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Nuestra Señora del Carmen:
La que más altares tiene
Unos años antes de morir, Mons. Oscar Arnulfo Romero presidió la
fiesta del Carmen en una parroquia salvadoreña. Al día siguiente,
declaraba: “¡Qué fiesta tan hermosa! Todos rodeando la imagen de
la Virgen en la procesión, rezando y cantando. Era gente
sencilla, muy alejada de esas preocupaciones políticas y
revolucionarias que a tantos preocupan. Yo me decía: ¡Éste es el
verdadero Pueblo de Dios!”
Y el Pueblo de Dios canta: “Es la Virgen del Carmelo/ la que más
altares tiene;/ su sagrado escapulario/ no hay pecho que no lo
lleve”.
Es cierto lo que canta la canción. Es la advocación del Carmen
una de las devociones más populares de la Virgen. En cada
capilla, en cada hogar católico hay alguna imagen o estampa de
la Virgen del Carmen.
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“Nuestra Señora del Carmen”, por Moretto da Brescia (c.
1498-1544). |
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La advocación del Carmen viene del Monte Carmelo. El Carmelo ha
sido siempre un monte sagrado. En el siglo IX antes de Cristo,
Elías lo convirtió en el refugio de la fidelidad al Dios único y
en el lugar de los encuentros entre el Señor y su pueblo (1Reyes
18,39). San Juan de la Cruz convertirá el Monte Carmelo en el
signo del camino hacia Dios.
En 1Reyes 41-47 se nos habla del fin de la sequía. El cielo
estaba cerrado hacía más de tres años: no llovía ni una gota.
Fue entonces cuando Elías mandó a su criado para que se asomara
a ver si veía signos de lluvia. Fue a la séptima vez que el
criado dijo: “ Hay una nube como la palma de un hombre, que sube
del mar”. Y la lluvia fue abundante. En esta historia bíblica el
pueblo cristiano ve a la Virgen. Los Carmelitas han difundido
esta devoción de la Virgen del Carmen.
Los monjes que habitaban el Monte Carmelo se lanzaron por Europa
a principios del siglo XIII. En medio de las persecuciones de
que fueron objeto, San Simón Stock pidió la protección de María.
En respuesta a su oración, el 16 de julio de 1251 se le apareció
la Virgen y le dio el escapulario para la Orden, con la
siguiente promesa: “Éste debe ser un signo y privilegio para ti
y para todos los carmelitas: quien muera con el escapulario no
sufrirá el fuego eterno”.
Desde entonces, el escapulario del Carmen, sustituido también
con la medalla supletoria, se lleva en millones de pechos
cristianos.
Ese escapulario bendito es signo de protección de la Virgen
María para todos los que lo llevan y lo besan con amor.
Es signo de nuestra entrega al amor de la Virgen, a la que nos
confiamos con amor de hijos.
Es signo de nuestra consagración al Corazón de nuestra Madre
celestial. Es signo de la vida cristiana que queremos llevar
para ser dignos hijos de la Virgen.
En 1950 el Papa Pío XII escribió “que el escapulario sea tu
signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, de lo cual
estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan
peligrosos”. Quien usa el escapulario debe ser consciente de su
consagración a la Virgen y debe comportarse como ella, fiel
discípulo de Jesús, a la escucha de la Palabra, atenta a Dios y
a las necesidades humanas. El buen hijo de María, perseverará en
el camino de Jesús hasta el final.
Quien lleva el escapulario ha de comportarse como hijo de María.
El escapulario no es un amuleto, algo mágico. Kilian Lynch,
antiguo General de la Orden, dice: “No lleguemos a la conclusión
de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder
sobrenatural que nos salvará a pesar de lo que hagamos o de
cuanto pequemos… Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar
la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia”.
El primer escapulario debe ser bendecido e impuesto por un
sacerdote con esas palabras: “Recibe este escapulario bendito y
pide a la Virgen Santísima que, por sus méritos, lo lleves sin
ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve
a la vida eterna”. En 1910, a petición de los misioneros en los
países del trópico, donde los escapularios de tela se deterioran
pronto, el Papa Pío X declaró que una persona que ha recibido el
escapulario de tela puede llevar la medalla-escapulario en su
lugar, si tiene razones legítimas para sustituirlo.
El escapulario es un signo de amor que ha de ser llevado con
dignidad, como un fiel discípulo de Jesús e hijo de María, con
el espíritu de esta famosa oración de san Bernardo: “Acuérdate,
oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir, que
ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu
asistencia, y reclamando tu socorro, haya sido abandonado por ti.
Animado con esa confianza, a ti acudo, Madre, la más excelsa de
las vírgenes; a ti vengo, a ti me acerco, yo, pecador contrito.
Madre del Verbo, no desprecies mis palabras, antes bien,
escúchalas y acógelas benignamente. Así sea”.
Director del Centro de Espiritualidad Carmelita.
mailto:eugona46@hotmail.com
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