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¿Cuántos evangelios hay?
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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El furor creado por El código Da Vinci les ha ofrecido a
los católicos una gran oportunidad para conocer mejor ciertos
aspectos de su fe. ¿Cómo llegamos a tener cuatro evangelios? ¿En
qué consisten los evangelios gnósticos, y qué creían los
gnósticos? ¿Quién fue María Magdalena, y cuál fue su relación
con Jesucristo? ¿Cómo se expresa en la Biblia una verdad sin
necesidad de que sea una verdad literal?
En los próximos meses, me gustaría ocuparme de algunas de estas
preguntas, basándome en una serie de “Conversa-tions” que
sostuve por Radio Peace con el Dr. Emilio Chávez, profesor
asociado de Sagradas Escrituras en el seminario regional St.
Vincent of Paul, de Boynton Beach, y a quien doy las gracias por
permitirme emplear el contenido de dichos programas radiales en
mis columnas.
Comencemos con la primera pregunta. ¿Cómo llegamos a tener
cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan? ¿Es que hay
otros muchos evangelios? Y, si es así, ¿por qué la Iglesia no
los incluyó en su canon (el conjunto de textos religiosos
considerados auténticos y definitivos)?
En efecto, hay otros evangelios, además de los escritos por los
cuatro Evangelistas. Uno de ellos, el “Evangelio de Judas”, fue
recientemente el centro de un documental producido por la
sociedad National Geographic. Otros de entre estos
evangelios son el “Evangelio de Tomás”, el “Libro secreto de
Santiago”, el “Evangelio de María [Magdalena]”, el “Evangelio de
Felipe” y los “Hechos de Pedro”.
Pero todos los académicos concuerdan en que ninguno de estos
evangelios fue escrito antes que el Evangelio de
Marcos,
cuya fecha de composición se sitúa actualmente en el año 65 d.C.,
unos 30 años después de la muerte y resurrección de Jesucristo.
Los Evangelios de Mateo y de Lucas fueron escritos entre los
años 75 d.C. y 85 d.C., y se cree que el Evangelio de Juan se
escribió alrededor del año 95 d.C., aunque algunas
investigaciones recientes sugieren la posibilidad de que hubiera
sido escrito en fecha mucho más temprana, hacia el año 70 d.C.
Se cree que el más antiguo de los evangelios gnósticos es el de
Tomás, y éste se escribió hacia finales del siglo I, entre los
años 95 d.C. y 97 d.C. Se supone que los demás evangelios
gnósticos o apócrifos (ocultos) se escribieron durante el siglo
II o después.
Es muy importante señalar que se conservan muy pocos manuscritos
de estos evangelios alternativos, y que los que poseemos suelen
estar en muy malas condiciones. Los académicos tienen,
literalmente, que “llenar los espacios en blanco” en los textos
dañados, y emplear su imaginación y sus conocimientos para
proponer lo que estos evangelios podrían haber dicho en tales
casos.
En cambio, tenemos muchas copias de los Cuatro Evangelios
contenidos en el canon de la Iglesia. ¿Por qué? Simplemente
porque los evangelios gnósticos o apócrifos no fueron copiados
con frecuencia. Una de las causas de esto podría haber sido que
tales textos nunca fueron reconocidos como “verdad evangélica”
por las comunidades que integraron el núcleo del movimiento
cristiano.
De hecho, la única fuente por la que los académicos han llegado
a saber de la existencia de muchos de estos evangelios
alternativos, consiste en los escritos de los primitivos Padres
de la Iglesia, como Ireneo, que en época tan temprana como el
siglo II ya había calificado de herético el llamado “Evangelio
de Judas”.
En la época en que el emperador Constantino otorgó la libertad
religiosa a los cristianos (año 315), los Cuatro Evangelios que
hoy leemos –Mateo, Marcos, Lucas y Juan– estaban firmemente
establecidos como autorizados y definitivos textos cristianos.
En esta era de la información instantánea, algunos podrían
preguntarse por qué los primeros cristianos necesitaron 30 años
para empezar a escribir los Evangelios. Por la sencilla razón
–les responderíamos– de que el Evangelio se proclamó
inicialmente de viva voz, mediante la predicación.
Y lo que es más importante: aquellos cristianos nunca pensaron
en escribir un “nuevo” Testamento, puesto que, como buenos
judíos que eran, ya tenían su conjunto de Escrituras, a las que
hoy llamamos el Antiguo Testamento.
El mensaje que ellos predicaban –y por el que estuvieron
dispuestos a morir– era que Jesús había venido a dar
cumplimiento a aquellas Escrituras. |