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2 de julio de 2006
13er.
Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Lectura del Evangelio según san Marcos 5:21-43
En aquel tiempo Jesús atravesó el lago en la barca y de nuevo se
juntó mucha gente alrededor de él en la orilla. Llegó entonces
uno de los jefes de la sinagoga, que se llamaba Jairo y, cuando
vio a Jesús, se postró a sus pies. Le rogaba: “Mi hija está
agonizando; ven, pon tus manos sobre ella para que se sane y
viva”. Jesús se fue con Jairo en medio de un gentío que lo
apretaba. Se encontraba allí una mujer que estaba padeciendo
durante doce años de una hemorragia… y pensaba: “Si logro tocar
aunque sea su ropa, sanaré”. Al momento cesó la hemorragia…
Jesús se dio cuenta del poder que había salido de él y, dándose
vuelta, preguntó: “¿Quién me tocó el manto?” Sus discípulos le
contestaron: “Estás viendo que la gente te aprieta, y preguntas:
¿Quién me ha tocado?” Pero él seguía mirando a su alrededor para
saber. Entonces la mujer, que sabía muy bien lo ocurrido,
asustada y temblando, se postró ante él… Jesús le dijo: “Hija,
tu fe te ha salvado, vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.
Jesús estaba todavía hablando cuando se acercaron algunos de la
casa del jefe de la sinagoga, diciendo: “Tu hija ya murió, ¿para
qué molestas ahora al Maestro?”… Jesús … dijo al jefe de la
sinagoga: “No tengas miedo, solamente ten fe”… Cuando llegaron a
la casa… Jesús les dijo: “¿Por qué esta bulla?, la niña no ha
muerto sino que duerme”… Tomando la mano de la niña, le dijo:
“Talitá kum”, que quiere decir: “Niña, a ti te lo digo,
levántate”. Y ella se levantó al instante y empezó a corretear,
pues tenía unos doce años. Había que ver el estupor que esto
produjo. Pero Jesús les ordenó severamente que no lo contaran a
nadie, y además mandó que dieran de comer a la niña.
Comentario breve:
Aunque el Evangelio según Marcos es el más corto de los cuatro,
contiene detalles fascinantes. Por ejemplo, la lectura de hoy
narra dos milagros que destacan un número común: la edad de la
niña y los años en que la mujer padeció de una hemorragia. El
número doce nos recuerda a las doce tribus de Israel y a los
doce apóstoles. Estos dos milagros muestran que Jesús tiene
poder sobre la enfermedad y, más aun, sobre la muerte. También
resaltan la importancia de la fe y el contacto físico. Jairo era
el jefe de una sinagoga y, al parecer, tenía fe en Jesús. Su fe
tendría que ser lo suficientemente fuerte para creer no sólo en
la posible sanación de su hija, sino también en su vuelta a la
vida. Podemos contrastar la fe de Jairo con la falta de fe de la
muchedumbre.
Por el camino, Jesús sintió el toque de una mujer
y el poder sanador que había salido de él. Aunque la Ley judía
consideraba a las mujeres con flujo como impuras, Jesús no
reparó en hacer el encuentro público.
Tres ideas importantes de
la lectura:
-
No hay que temer. Lo que se necesita es
confianza en Dios quien puede dar vida aún después de la
muerte.
-
Jairo y la mujer tuvieron que superar sus
miedos para acercarse a Jesús. El contacto físico es parte
importante de la sanación.
-
Jesús muestra su humanidad y compasión al
pedir que le den de comer a la niña.
Para la reflexión:
-
¿Permito que otros me “toquen” y “toco” yo a
otros? (Contacto físico o espiritual).
-
¿A
qué le tengo miedo? ¿En que áreas necesito confiar más?
9 de julio de
2006
14o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo
B)
Lectura del Evangelio según san Marcos 6:1-6
En aquel tiempo, volvió Jesús a su tierra* acompañado de sus
discípulos. Cuando llegó el sábado, se puso a enseñar en la
sinagoga y mucha gente lo escuchó con asombro. Se preguntaban:
“¿De dónde le viene todo esto? ¿Qué pensar de su sabiduría? ¿Y
cómo explicar este poder milagroso que tiene en sus manos? ¿No
es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de
Santiago, José, Judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven aquí
entre nosotros?” Y no creían en él, todo lo contrario. Jesús les
dijo: “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, en su
barrio y en su familia”. Y no pudo hacer allí ningún milagro. A
lo más, sanó unos pocos enfermos poniéndoles sus manos sobre la
cabeza; y se admiraba al ver que no tenían fe. E iba predicando
por todos los pueblos de esta región.
*Nazaret
Comentario breve:
San Marcos desea que sus lectores conozcan desde un principio
las hazañas y el poder de Jesús. En los primeros cinco capítulos
de este evangelio, ya Jesús ha demostrado poder sobre los
demonios, sobre las fuerzas de la naturaleza, las enfermedades y
aún la muerte. Estas manifestaciones debían haber aumentado la
fe de sus seguidores; sin embargo, el capítulo que comienza hoy
nos habla de la falta de fe de sus paisanos y amigos. Es tal la
falta de fe, que el Señor no puede hacer ningún milagro en su
propia tierra.
El evangelio de la semana pasada animaba a los discípulos a no
tener miedo y a confiar más en Dios. Hoy vemos a Jesús
desanimado ante las dudas y la falta de fe.
Tres ideas importantes de
la lectura:
-
Según la costumbre judía, la palabra
“hermanos” podría referirse a primos, familiares,
medios-hermanos, etc. El propósito de Marcos no era
establecer el número o los nombres de los miembros de la
familia de Jesús, sino dejar claro que en su propio pueblo y
entre sus amigos no encontró la fe.
-
Jesús se compara con los antiguos profetas
judíos a quienes el pueblo rechazaba.
-
La humildad y la sencillez de sus orígenes,
hace que los habitantes de Nazaret rechacen a Jesús. ¡Este
es el reto de la Encarnación: verdadero Dios y verdadero
hombre!
Para la reflexión:
-
¿Es mi fe lo suficientemente fuerte que le permita a Jesús
actuar como él quiera?
-
¿Juzgo a los demás de acuerdo con sus
orígenes, familias, posición social, etc.? ¿Creo que una
persona sencilla puede tener gran sabiduría? Explique.
16 de julio de
2006
15º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Lectura del Evangelio según san Marcos 6:7-13
En aquel tiempo,
reunió Jesús a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,
dándoles poder sobre los espíritus malos. Les ordenó que no
llevaran nada para el camino fuera de un bastón: ni pan, ni
morral, ni dinero; que fueran con calzado corriente y con un
solo manto. Y les decía: “Quédense en la primera casa en que les
den alojamiento, hasta que se vayan de ese pueblo. Si en algún
lugar no los reciben y no los escuchan, dejen a esa gente y
sacudan el polvo de sus pies como protesta contra ellos”. Fueron
a predicar invitando a la conversión. Echaban a muchos espíritus
malos, y sanaban a numerosos enfermos con una unción de aceite.
Comentario breve:
Después de haber sido rechazado y ridiculizado en Nazaret, Jesús
continúa predicando en otros lugares. En el evangelio de hoy,
Jesús envía a los Doce a la misión con órdenes muy precisas.
Estas recomendaciones nos recuerdan las que fueron dadas por
Yahvé a los israelitas antes de la huída de Egipto. La idea de
viajar “ligeros de equipaje”, lejos de ser una carga, nos alivia
para la jornada. Es mejor caminar por el desierto sin mucho
peso, pero con una gran confianza en el Señor.
Sabemos que Marcos escribió su evangelio alrededor del año 70
d.C. en tiempos de persecución y rechazo por parte de judíos y
romanos. El Evangelio animaba a los cristianos a confiar
plenamente en el cuidado y la providencia de Dios.
Tres ideas importantes de
la lectura:
-
Los discípulos no deben poner su confianza en “lo que llevan”
con ellos para la misión, sino en el Señor a “quien”
proclaman. Deben ir “ligeros de equipaje”
-
No
perdamos tiempo en convencer a los que no aceptan el mensaje
ni de tomar represalias contra los reacios a escucharnos. La
misión es urgente y los evangelizadores deben seguir su
camino.
-
Jesús y sus seguidores vivieron al margen de la sociedad,
siempre expuestos al rechazo y al desprecio.
Para la reflexión:
-
¿Recibo en mi vida a las personas que viven
al margen de la sociedad? ¿Se alejan de mí sacudiendo el
polvo de sus sandalias porque no les doy la bienvenida?
Explique.
-
¿Pongo mi confianza en el “equipaje” que he acumulado toda
mi vida (estudios, conocimientos, etc.), en lugar de viajar
ligero confiando en Dios?
23 de julio de 2006
16o
Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Lectura del Evangelio según san Marcos 6:30-34 En aquel
tiempo, al volver los apóstoles donde estaba Jesús, le contaron
todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Entonces él
les dijo: “Vamos aparte a un lugar tranquilo para descansar un
poco”. Porque eran tantos los que iban y venían que no les
quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron solos en una barca a
un lugar despoblado. Pero la gente, al verlos partir, adivinó
hacia dónde iban. Y salieron por tierra de todos los pueblos,
con tanta prisa que llegaron antes que ellos. Al bajar Jesús de
la barca, vio todo ese pueblo y sintió compasión de ellos, pues
eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles largamente.
Comentario breve:
Esta sección en el Evangelio de Marcos es conocida como la
“sección de los panes”. Los versículos que leemos hoy nos
preparan para la narración de la multiplicción de los panes.
Aunque los discípulos estaban cansados y Jesús quería darles un
rato de descanso con él, no lo consigue. Jesús interrumpe el
prometido tiempo libre para atender a las necesidades del pueblo
que no le dejaban tiempo ni para comer. Nos dice Marcos que
Jesús sintió compasión porque eran “como ovejas sin pastor”.
Esto nos recuerda la imagen del Buen Pastor de Ezequiel 34:15.
Jesús es el pastor de la nueva Israel, el pueblo nuevo de Dios.
Al continuar el relato, Marcos presenta a Jesús como el Mesías
que calma el hambre física y espiritual de todo ser humano. Esta
escena nos recuerda cómo Yahvé alimentó al pueblo de Israel con
el maná que bajó del cielo cuando sufrían hambre en el desierto.
Tres ideas importantes de
la lectura:
-
Jesús reveló la increíble compasión y providencia de Dios.
-
Nosotros, como Iglesia, somos iguales a la muchedumbre del
evangelio: siempre buscando y encontrando a Jesús entre
nosotros.
-
Jesús nos enseñó las cualidades que todo líder debe poseer.
Para la reflexión:
-
¿Cómo
reacciono cuando mis hijos, familiares o amigos interrrumpen
mi descanso? ¿Qué sentimientos les muestro?
-
Cuando veo a alguien necesitado, ¿salgo de mi “comodidad”
para ayudarle? Explique.
30 de julio de 2006
17o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo
B)
Lectura del Evangelio según san Juan 6:1-15
En aquel tiempo, Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea,
cerca de Tiberíades. Lo acompañaba muchísima gente a causa de
las señales milagrosas que lo veían hacer en los enfermos. Jesús
subió a un cerro y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba
la Pascua, fiesta de los judíos. Jesús, levantando los ojos, vio
todo ese pueblo que estaba subiendo hacia él, y dijo a Felipe:
“¿Dónde podremos conseguir pan para que coman?” Esto lo decía
Jesús par ponerlo a prueba, porque él sabía bien lo que iba a
hacer. Felipe respondió: “Doscientas monedas de plata no
alcanzarían para dar a cada uno un pedazo de pan”. Otro
discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: “Aquí hay un
muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero ¿qué
es esto para tanta gente?” Jesús les dijo: “Hagan que se sienten
los hombres”. Pues había mucho pasto en este lugar. Se sentaron
entonces los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús
tomó los panes, dio gracias y los repartió a todos los que
estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos
recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús
dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran para que
no se pierda nada”. Y llenaron doce canastos con los pedazos que
sobraron de los cinco panes de cebada. Al ver la señal que hizo
Jesús, los hombres decían: “Este es ciertamente el profeta que
ha de venir al mundo”. Pero cuando Jesús vio que querían tomarlo
por la fuerza para proclamarlo rey, huyó de nuevo solo a la
montaña.
Comentario breve:
El milagro de la multiplicación de los panes es el único que
aparece en los cuatro evaneglios. La razón principal es que se
ve como una anticipación de la Última Cena y de la celebración
de la Eucaristía. La lectura contiene gestos realizados por
Jesús que hoy asociamos con la Eucaristía: “Tomó el pan, dió
gracias, y lo repartió”. En la última cena, Jesús compartió con
sus amigos el “Pan de Vida”; en esta escena, instruye a sus
discípulos a que ellos alimenten a la multitud. Cuando Juan
escribió su Evangelio (90-100 d.C.), el gesto de Jesús
alimentando a la multitud tenía un doble mensaje: 1) La
Eucaristía era una fuente inagotable de alimento; 2) los líderes
de las comunidades tenían la responsabilidad de alimentar al
pueblo, especialmente con la prédica y la Eucaristía.
Este ritual también nos recuerda que, en el Padre Nuestro,
rogamos a Dios que nos de lo que necesitamos para poder seguir
trabajando por el Reino. Nosotros también somos enviados hoy a
alimentar a los que tienen hambre corporal y espiritual
Tres ideas importantes de
la lectura:
-
Todo pan que se
comparte solidariamente se multiplica por el poder de Dios.
-
Jesús tenía una confianza total en Dios, y por eso ordenó
repartir los escasos alimentos.
-
Este milagro refleja la fe de los judíos en un Dios
providencial. La diferencia es que Jesús no permite que los
discípulos simplemente “observen”, sino que los hace
participar.
Para la reflexión:
-
¿Comparto
de lo que tengo con los hambrientos? Explique.
-
¿Cómo
ayudo a satisfacer la sed y el hambre espiritual que tantos
sufren hoy?
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