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Escuchen el llanto de los inmigrantes por justicia

Declaración de los Obispos de La Florida

Como líderes de la Iglesia Católica de la Florida, tenemos el privilegio de ser testigos del papel vibrante y lleno de fe que tienen los inmigrantes como parte del cuerpo universal de Cristo. A través de toda la Florida, las contribuciones de los inmigrantes a nuestras iglesias, escuelas, comunidades y familias, son una fuente de promesa para todos.

También somos testigos del daño a la dignidad humana y al bienestar común causado por el sistema de inmigración de nuestra nación. Todos los días nuestros ministerios le ofrecen ayuda a gente ansiosa, con miedo, que han sido intimidados y frecuentemente defraudados por su situación inmigratoria. Miles de nuestros feligreses se encuentran separados de su familia inmediata por años y a veces hasta décadas, debido a la acumulación de casos en el programa de reunificación de familias.

Como católicos, nuestra fe nos hace saber que cada uno de nosotros tiene una promesa que mantener ante nuestros hermanos y hermanas inmigrantes: la promesa de trabajar por leyes de inmigración justas que promuevan la familia y el honor de la dignidad humana. Este es el objetivo de la campaña de la Conferencia Episcopal Católica de los Obispos de los Estados Unidos: “Justicia para los inmigrantes: Unidos en la jornada de la esperanza.”

La Reforma de Inmigración no es solamente una decisión o legislación política. Es un tema profundamente moral. Una sociedad justa se mide de acuerdo a cómo ella trata a sus miembros más débiles y vulnerables. Las Escrituras nos enseñan el mandato moral de actuar con justicia hacia los inmigrantes: “Tratarás al extranjero que viva contigo sin diferencia alguna con aquellos que han nacido contigo; lo amarás igual que te amarás a ti mismo, ya que tú también has sido extranjero en la tierra de Egipto”. (Lv 19:33-34.)

Once (11) millones de nuestros hermanos y hermanas en Cristo que viven en este país sin un estado legal de inmigración, incluyendo a casi 850,000 en la Florida, sufren múltiples indignidades: familias divididas, condiciones explotadoras de trabajo, vidas vulnerables al fraude, crimen, discriminación y violencia. Queremos ser claros: no aprobamos la inmigración ilegal. El presente sistema está profundamente roto, separa las familias y facilita la explotación. Necesitamos una reforma de este sistema, que cree avenidas para la inmigración legal, para sacar a la gente fuera de las sombras y darles la oportunidad de disfrutar de la libertad y los derechos individuales en que este país fue fundado. Necesitamos una provisión que ofrezca legalización por méritos. No resolveremos el problema con proposiciones que crean un estado temporal o indefinido, el cual llevará a un estado permanente de segunda clase.

El bienestar común es el principio fundamental y principal de la enseñanza social católica. En esta situación, el bienestar común requiere que las leyes permitan el progreso de los empleadores y trabajadores. Los empleadores necesitan formas legales y adecuadas para el empleo de obreros. Un programa de trabajo temporal podría ayudar a los empleadores a encontrar ayuda adecuada, siempre y cuando este programa tenga límites y garantías adecuadas para proteger tanto a los trabajadores estadounidenses como a los visitantes. Aún más, para prevenir la creación de una sociedad con dos niveles, en la cual los trabajadores visitantes tienen menos derechos y oportunidades que el resto de nuestra comunidad –una condición que hace daño a esos trabajadores y a los trabajadores estadounidenses que compiten por los mismos trabajos–, cualquier programa temporal debería ofrecer un camino para la residencia permanente. También respaldamos los cambios del sistema de inmigración a base de la relación familiar que reduzcan la espera interminable para la reunificación de la familia.

Nos oponemos a propuestas basadas en políticas que no han funcionado y que enfatizan el cumplimiento de las leyes en vez de una reforma. Estas políticas han probado no ser muy efectivas en cuanto al cierre de nuestras fronteras, pero sí son efectivas en desplazar a los pobres que buscan una vida digna para sus familias. Apoyamos las medidas de seguridad en contra de amenazas reales a nuestra paz, en vez de continuar empujando hacia las sombras a los trabajadores que están reforzando y construyendo nuestro país.

El ser indocumentado no debería ser un crimen, y los obispos, el clero, las hermanas religiosas, los feligreses y trabajadores sociales, deberíamos de tener la habilidad de usar nuestra promesa de fe con estos hermanos y hermanas en necesidad sin tener miedo de romper la ley. Nuestra fe en Jesucristo nos mueve a buscar la forma de fomentar un espíritu de solidaridad. Es la fe que transciende las fronteras y nos ayuda a sobrepasar todas las formas de discriminación y violencia para que podamos edificar relaciones que sean justas y con amor.

Les pedimos a las personas de la Florida, y particularmente a todos los católicos de nuestro estado, que se informen con respecto al mandato moral para una reforma justa y comprensiva. Urgimos a todas las personas de bien para que pongan a un lado estos mitos y la falta de información que nos impiden escuchar el llanto por la justicia de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes.

La página de Internet de esta campaña –www.justiceforimmigrants.org– examina estos temas económicos, sociales y políticos, y hace referencia a las Escrituras y a las enseñanzas sociales católicas que nos llaman a actuar.

En esta Cuaresma, recordamos a nuestro Salvador, nacido en la pobreza, cuyos padres eran refugiados en la tierra de Egipto, que exaltó al buen Samaritano y al extranjero, que murió en la cruz por los seres humanos. Cada uno de nosotros, hermanos y hermanas en Cristo, tenemos una misión específica. Llamamos a todos los católicos a que se informen con respecto a estos asuntos visitando la página de Internet que habla de la Justicia para los Inmigrantes, a que oren y actúen hoy para construir el reino de Dios entre nosotros y para nosotros.

22 de marzo de 2006

Arzobispo John C. Favalora
Arquidiócesis de Miami

Obispo Auxiliar Felipe J. Estévez
Arquidiócesis de Miami

Obispo Auxiliar John G. Noonan
Arquidiócesis de Miami

Obispo Thomas G. Wenski
Diócesis de Orlando

Obispo John J. Nevins
Diócesis de Venice

Obispo John H. Ricard, SSJ
Diócesis de Pensacola/Tallahassee

Obispo Robert C. Lynch
Diócesis de St. Petersburg

Obispo Víctor Galeone
Diócesis de St. Agustine

Obispo Gerald M. Barbarito, JCL
Diócesis de Palm Beach