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Presentar la Iglesia a los jóvenes como amiga,
no como obstáculo
ACI
Educar a los jóvenes en la fe católica es una tarea cada vez más
difícil pero urgente, dijo el Papa Benedicto XVI el lunes 6 de
junio por la tarde en la Basílica de San Juan de Letrán, al
inaugurar el Congreso Eclesial de Roma, que se celebra del 5 al
8 de junio.
Dirigiéndose a los participantes del congreso, titulado “La
alegría de la fe y la educación de las nuevas generaciones”, el
pontífice señaló que “educar a las nuevas generaciones en la fe
es una tarea grande y fundamental, a la que está llamada toda la
comunidad cristiana”, y que, por ser “especialmente difícil, es
más urgente que nunca”.
“La certeza y la alegría de ser amados por Dios debe hacerse en
cualquier modo palpable y concreta en cada uno de nosotros, y
sobre todo en las jóvenes generaciones que están entrando en el
mundo de la fe”, agregó.
El Santo Padre señaló que es necesario que las nuevas
generaciones experimenten que la Iglesia, como “una compañía de
amigos de la que se pueden fiar realmente, cercana en todos los
momentos y circunstancias de la vida,… no nos abandonará nunca,
ni siquiera en la hora de la muerte, porque lleva consigo la
promesa de la eternidad”.
Los jóvenes y adolescentes, continuó, “tienen que ser liberados
del prejuicio difundido de que el cristianismo, con sus
mandamientos y sus prohibiciones, pone demasiados obstáculos a
la alegría del amor”; en particular, del prejuicio de que el
cristianismo “impide gustar plenamente de aquella felicidad que
el hombre y la mujer hallan en su amor recíproco”.
“Los diez mandamientos no son una serie de noes, sino un
gran sí al amor y a la vida. El amor humano”, continuó Su
Santidad, “necesita ser purificado, madurar e ir más allá de sí
mismo, para poder ser plenamente humano, para ser principio de
una alegría verdadera y duradera, para responder a aquella
exigencia de eternidad que lleva dentro de sí, y a la que no
puede renunciar sin traicionarse. Éste es el motivo sustancial
por el que el amor entre el hombre y la mujer se realiza
plenamente sólo en el matrimonio”.
Benedicto XVI subrayó que el tema de la verdad “debe ocupar un
espacio central”. Con la fe, dijo, “acogemos y aceptamos aquella
Verdad que nuestra mente no puede comprender hasta el final, y
no puede poseer, y nos permite alcanzar el Misterio en el que
estamos inmersos y encontrar en Dios el sentido definitivo de
nuestra existencia”.
Otra dimensión de la fe, continuó el Papa, “es la de fiarse de
una persona: no de una persona cualquiera, sino de Jesucristo”,
que “llena nuestro corazón, lo dilata y lo colma de alegría,
impulsa nuestra inteligencia hacia horizontes inexplorados,
ofrece a nuestra libertad su punto de referencia decisivo,
librándola de las angustias del egoísmo y haciéndola capaz del
amor auténtico”.
“En la medida en que nos alimentamos de Cristo y nos enamoramos
de Él”, señaló, “nos sentiremos estimulados a llevarle a otros:
la alegría de la fe no la podemos guardar para nosotros mismos,
sino que debemos transmitirla. Esto es especialmente necesario y
urgente ante el extraño olvido de Dios que existe hoy en vastas
partes del mundo, y, en cierta medida, también aquí, en Roma”,
concluyó.
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