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Ordenación de nuevos sacerdotes expresa multiculturalidad del sur de la Florida

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica

El Obispo Auxiliar Felipe J. Estévez (centro) saluda al Diácono Patrick Charles (izq.) antes de la ordenación sacerdotal del diácono, el 6 de mayo, en la Catedral St. Mary.  Fotos: Angelique Ruhi-López

Gracias a la inmigración, la Arquidiócesis de Miami cuenta con cinco nuevos sacerdotes este año. El 6 de mayo, en la Catedral St. Mary, se ordenaron cinco sacerdotes de distintos países de origen: el P. Fritzner Bellonce, el P. Patrick Charles y el P. Jean Jadote, de Haití; el P. Carmelo Romanello, de Italia, y el P. Robert Ayala, que se considera un “católico nativo”, ya que nació de padres cubanos en el Hospital Mercy, el hospital católico de Miami, y creció en Hialeah.

El Obispo Auxiliar Felipe J. Estévez (izq.) y el Arzobispo John C. Favalora (centro), durante la Consagración, junto a los nuevos sacerdotes (de izq. a der.): el P. Fritzner Bellonce, el P. Carmelo Romanello, el P. Patrick Charles, el P. Jean Jadotte y el P. Robert Ayala.

Como cada uno tiene distintas cualidades, personalidades, nacionalidades, talentos e intereses, según el Arzobispo, cada uno creará una historia propia de su ministerio, tal como Pedro y los apóstoles.

“Su ordenación los reta a continuar los Hechos de los Apóstoles entre los feligreses de la Arquidiócesis”, expresó el Arzobispo John C. Favalora durante su homilía. “Aprendan más de Jesús diariamente en las Escrituras, contémplenlo diariamente en el Santísimo Sacramento, y sus ministerios recordarán a los feligreses los Hechos de los Apóstoles. Sus hechos se convertirán en la Palabra viva para hoy, la Palabra de vida eterna”, añadió.

 

P. Patrick Charles

El Diácono Patrick Charles, junto a su madre, Jaccilia Charles, de Haití, antes de su ordenación sacerdotal.

A los 10 u 11 años de edad, Patrick Charles ya sabía que quería ser sacerdote.

“En mi familia somos muy religiosos, e íbamos a la iglesia cada semana”, dijo el P. Charles, de 36 años. “La escuela católica también tuvo un papel especial en el desarrollo de mi vocación”, señaló.

Los Hermanos de la Instrucción Cristiana en Haití, mediante sus obras y homilías, influyeron en su vocación.

“Vi el buen trabajo que estaban haciendo estos sacerdotes. Quise ser como ellos”, indicó.

Su madre, Jaccilia Charles, confirmó la disposición de su hijo para ser un buen sacerdote. “Es muy fiel, y es dichoso y alegre. Tiene un corazón bueno”, afirmó la madre del P. Charles, que vino de Haití para asistir a la ordenación de su hijo.

El P. Charles fue jesuita durante 8 años antes de llegar a los Estados Unidos. Estudió filosofía y ciencias sociales con los jesuitas en México, donde aprendió a hablar el español. Decidió que prefería ser sacerdote diocesano, y vino a Miami para empezar el seminario. El Padre ha sido asignado a la parroquia St. James, en North Miami.

“Espero poder servir a esa comunidad trilingüe”, dijo.

 

P. Jean Jadotte

Al igual que el P. Charles, el P. Jean Jadotte también fue miembro de una orden religiosa antes de hacerse sacerdote diocesano.

“Estuve en una orden religiosa, los Sacerdotes de la Santa Cruz, por cinco años”, explicó el P. Jadotte, de 37 años de edad. “En 1996 vine a los Estados Unidos, y en 1998 comencé el proceso con la Arquidiócesis para entrar al seminario”.

El P. Jadote atribuye su vocación al apoyo de su madre y al estímulo de las Hermanas de la Santa Cruz, de su escuela primaria en Haití.

“Mis padres, y en particular mi madre, y las Hermanas en el colegio, me empujaban a ser sacerdote”, indicó el P. Jadot-te, que sirve en la parroquia Nôtre Dame d’Haiti en Miami. “Vengo de una familia grande –10 hijos en total– y tal vez pensaban que uno de nosotros pudiera ser sacerdote. Quizás por mi temperamento…”

 

P. Carmelo Romanello

El Diácono Carmelo Romanello se emociona al comienzo de la ceremonia de ordenación. A su izquierda está su madre, Raffaela Runco-Romanello, que viajó de Italia para asistir a la ordenación de su hijo menor.

Antes de entrar al seminario, el P. Carmelo Romanello, que nació en Vibbo Valentia, en la región italiana de Calabria, comenzó a trabajar en Nueva York en labores de construcción, con su hermano, a partir de los 15 años de edad.

“Es un rito de iniciación para cada italiano vivir en Nueva York”, señaló el P. Romanello, de 31 años de edad, añadiendo: “La idea de ser sacerdote nunca se me fue de la mente; sólo la postergué”.

En efecto, la idea de ser sacerdote y ayudar a construir el Reino de Dios en vez de edificios, se le ocurrió después de su Primera Comunión, cuando un sacerdote lo invitó a ser acólito. Quiso entrar al seminario después del octavo grado, pero la situación económica de su familia se lo impidió en aquel momento. El joven Romanello trabajó primero como asistente de panadero y después como obrero de la construcción en Nueva York, y luego en el sur de la Florida, donde comenzó a asistir a la parroquia St. Gregory, en Plantation.

“El P. Michael Grady celebraba la Misa de las 7:00 p.m. en aquella época”, explicó el P. Romanello, que ha sido asignado a la parroquia St. John Neumann. “Hubo algo especial en él. A través de sus palabras y sus homilías, Dios hizo renacer el fuego [del sacerdocio] dentro de mí”.

Otro sacerdote que influyó en la vocación de Romanello por el sacerdocio fue el de su parroquia en Italia, al cual recuerda, sobre todo, por sus obras con los jóvenes.

“Recuerdo haber pensado: ‘cuando sea mayor, quiero ser como él’”, dijo el P. Romanello. “Yo quiero estar con la gente”.

 

P. Fritzner Bellonce

El P. Fritzner Bellonce bendice al Arzobispo John C. Favalora al final de la ordenación.

El P. Fritzner “Fritz” Bellonce también se sintió muy impresionado por un sacerdote a quien conoció siendo muy joven, en Haití.

“El sacerdote de mi parroquia en Nôtre Dame de Mont Carmel llamaba a toda la gente joven para participar en la parroquia. Nunca nos dijo que no tenía tiempo para nosotros”, explicó el P. Bellonce, de 31 años de edad.

Siguiendo el ejemplo de este párroco, el joven Bellonce decidió, a los 15 años, que quería ser sacerdote.

“Para mí, pensar a los 14 o 15 años en ser sacerdote, era difícil, pero muy adentro de mí, sabía que lo sería”, dijo el P. Bellonce, que vino de Haití en 1995 a causa de la situación política. “A los 15 años, le dije a mi madre que quería ser sacerdote. Ella me apoyó, pero mi padre no lo aprobó en un principio. Él quería que me casara. Pero, cuando cumplí dos años en el seminario, llegó a sentirse muy orgulloso de mí”.

En su nueva parroquia de St. Bartholmew, en Miramar, el P. Belloce espera poder trabajar con los jóvenes y los jóvenes adultos.

“Ellos son mi mayor reto”, expuso el P. Bellonce. “Es uno de los ministerios más desatendidos. Necesitan sacerdotes que los atiendan personalmente. Ellos son el pueblo de Dios, y son muy importantes”.

 

P. Robert Ayala

(de izq. a der.):  El P. José Luis Menéndez, párroco de Corpus Christi, impone las manos sobre la cabeza del P. Robert Ayala, mientras que el P. Federico Capdepón, párroco de St. Martha, le impone las manos al P. Jean Jadotte durante la ordenación. El P. Ayala ha sido asignado a Corpus Christi con el P. Menéndez.

“Mi tía me dice que a una edad temprana, yo dije que quería ser sacerdote. Mi hermana recuerda que yo jugaba a decir Misa, usando pedacitos de pan [para la comunión]”, explicó el P. Robert Ayala, de 31 años de edad, aunque añade que no se acuerda de estos eventos.

Asistió al Miami-Dade Community College y estudió para ser empresario, pero explicó que esto no lo satisfacía. El adolescente Ayala participó en el movimiento Encuentros Juveniles durante ocho años. Antes de una reunión de preparación para uno de los Encuentros, uno de sus amigos saltó desde la parte posterior del camión de Ayala, y murió instantáneamente.

“Oí la voz de Dios diciéndome: ‘La vida es corta; lo que quieras hacer, hazlo ahora’”, recuerda el P. Ayala. “Encontré que la fascinación del sacerdocio me estaba llamando de nuevo”, agregó. Los padres y la hermana de su amigo fallecido asistieron a su ordenación.

El P. Ayala servirá en la parroquia Corpus Christi, donde realizó su año pastoral; es la parroquia que él llama “su segunda casa”.

Su madre, Mary Ayala, expresó su orgullo y su felicidad por la ordenación de su hijo.

“Me siento más contenta que el día que nació”, indicó Mary Ayala. “Cuando nació, hubo unos momentos difíciles, y ahora veo por qué Dios me lo puso en mi matriz”, añadió. “Yo también fui escogida. Después de que Dios me lo entregó, yo se lo tengo que entregar a Dios”.