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Junio:
Mes del Sagrado Corazón
Benedicto XVI y la devoción al Corazón de Jesús |
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Todos los papas de los últimos siglos han sido entusiastas
promotores del culto al Corazón de Jesús. No podía ser excepción
S.S. Benedicto XVI.
El 15 de mayo pasado, con ocasión de los cincuenta años de la
encíclica Haurietis aquas, con la que S.S. Pío XII
conmemoró el centenario de la solemnidad litúrgica del Sagrado
Corazón, el papa actual decidió obsequiarnos con una pieza de
magisterio sobre el culto al Corazón de Jesús.
Lo hizo en forma de carta. Escogió como destinatario al P.
Peter-Hans Kolvenbach, S.J., prepósito general de la Compañía de
Jesús, diciendo que lo hacía así porque los jesuitas siempre se
habían mostrado “sumamente activos en la promoción de esta
devoción fundamental”. Quizás también el Papa tenía presente al
jesuita del siglo XVII San Claudio La Colombiere, que tanto
ayudó a Santa Margarita María de Alacoque, la vidente que dio
gran impulso a esta devoción. También habría que recordar a San
Juan Eudes y a tantos otros que contribuyeron a la difusión de
la devoción.
El Papa no menciona a ningún santo concreto en su carta, quizás
para continuar en la línea del Papa Pío XII, que presentó el
culto al Corazón de Jesús no como fruto de revelaciones privadas,
sino como enraizado en la misma revelación bíblica. Benedicto
XVI lo afirma en su estilo cristalino al escribir: “El
fundamento de esta devoción es tan antiguo como el mismo
cristianismo”.
Aunque muchas páginas bíblicas pueden aducirse como referidas al
amor del Corazón de Cristo, hay un episodio privilegiado, el del
costado traspasado de Jesús, del que manó sangre y agua (Cfr. Jn.
19, 34-37). Exhorta el Papa: “Debemos recurrir a este manantial
para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y
experimentar más a fondo Su amor. La mirada al costado
traspasado del Señor nos ayuda a reconocer la multitud de dones
de gracia que de ahí proceden y nos abre a todas las demás
formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto
al Corazón de Jesús”.
El Papa subraya la importancia de este culto con expresiones
bien enfáticas: “Este culto totalmente orientado al amor de Dios
que se sacrifica por nosotros, tiene una importancia
insustituible para nuestra fe y para nuestra vida en el amor. No
puede ser considerado como una forma pasajera de culto o
devoción. La adoración del amor de Dios, que ha encontrado en el
símbolo del corazón traspasado su expresión histórico-devocional,
sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios”.
Impresionan los adjetivos “insustituible” e “imprescindible”.
El Papa llega a decir que “sólo se puede ser cristiano
dirigiendo la mirada a la Cruz de nuestro Redentor, a quien
traspasaron”.
Aunque el fundamento último de este culto se encuentre en la
Sagrada Escritura, no cabe duda de que el desarrollo histórico
se debió a la instrumentalidad de numerosos santos y santas.
Los primeros devotos, por así decir, del Corazón de Jesús,
fueron el apóstol-evangelista San Juan, el predilecto del Señor,
y el apóstol San Pablo, ardiente cantor del Amor divino, santos
neotestamentarios, es decir, bíblicos.
Una vez que la Iglesia comienza a avanzar en su trayectoria
histórica, surgen nuevos devotos y devotas del Corazón de Jesús.
Quien quiera conocer a los grandes hijos e hijas de la Iglesia
que fueron explicitando el contenido del culto al Corazón de
Jesús, puede consultar el Manual del P.
Guillermo
Arias S.J., titulado Un Corazón para siempre. Ahí
aparecen citas textuales de santos de los tiempos patrísticos
que hicieron su contribución a este culto, algunos tan antiguos
como San Justino, y otros tan prestigiosos como los doctores de
la Iglesia San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio y San Juan
Crisóstomo.
En la Edad Media se destacan los escritos de San Anselmo, San
Buenaventura, San Alberto Magno, y de las santas Gertrudis y
Matilde.
Más recientes han sido las contribuciones de los ya mencionados
San Claudio La Colombiere, Santa Margarita María de Alacoque y
San Juan Eudes, a los que habría que añadir a San Pedro Canisio,
a San Franciso de Sales, y a muchos fundadores y fundadoras de
institutos religiosos inspirados en la devoción al Corazón de
Jesús.
Este mes de junio se presta para que hagamos realidad la
aspiración del papa actual: “Deseo que el quincuagésimo
aniversario de la encíclica Haurietis aquas sirva para
estimular en tantos corazones una respuesta cada más fervorosa
al amor del Corazón de Cristo”.
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