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El
infortunado caso de “Lucky Number Slevin”

ACI / Redacción
Una película a caballo entre el “cine negro” de los años 50 y
las comedias violentas de los 90, Lucky Number Slevin
(“El caso Slevin”) es una película esquizoide: por un lado, un
guión bastante inteligente, con un giro inesperado y catártico,
la hace atractiva e interesante de seguir, mientras que la
maldad de los personajes, los odios y el móvil último de la
trama (la venganza) no dejan de despertar una constante
sensación de desagrado ante la total oscuridad moral de la trama.
La historia narra la vida de Slevin, un muchacho sin suerte cuya
existencia parece vagar sin rumbo y sentido, aunque él sabe
tomarla con un sorprendente desprendimiento. En un intento de
desconectarse de todo y salir de Los Ángeles una temporada,
Slevin toma prestado el apartamento de su amigo Nick Fisher en
Nueva York. Sin embargo, los dos mafiosos más temidos de la gran
ciudad –”El Rabino” y “El Jefe”–, enemigos acérrimos el uno del
otro, la emprenden contra el infortunado Slevin, y todo por un
caso de aparente confusión de identidades que lo convierte en un
peón involuntario del temido asesino a sueldo Goodkat, quien se
propone obligar a un jugador que le aportaba mucho dinero al
“Jefe” a matar al hijo del “Rabino”. Pero, ¿será Slevin el manso
peón que todos esperan?
Según el episcopado estadounidense, la motivación de la película,
que es la simple venganza, “impide cualquier recomendación”, por
lo que su calificación es de cero: “moralmente ofensiva”.
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Dirección:
Paul McGuigan.
Producción:
Anthony Rhulen, Tyler Mitchell, Kia Jam, Christopher
Eberts, Chris Roberts.
Guión:
Jason Smilovic.
Elenco:
Josh Hartnett, Bruce Willis, Morgan Freeman, Kevin
Chamberlin. |
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