoria que vive Estados Unidos en estos momentos? ¿Qué motiva mis actos: las leyes del país, mis prejuicios, el miedo o la solidaridad evangélica?

 

28 de mayo de 2006
Ascensión del Señor (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 16:15-20 En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean en mi Nombre: echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas. Tomarán con sus manos las serpientes, y si beben algún veneno no les hará ningún daño”. Así, pues, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Y los discípulos salieron a predicar por todas partes con la ayuda del Señor, el cual confirmaba su mensaje con las señales que lo acompañaban.

Comentario breve:
Este texto se encuentra solamente en el Evangelio de Marcos. Lo leemos en la fiesta de la Ascensión porque narra que “Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. La mayoría de los expertos en estudios bíblicos creen que el Evangelio de Marcos en su forma original concluyó abruptamente en 16:8. Se piensa que la intención del autor fue instigar a sus lectores a ser partícipes de la resurrección en sus vidas y así concluir ellos el evangelio. Sin embargo, la versión que fue aprobada canónicamente en el siglo IV contiene una conclusión más larga (versículos 9-20), la cual se cree que fue añadida por cristianos de los siglos I ó II. El final largo incluye las apariciones de Cristo resucitado a María de Magdala y a los discípulos. Otro final más corto que también aparece en la Biblia después del que leemos hoy, fue añadido en el siglo V y se conserva en la Freer Gallery, en Washington, D.C.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los evangelizadores no tienen por qué temer ya que Cristo resucitado está siempre con ellos.

  • Somos enviados a echar los demonios, como por ejemplo, los del egoísmo, la avaricia, el odio y la falta de unidad.

  • Con la ascensión de Jesús se inicia la evangelización de todos los pueblos y naciones.

Para la reflexión:

  1. ¿Siento la presencia de Jesús resucitado a mi lado cuando estoy evangelizando? ¿Cómo?

  2. ¿Qué me impide ser un mensajero de la Buena Noticia en mi familia, centro de trabajo, escuela o parroquia?