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Por fin: ¡He aquí la iglesia!

Poniendo fin a demoras y dificultades, la Parroquia St. Mark inaugura su nueva iglesia

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

Edificio recién construido de la iglesia St. Mark. El campanario se eleva a 120 pies. Fotos: Ana Rodríguez-Soto/TFC

“¡Por fin!”

Con esta frase, el Arzobispo John C. Favalora resumió los sentimientos de las 4,800 familias que integran la Parroquia St. Mark, en la ceremonia de dedicación de su nueva y majestuosa iglesia, el 21 de mayo.

“Hicieron falta 46 años para edificar el templo de Jerusalén. A nosotros no nos tomó tanto”, dijo el Arzobispo.

En realidad, 40 años menos. Pero, desde la planificación hasta la dedicación, la construcción de la iglesia de St. Mark tomó más tiempo que el promedio de este tipo de proyectos. La primera piedra se puso el 29 de septiembre de 2002, y las reuniones de planificación arquitectónica habían comenzado más de un año antes.

Christian González, de cinco años de edad, abraza al P. Edmund Whyte después de la ceremonia de dedicación de la nueva iglesia. Con él están Alexandra Forry, de cuatro años, y Waldy González.

“Mucha agua ha pasado bajo el puente”, reconoció el P. Edmond Whyte, párroco de St. Mark. “En cierto sentido, ha sido una temporada de prueba, pero también una temporada de gracia”.

Las trágicas muertes del gerente del proyecto, Jim McElroy, y del contratista general, Vincent Perini, fueron la causa principal de casi todas las demoras en la edificación de la amplia estructura octagonal, que se levanta 80 pies en su centro, y dotada de un campanario de 120 pies de altura.

En determinado momento, la comisión de construcciones de la Arquidiócesis se hizo cargo del proyecto, encabezado por su director, Bob Brown, y su director adjunto, James Detrick.

De hecho, bromeó el P. Whyte, los tres estuvieron considerando establecer su propia empresa de construcción: “Brown, Detrick and Whyte”.

Y en efecto, el P. Whyte podría muy bien dedicarse a contratista general de obras, aprovechando no sólo su experiencia en St. Mark. Ésta es la tercera edificación de una iglesia que el sacerdote de 68 años ha supervisado. También presidió la construcción de la iglesia St. Justin Martyr, de Cayo Largo, de la que fue párroco fundador, y de la iglesia Our Lady of the Lakes, de Miami Lakes.

Interior de la nueva iglesia St. Mark. Debajo de la imagen de Cristo crucificado están los concelebrantes de la misa inaugural, entre ellos el Arzobispo John C. Favalora.

Las demoras en la construcción elevaron el costo final de St. Mark a $15 millones, dijo el P. Whyte. Pero el resultado, señalaron quienes tomaron parte en la liturgia de dedicación, valió ese precio.

“Dios mío, es espectacular”, exclamó la feligresa Waldy González. “Es sobrecogedora… Una gran bendición. El P. Whyte ha hecho una obra espectacular”.

Mike Smith, director del proyecto de St. Mark, dijo que al conducir a lo largo de Flamingo Road la noche antes de la dedicación, con la iglesia iluminada, vio cómo “el tráfico disminuía de velocidad para contemplar los vitrales”.

La cúpula de St. Mark, en efecto, fue concebida para servir de referencia a quienes transitan por la zona. Tiene la forma de un faro octagonal cuyos ventanales filtran la luz en todas direcciones.

La iglesia tiene la misma forma de su cúpula, sostenida por sólidas columnas interiores realizadas en un estilo románico de concepción moderna.

El arquitecto, Peter Kosinski, describió el diseño como “la realización contemporánea de una concepción muy clásica”.

“Sigue las directrices litúrgicas del Concilio [Vaticano Segundo], para que la mayor cantidad posible de miembros de la congregación se encuentre lo más cerca posible del celebrante”, dijo Kosinski, cuya firma se especializa en iglesias, habiendo construido más de 100 en todo el país.

La iglesia tiene capacidad para 1,500 personas sentadas, y para otras 500 de pie.

Tanto el Arzobispo Favalora como el P. Whyte, sin embargo, le recordaron a la congregación que la Iglesia es más que un edificio: es el pueblo de Dios reunido para rendirle culto al Señor.

“Hemos esperado tanto”, dijo Norma Martínez, feligresa de St. Mark desde hace 15 años. “Ahora se inicia un nuevo capítulo, y va a estar lleno de bendiciones”.