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“Por
Amor a Cristo” reúne a feligreses en Seminario de Acción
Cristiana
Max Barbosa
Especial para La Voz Católica
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Feligreses de las parroquias St. Agatha, Madre de Cristo, Santa
Bárbara y San Juan Bosco. |
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Mons. Emilio Vallina ha sido semilla en tierra fértil, sal que
alimenta los corazones, pan nuestro de cada día en su Parroquia
San Juan Bosco, donde legó la corresponsabilidad cristiana como
estilo de vida. De ahí que el Ministerio “Por Amor a Cristo”
reuniera en dicha iglesia a feligreses de Santa Bárbara, Madre
de Cristo y St. Agatha para celebrar el Seminario de Acción
Cristiana, segundo nivel, los días 10 y 11 del mes de mayo.
El programa se cumplió a cabalidad debido, entre otras actitudes
positivas, al entusiasmo y organización que siempre prevalecen
en San Juan Bosco. Los integrantes del Ministerio se comportaron
como estudiantes que asisten a clase por primera vez: receptivos
ante las nuevas noticias.
Durante el encuentro, los asistentes recibieron información
sobre temáticas relacionadas con el convulso contexto socio-político-cultural
que nos envuelve, a partir de lecturas y análisis bíblicos. Por
supuesto, el precepto de amarnos los unos a los otros prevaleció
en cada conferencia.
Los seminarios que promueve el Ministerio “Por Amor a Cristo” se
destacan por la singularidad de sus oradores; laicos
comprometidos en promover la palabra del Evangelio a la luz de
los hechos que ellos mismos han experimentado como seres humanos.
Es decir, tropezaron con la misma piedra en frecuentes ocasiones,
hasta encontrar el motivo que enaltece sus vidas: Nuestro Señor
y, por extensión, la Iglesia.
Luis Rodríguez habló de Dios y la creación: el mundo, el hombre
y sus circunstancias; ésas que son capaces de provocar
desalientos. Paulino Martínez se refirió a la corresponsabilidad
cristiana en cuanto cualidad esencial para propagar el amor, así
como a compartir los bienes con aquellos que más los necesitan.
Angel Tinoco escogió un tema apasionante para él: talento para
dedicárselo al Señor de muchas maneras, según las posibilidades
de cada persona, y la importancia de cuidar el cuerpo por ser
imagen y semejanza del Creador. César Coronado enfatizó la
importancia del tiempo en función de la iglesia, no sólo en la
Misa dominical, y explicó, posteriormente, cómo en el diario
vivir el amor a otros puede expandirse. Rodolfo Lang y Carlos
Oramas finalizaron la exposiciones. Lang relató vivencias
personales con respecto a Dios; Oramas denominó “Conversión, un
camino hacia la luz”, esta meditación, concluyendo que “cuando
conocemos a Cristo es inevitable seguirlo”.
Entonces comenzaron los testimonios, entre otros:
-
Gilma García. En un período de cuarenta días murieron dos de
sus hermanos y un sobrino. Ella pertenece al Ministerio de
Enseñanza Bíblica en San Juan Bosco. “ Pensé: ¡qué puedo
enseñar si soy tan débil! La fe me hizo recuperarme”.
-
Vicky Oramas. Cuidó a su hermana hasta que falleció, y ahora
atiende a Carlos, su esposo. “Creo que ésta es mi misión,
pero rezo con alegría siempre”.
-
Guillermo Jaén. Se define como “mariano mil por mil”. Dirige
el Ministerio del Santo Rosario, aunque “estoy donde me
necesiten, porque no sé decirle no a María”.
-
Luis Escobar. Mons. Vallina le pidió que asumiera la
dirección del Ministerio “Por Amor a Cristo”. “Desde ese
momento llené mi tanque de gasolina espiritual”.
-
José Félix de La Rocha. Iba a la iglesia, exclusivamente,
los domingos. “Me encontraba en un desierto espiritual hasta
que me integré a este Ministerio”.
-
Lucero Contreras. Abogó por la unión de los diferentes
ministerios, porque “somos herramientas en manos de Dios”.
-
Bertilia González y Alfonso Arango. Ambos coincidieron en el
poder de la oración. “Por eso Dios viene de arriba con los
brazos abiertos”.
-
Rudy Toledo. No concibe caminar sin el Señor: “El amor de
Dios nos hace andar”.
-
Luz Ramírez. Recomendó orar con optimismo, haciéndole honor
a su nombre. “Debemos tener un fósforo en la mano para dar
luz”.
El Ministerio “Por Amor a Cristo” promueve la corresponsabilidad
cristiana mediante la vinculación del laicado con la parroquia;
pertenece al vasto horizonte que se observa como resultado del
Concilio Vaticano II, horizonte que fue posible palparlo durante
el Pentecostés del año 1998, cuando el Papa Juan Pablo II
celebró el primer encuentro con los miembros de nuevos
movimientos y comunidades eclesiales. Ocho años después, también
en Pentecostés, Benedicto XVI reunió a más de 400,000 personas y
cien nuevas organizaciones. En la Plaza de San Pedro proclamó:
“La multiformidad y la unidad son inseparables. El Espíritu
Santo quiere vuestra multiformidad, y os quiere para el único
cuerpo, en la unión con los órdenes duraderos –las junturas– de
la Iglesia con los sucesores de los apóstoles, y con el sucesor
de San Pedro”.
Reportero independiente
mailto:maxart1@juno.com
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