Benedicto XVI en Polonia
ACI / Redacción
“He venido para seguir las huellas de mi gran predecesor”
Al llegar el 25 de mayo a Varsovia con motivo de una visita
apostólica de cuatro días a Polonia, el Papa Benedicto XVI
afirmó, al ser recibido por miles de personas, entre las que se
encontraban autoridades civiles y eclesiales del país, haber
llegado a la tierra de Juan Pablo II ”para seguir las huellas de
mi gran predecesor”.
“He venido para seguir las huellas de mi gran predecesor, el
Papa Juan Pablo II”, dijo el Santo Padre en un polaco muy
correcto, que suscitó el entusiasmo de las miles de personas que
acudieron al aeropuerto internacional de Ok´cie para recibirlo
esta mañana.
En la ceremonia de bienvenida al pontífice estuvieron presentes
el Presidente de Polonia, Lech Kaczynski y su esposa, María, así
como el Arzobispo primado de la Iglesia en el país, Cardenal
Jozef Glemp, el Presidente de la Conferencia Episcopal Polaca,
Mons. Józef Michalik, y quien fuera durante años secretario
personal de Juan Pablo II, el Arzobispo de Cracovia, Cardenal
Stanislaw Dziwisz, entre otros.
“He venido para seguir sus huellas, para recorrer su vida, desde
la infancia hasta el momento en que partió hacia aquel memorable
cónclave de 1978. Me gustaría conocer a la generación de Juan
Pablo II y los lugares en los que se formó para llegar a ser
Sumo pontífice”, señaló el Papa en su discurso de llegada, en el
que describió su viaje y las ciudades que visitará.
“El recorrido de este camino en este viaje en Polonia está
marcado por los tramos de la vida y del servicio pastoral de
Karol Wojtyla, y del itinerario que ha recorrido el Papa
peregrino en su propia patria. He querido detenerme en dos
ciudades tan queridas por Juan Pablo II: la capital de Polonia,
Varsovia, y la sede del arzobispado, Cracovia”, explicó.
Más adelante, y ante la atenta mirada y escucha de miles de
polacos, el Santo Padre indicó que visitará el santuario de
Czestochowa, donde “la mirada benévola de María nos acompañará
en nuestra común búsqueda de una unión profunda y fiel a Cristo,
su hijo”.
Al anunciar que visitará Cracovia, Wadowice –ciudad natal de
Juan Pablo II–, Kalwaria, Lagiewniki y la catedral de Wawel, el
Papa dijo que sabía que aquellos “son los lugares más amados de
Juan Pablo II, porque están unidos a su crecimiento en la fe y a
su servicio pastoral”.
El pontífice también visitará los campos de concentración de
Auschwitz y Birkenau. “Allí querré reunirme con aquellos que
sufrieron el terror nazi, personas de distinta nacionalidad que
padecieron una opresión inhumana”, dijo al respecto.
Al explicar el sentido de su visita a Polonia, el Papa manifestó
desear que estos encuentros “lleven abundantes frutos para
nuestra común fe en Cristo y para la realidad social y política
en la que los hombres y mujeres de hoy viven”.
Al respecto, el Papa explicó que el lema del viaje, “Sed fuertes
en la fe”, expresaba su intención de que “estos días trajesen
una consolidación en la fe para todos, para los fieles de la
Iglesia, para los que están en Polonia y para mí mismo”.
Por último, refiriéndose a “aquellos que no tienen la gracia de
la fe pero nutren en el corazón la buena voluntad”, el pontífice
expresó su deseo de “que sea esta visita un tiempo de hermandad,
de benevolencia y de esperanza. Estos eternos valores de la
humanidad constituyen una base sólida para crear un mundo mejor,
en el que cada uno pueda encontrar prosperidad material y
felicidad espiritual”, señaló.
Que los sacerdotes sean expertos en promover el encuentro del
hombre con Dios
En lo que ha sido hasta ahora el momento más intenso de su
visita apostólica a Polonia, el Papa Benedicto XVI tuvo un
encuentro en la Catedral de San Juan de Varsovia con el clero
polaco, en el que exhortó a los sacerdotes a ser especialistas
en promover el encuentro del hombre con Dios.
“Al sacerdote no se le pide que sea un experto en economía o en
política. Se espera que sea experto en vida espiritual y, frente
a las tentaciones del relativismo o del permisivismo, no es
necesario que conozca todas las actuales y cambiante corrientes
de pensamiento; de él se espera que sea testimonio de sabiduría
eterna, contenida en la Palabra revelada”, dijo el Santo Padre
en un profundo y significativo discurso, tras las palabras de
bienvenida del Arzobispo de Cracovia, Cardenal Jozef Glemp.
Al inicio de su discurso, el pontífice expresó su confianza en
que su peregrinación “refrescará la fe que tenemos en común
ustedes y yo”.
“He venido a Polonia, la tierra amada por mi gran Predecesor
Juan Pablo II, para participar de este clima de fe en el que
viven, para comunicarles algún don espiritual y que sean
fortificados”, precisó el Santo Padre.
Al recordarles su misión, el Papa dijo a los sacerdotes que “han
sido elegidos entre el pueblo, constituidos en las cosas que se
refieren a Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los
pecados. Crean en la potencia de su sacerdocio. En virtud del
sacramento, ustedes recibieron todo aquello que son. Cuando
pronuncian la palabra yo o mío, (“yo te absuelvo”,
o “Éste es mi Cuerpo”), lo hacen no en nombre de ustedes, sino
en nombre de Cristo, in persona Christi, que quiere
servirse de sus labios y manos, de su espíritu de sacrificio y
de su talento. Al momento de su ordenación, mediante el signo
litúrgico de la imposición de las manos, Cristo los ha tomado
bajo su especial protección: Ustedes están escondidos bajo sus
manos y en su corazón”.
En uno de los momentos más intensos de su alocución, Benedicto
XVI recordó a los sacerdotes que la grandeza del sacerdocio de
Cristo puede infundir temor. “Se puede estar tentados a
exclamar, como Pedro, ‘Apártate de mí, Señor, porque soy un
pecador’, porque nos cuesta trabajo creer que Cristo nos haya
llamado precisamente a nosotros: ¿Acaso no podía escoger a otro
mucho más capaz y más santo? Sin embargo, Jesús fija su mirada
con amor en cada uno de nosotros, y es en esta mirada que
debemos confiar.
“No nos dejemos asaltar por la prisa, casi como si el tiempo
dedicado a Cristo en silenciosa oración fuese tiempo perdido. Es
precisamente ahí donde nacen los más maravillosos frutos de
servicio pastoral. Es necesario no desalentarse por el hecho de
que la oración exige un esfuerzo, ni por la impresión de que
Jesús guarde silencio: Él calla pero actúa”, continuó baja la
atenta escucha de cientos de sacerdotes y seminaristas.
Tras hacer alusión a la experiencia en Colonia, Alemania, en el
marco de la Jornada Mundial de la Juventud, el Papa dijo que
allí fue testigo de “un profundo, inolvidable silencio de un
millón de jóvenes, al momento de la adoración del Santísimo
Sacramento!”.
“Aquel silencio orante”, rememoró, “nos unió y a la vez nos donó
tanto alivio. En un mundo en el que predominan el ruido y la
desorientación, hay necesidad de la adoración silenciosa de
Jesús escondido en la Hostia”.
Iglesia santa y pecadora
En su intervención, el Papa Benedicto XVI recordó que Juan Pablo
II, con motivo del Gran Jubileo del 2000, había exhortado a los
cristianos a hacer penitencia por las infidelidades del pasado.
“Creemos”, reiteró, “que la Iglesia es santa, pero en ella hay
hombres pecadores. Es necesario rechazar el deseo de
identificarse sólo con aquellos que no tienen pecado. ¿Cómo
podría la Iglesia excluir de sus filas a los pecadores? Es por
la salvación de ellos que Jesús se ha encarnado, ha muerto y ha
resucitado. Es necesario aprender a vivir con sinceridad la
penitencia cristiana”.
Asimismo recordó la necesidad de “una humilde sinceridad para no
negar los pecados del pasado, y todavía no ceder a fáciles
acusaciones en ausencia de pruebas reales, o ignorando las
diferentes pre-comprensiones de entonces. Pidiendo perdón por el
mal cometido en el pasado, debemos también recordar el bien que
fue realizado con la ayuda de la gracia divina, portadora de
frutos casi siempre excelentes”.
Pensando en los numerosos sacerdotes y religiosas polacos que
desempeñan su servicio no sólo en favor de los polacos fuera de
los confines del país, sino también en las misiones de África,
Asia, América Latina y otras regiones, el pontífice pidió a los
sacerdotes que no se olviden de estos misioneros, “que el don de
numerosas vocaciones con las que Dios ha bendecido a la Iglesia
debe ser acogido desde una perspectiva verdaderamente católica”.
“Sacerdotes polacos, no tengan miedo de dejar su mundo seguro y
conocido para ir a servir allá donde faltan los sacerdotes y
donde su generosidad puede ser portadora de copiosos frutos.
Permanezcan firmes en la fe. También a ustedes confío el lema de
mi peregrinación. Sean auténticos en su vida y en su ministerio”,
exhortó el Papa.
“Fijando la mirada en Cristo, vivan una vida modesta, solidaria
con los fieles a los que han sido enviados. Sirvan a todos; sean
accesibles en las parroquias y en los confesionarios, acompañen
los nuevos movimientos y las asociaciones, sostengan a las
familias y no olviden el estrecho lazo que deben establecer con
los jóvenes; recuerden a los pobres y a los abandonados”,
precisó Benedicto XVI.
“Si ustedes vivirán de fe, el Espíritu Santo les sugerirá lo que
deberán decir y cómo deberán servir”, añadió el pontífice.
Al concluir su intervención, el Papa aseguró a los sacerdotes
que “podrán siempre contar con la ayuda de aquella que precede a
la Iglesia en la Fe, la Santísima Virgen María. Los exhorto a
invocarla siempre con las palabras que ustedes ya conocen:
‘Estamos cerca de Ti, Te recordamos y velamos’”.
Antes de abandonar la histórica catedral de la capital polaca,
el Papa oró ante las capillas donde se encuentran las tumbas de
los cardenales August Hlond y Stefan Wyszynski.
El Siervo de Dios Juan Pablo II visitó esta catedral cinco veces
durante los nueve viajes que realizó a Polonia durante su
pontificado.
Que desde Auschwitz nazca un nuevo sentido de humanismo
Antes de subir al avión que lo conduciría a Varsovia para
iniciar su viaje apostólico de cuatro días a Polonia, el Papa
Benedicto XVI había expresado su esperanza de que “justo desde
Auschwitz nazca un nuevo sentido de humanismo y una visión del
hombre como imagen de Dios”.
“Terminamos el viaje con el campo de exterminio de Auschwitz
pensando en tantos muertos, pero también para aprender cómo fue
posible que el hombre cayera por debajo de su dignidad
pisoteando a los demás”, dijo el Santo Padre al referirse a su
visita al campo de concentración y al Centro de Diálogo y
Oración del lugar.
“Esperemos que justo desde Auschwitz nazca un nuevo sentido de
humanismo y una visión del hombre como imagen de Dios para
impedir que en el futuro ocurran cosas similares”, dijo antes de
subir al avión en Roma.
Durante el viaje en avión, los periodistas le preguntaron cuáles
eran sus sentimientos yendo a visitar Auschwitz, siendo él
alemán.”Sobre todo soy un católico: tengo que decir que ése es
el punto más importante”, respondió Benedicto XVI.
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