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 Junio: Mes del Sagrado Corazón

Benedicto XVI y la devoción al Corazón de Jesús

P. Eduarrdo Barrios, S.J

Todos los papas de los últimos siglos han sido entusiastas promotores del culto al Corazón de Jesús. No podía ser excepción S.S. Benedicto XVI.

El 15 de mayo pasado, con ocasión de los cincuenta años de la encíclica Haurietis aquas, con la que S.S. Pío XII conmemoró el centenario de la solemnidad litúrgica del Sagrado Corazón, el papa actual decidió obsequiarnos con una pieza de magisterio sobre el culto al Corazón de Jesús.

Lo hizo en forma de carta. Escogió como destinatario al P. Peter-Hans Kolvenbach, S.J., prepósito general de la Compañía de Jesús, diciendo que lo hacía así porque los jesuitas siempre se habían mostrado “sumamente activos en la promoción de esta devoción fundamental”. Quizás también el Papa tenía presente al jesuita del siglo XVII San Claudio La Colombiere, que tanto ayudó a Santa Margarita María de Alacoque, la vidente que dio gran impulso a esta devoción. También habría que recordar a San Juan Eudes y a tantos otros que contribuyeron a la difusión de la devoción.

El Papa no menciona a ningún santo concreto en su carta, quizás para continuar en la línea del Papa Pío XII, que presentó el culto al Corazón de Jesús no como fruto de revelaciones privadas, sino como enraizado en la misma revelación bíblica. Benedicto XVI lo afirma en su estilo cristalino al escribir: “El fundamento de esta devoción es tan antiguo como el mismo cristianismo”.

Aunque muchas páginas bíblicas pueden aducirse como referidas al amor del Corazón de Cristo, hay un episodio privilegiado, el del costado traspasado de Jesús, del que manó sangre y agua (Cfr. Jn. 19, 34-37). Exhorta el Papa: “Debemos recurrir a este manantial para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo Su amor. La mirada al costado traspasado del Señor nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de ahí proceden y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús”.

El Papa subraya la importancia de este culto con expresiones bien enfáticas: “Este culto totalmente orientado al amor de Dios que se sacrifica por nosotros, tiene una importancia insustituible para nuestra fe y para nuestra vida en el amor. No puede ser considerado como una forma pasajera de culto o devoción. La adoración del amor de Dios, que ha encontrado en el símbolo del corazón traspasado su expresión histórico-devocional, sigue siendo imprescindible para una relación viva con Dios”. Impresionan los adjetivos “insustituible” e “imprescindible”.

El Papa llega a decir que “sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la Cruz de nuestro Redentor, a quien traspasaron”.

Aunque el fundamento último de este culto se encuentre en la Sagrada Escritura, no cabe duda de que el desarrollo histórico se debió a la instrumentalidad de numerosos santos y santas.

Los primeros devotos, por así decir, del Corazón de Jesús, fueron el apóstol-evangelista San Juan, el predilecto del Señor, y el apóstol San Pablo, ardiente cantor del Amor divino, santos neotestamentarios, es decir, bíblicos.

Una vez que la Iglesia comienza a avanzar en su trayectoria histórica, surgen nuevos devotos y devotas del Corazón de Jesús.

Quien quiera conocer a los grandes hijos e hijas de la Iglesia que fueron explicitando el contenido del culto al Corazón de Jesús, puede consultar el Manual del P. Guillermo Arias S.J., titulado Un Corazón para siempre. Ahí aparecen citas textuales de santos de los tiempos patrísticos que hicieron su contribución a este culto, algunos tan antiguos como San Justino, y otros tan prestigiosos como los doctores de la Iglesia San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio y San Juan Crisóstomo.

En la Edad Media se destacan los escritos de San Anselmo, San Buenaventura, San Alberto Magno, y de las santas Gertrudis y Matilde.

Más recientes han sido las contribuciones de los ya mencionados San Claudio La Colombiere, Santa Margarita María de Alacoque y San Juan Eudes, a los que habría que añadir a San Pedro Canisio, a San Franciso de Sales, y a muchos fundadores y fundadoras de institutos religiosos inspirados en la devoción al Corazón de Jesús.

Este mes de junio se presta para que hagamos realidad la aspiración del papa actual: “Deseo que el quincuagésimo aniversario de la encíclica Haurietis aquas sirva para estimular en tantos corazones una respuesta cada más fervorosa al amor del Corazón de Cristo”.

El autor es un sacerdote jesuita
mailto:ebarriossj@aol.com