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El Espíritu Santo
es don para la vida y libertad auténticas

ACI
Durante la Vigilia de Pentecostés celebrada en la tarde del 3 de
junio en una Plaza de San Pedro llena de colorido y colmada de
peregrinos, el Papa Benedicto XVI dijo a los Movimientos
Eclesiales y las Nuevas Comunidades que el Espíritu Santo es un
don para la vida, la libertad y la unidad auténticas.
Luego de un programa previo de animación que dispuso
espiritualmente a los miles de presentes, el Santo Padre
presidió la liturgia solemne de las Vísperas, en la que señaló
que “Pentecostés es esto: Jesús, y por Él Dios mismo viene a
nosotros y nos lleva dentro de Sí”.
En su alocución, el pontífice destacó que “el Espíritu Santo, a
través del cual Dios viene a nosotros, nos trae la vida y
libertad”. Desarrollando el tema de la vida auténtica, el Papa
dijo creer que “la gran mayoría de las personas tiene el mismo
concepto de vida del hijo pródigo en el Evangelio. Él había
pedido su patrimonio y ahora se sentía libre, podía finalmente
vivir sin el peso de los deberes de casa, quería solamente vivir.
Tener de la vida todo aquello que ésta puede ofrecer. Gozar
plenamente, vivir, sólo vivir; estar en la abundancia de la vida
y no perder nada de aquello que de precioso puede ofrecer”.
Sin embargo, prosiguió, “la vida se encuentra sólo donándola”.
Al respecto, el Papa señaló que los Movimientos “han nacido
justamente de la sed de la vida verdadera. Son Movimientos para
la vida bajo todo aspecto. Si queremos proteger la vida,
entonces tenemos sobre todo que reencontrar la fuente de la vida”.
Escuelas de auténtica libertad
Al abordar el tema de la libertad, el Santo Padre dijo que “ser
libre significa, en la visión del hijo pródigo, poder hacer todo
aquello que quiero, no deber aceptar ningún criterio fuera de mí
mismo. Seguir solamente mi deseo y mi voluntad. Quien vive así,
rápidamente se encontrará con otro que quiere vivir del mismo
modo. La consecuencia necesaria de este concepto egoísta de
libertad es la violencia, la destrucción de la libertad y de la
vida”.
Más adelante, el pontífice unió el concepto de la libertad con
el de la responsabilidad. “La verdadera libertad se demuestra en
la responsabilidad, en un modo de actuar que asume sobre sí la
corresponsabilidad por el mundo, por sí mismo y por los otros”.
Sobre el particular, indicó que “los movimientos eclesiales
quieren y deben ser escuelas de libertad, de esta libertad
verdadera. Nosotros deseamos la libertad verdadera y grande, la
libertad de los hijos de Dios”.
La trilogía fue completada por el Papa con el tema de la unidad,
afirmando que “el Espíritu Santo quiere la unidad, quiere la
totalidad. Por ello su presencia se demuestra sobre todo en el
impulso misionero. Quien ha encontrado algo de verdadero, bello
y bueno en la propia vida, corre a compartirlo donde sea, en
familia y en el trabajo. Lo hace sin temor, porque sabe haber
recibido la adopción de hijo, sin ninguna presunción, porque
todo es don”.
“Pongo las intenciones de vuestros movimientos y comunidades en
el corazón de la Santísima Virgen María, presente en el Cenáculo
junto a los Apóstoles; que sea Ella quien los ayude en vuestra
acción concreta. Sobre vosotros invoco la efusión de los dones
del Espíritu, para que también en este nuestro tiempo se pueda
tener la experiencia de un renovado Pentecostés”, concluyó el
Papa.
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