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Una conversión al filo de la muerte

Soledad Narváez
Especial para La Voz Católica

Gloria Polo durante su visita a Miami en abril de 2006. Soledad Narváez

Gloria Polo está segura de haber regresado a este mundo gracias a las oraciones, sobre todo a las de un campesino que la vio quemada por un rayo en el periódico y le rogó al Señor que la salvara.

La historia narrada por Polo –que visitó Miami recientemente– empezó el 5 de mayo de 1995 en la Universidad Nacional, en Bogotá, Colombia. “Mi sobrino y yo íbamos a recoger unos libros bajo una lluvia torrencial, cuando, de pronto, nos cayó un rayo. Él murió al instante. Yo me quemé espantosamente”, recuerda.

Pero hoy Polo no ve esto como una tragedia personal. “Antes del rayo”, dice, “yo era una católica light, casi nunca iba a Misa. Pasé por la anorexia y la bulimia, era una adoradora de mi cuerpo y del dinero. También me leía la suerte, era alcohólica y defendía la eutanasia, el aborto, el divorcio, el matrimonio entre homosexuales... Tenía unos valores bastante equivocados”, resume.

Al sufrir la experiencia del rayo, “vi una luz indescriptible y entré en una paz y un gozo infinito. Estaba en una realidad libre del tiempo y del espacio, en un eterno presente de amor; algo tan maravilloso que transformó mi vida totalmente. Me di cuenta de que ese gozo era porque Dios me tenía abrazada…”

Pero, al volver en sí, sintió un gran dolor. “Mi cuerpo estaba totalmente quemado”, dice. “Me llevaron al hospital y, cuando me anestesiaron, entré en coma por tres días. Le dijeron a mi familia que ya no había nada que hacer por mí”.

Se sintió caer en el vacío. Al caer había luz, pero, conforme descendía, todo se iba oscureciendo. “Allí vi que yo no había amado a mi prójimo”, confiesa. “Pude ayudar a mucha gente, pero no lo hice. Calumnié a muchas personas, robándoles su buen nombre. Sin embargo, mi peor pecado fue el aborto… Además”, añade, “convencí a mucha gente para que abortara”.

“Así perdí la ceguera espiritual en la que vivía”, dice. Entonces le rogó a Dios que la perdonara. Y sintió que Él le decía “que regresaría por las oraciones de mucha gente, en especial de aquel campesino muy pobre”.

 “Cuando desperté empecé a mejorar considerablemente. Poco a poco mis órganos empezaron a funcionar. Sin embargo, me dijeron que me iban a amputar las piernas. Después de muchas oraciones”, sin embargo, “Dios me salvó las piernas. Mi familia y los médicos atribuyen esto a un milagro”.

“Pero eso no fue todo”, precisa. “El Señor realizó otro milagro físico al darme una niña preciosa. Tuve un parto normal, y mis senos se recuperaron tanto que pude darle el pecho a mi hija”.

Ahora, 11 años después del accidente, Gloria Polo ha ido a muchos países hispanos a relatar la historia de su conversión: “Al pecar arrastré a mucha gente”, reflexiona. Pero Dios “me mostró las consecuencias de mis pecados en toda la humanidad”.