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Este mundo “está loco”
En días pasados me llevaba un joven amigo a una oficina
ortopédica, donde me estaban hacienda una prótesis para mi
pierna amputada. Hablando con él mientras conducía, y en vista
de que la conversación tenía que interrumpirse para que él
contestara a las llamadas que le hacían al teléfono celular, le
dije: “Creo que este mundo esta loco”.
“Pero yo creo”, me respondió, “que para vivir ahora en este
mundo, hay que estar loco”.
“¡Qué buena respuesta me has dado!”, le contesté. “Escribiré un
artículo sobre esto”.
Sólo en un mundo que se ha vuelto “loco” puede ocurrir, por
ejemplo, que a alguien le presenten una demanda judicial por
hacer el bien. Bromeando sobre esto, le dije al joven: “Trata de
que me hagan bien la prótesis, que por ningún concepto te pondré
una demanda”.
Pero por todas partes hay temor: si hago esto o aquello, me
pueden poner una demanda; si doy de comer a un mendigo y le cae
mal, pueden ponerme una demanda.
Precisamente, estando en la oficina ortopédica, me dijo el joven
cuando pasé al taller: “Aquí el dueño no deja pasar a nadie,
pues si le cae algo de lo que hay arriba en la cabeza, le pueden
poner una demanda”.
Poner demandas injustas no es cristiano, sino que infunde un
temor tal que impide practicar la caridad humana y les quita la
libertad a los hijos de Dios.
“Yo no pongo demandas”, le respondí. “Pero algún familiar o los
abogados pueden ponerla”, me señaló.
“¿Dónde está la libertad de este país?”, dije para mis adentros.
He vivido 25 años como sacerdote en Cuba y reafirmo que el
comunismo es intrínsecamente perverso, como dijo el Papa León
XIII. Pero el capitalismo puede llegar a ser brutal cuando el
dinero es lo único que cuenta. El dinero destruye al hombre; por
el dinero, este mundo está loco, y para vivir en este mundo hay
que estar “loco”, y así ya sólo un loco puede darle de comer a
un mendigo, pues no teme que éste le presente una demanda por
haberle dañado la salud.
Sé de una mujer que recogió a una señora que había sufrido un
accidente, y ésta le puso una demanda a la buena samaritana. ¿No
se pueden cumplir aquí las obras de misericordia que Jesucristo
ha mandado?
En Cuba, la gente está “loca” porque no tiene apenas qué comer,
y aquí la gente está “loca” porque no halla qué plato
seleccionar en el extenso menú de cualquier buen restaurante,
teniendo en cuenta la dieta que el doctor le ha impuesto… Y así,
en el país de las opciones, no hallan qué escoger: están
“locos”.
Unos fumamos, otros comemos demasiado porque estamos ansiosos.
Cierra tus ojos y recuerda las “locuras” cotidianas del hogar,
del trabajo, de las autopistas. Sintoniza el noticiero en el
televisor, y verás cuántas locuras ocurren en este mundo. No hay
paz, a pesar de que tantos la desean. Alguien está conversando
con uno por teléfono, y en lo más interesante de la conversación
nos dice: “Perdón, un momento, que me está entrando una llamada
por la otra línea”… Y se acabó la conversación. Llama uno a
alguien y sale una máquina: “Deje su mensaje y se le contestará
cuanto antes”… Y la contesta no llega nunca.
Este mundo está “loco”: mientras más recursos hay para la
comunicación, menos comunicación. Y eso que, para estar en este
mundo, hay que tener “doble línea”.
También hay que tener computadora para estar al día, aun
sabiendo que el mal uso de la computadora hace pecar al hombre.
¿No sabes que Dios es la “Computadora” más grande, exacta y
perfecta del mundo, y que la puedes encontrar en cualquier lugar,
fácilmente y sin costo alguno? Sólo basta que tú lo quieras.
Los hombres quieren ser como Dios. Se repite lo que el diablo le
dijo a Eva: “Si comen del árbol prohibido serán como Dios, lo
sabrán todo”.
“¿A dónde ir?”, me preguntó el joven. “¡Al cielo!”, le respondí…
Bueno, al cielo sin tener que morirnos todavía, pues “todavía
hay mucha gente buena en este mundo, a pesar de que parece que
las cosas están muy revueltas”, según me decía recientemente, en
una carta, el Obispo Emérito de San Sebastián (España).
Sí, con toda la “gente buena en este mundo”, roguemos a Dios por
la paz y el orden en el mundo entero. Yo, por mi parte, ruego
por que Cuba sea libre, sin hoz y sin martillo. Y doy gracias a
Dios por este país que ha acogido a tantos cubanos y a tantas
personas del mundo entero, pidiendo que Estados Unidos de
América no pierda nunca la libertad de escoger entre lo que está
bien y lo que está mal, sino que ejerza siempre la libertad
propia de los hijos de Dios.
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