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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

 

6 de agosto de 2006
Transfiguración del Señor (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 9:2-10 En aquel tiempo, Jesús invitó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos, secretamente, a un cerro muy alto.* Y allí cambió de aspecto delante de ellos. Sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, los cuales conversaban con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Levantemos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. Y se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube** llegaron estas palabras: “Este es mi Hijo amado, escúchenlo”. Y de pronto miraron a su alredor: no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos. Cuando bajaban del cerro les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué sería eso de resucitar de entre los muertos.
*Símbolo del Monte Tabor que establece la conexión entre este evento y la aparición de Dios a Moisés en el Monte Sinaí.
**La nube era el símbolo de la presencia de Dios en el Antiguo Testamento .
 

Comentario breve:
La narración de la Transfiguración aparece en los tres evangelios sinópticos. Es una de las historias más consoladoras del Evangelio de Marcos y confirmaba para sus lectores que Jesús era el Hijo de Dios. La voz de Dios desde la nube repitió la proclamación bautismal acerca de Jesús y añadió otro mandato: “Escúchenlo”. Pedro, Santiago y Juan formaban el círculo íntimo entre los discípulos y fueron también los que Jesús llamó aparte en el Jardín de Getsemaní. La historia nos dice que Pedro pidió permiso para construir tres tiendas con la esperanza de que se pudieran quedar con Jesús en ese maravilloso lugar hasta la llegada del Reino. Fue una reacción muy humana después de experimentar un reflejo de la gloria de Dios. Según Marcos, Jesús sabía que sus discípulos no habían aceptado la necesidad del sufrimiento y de la muerte como requisitos para la resurrección. Por esto les exigió que bajaran de la montaña (de nuevo a la realidad) y que no contaran a nadie lo que habían visto, puesto que aún no lo entendían.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Las palabras de Jesús deben ser escuchadas por ser el Hijo de Dios muy amado.

  • La presencia de Moisés y Elías representan la Ley y los profetas del Antiguo Testamento y ahora son testigos de que todo se cumple en Jesús.

  • Sólo a la luz de la resurrección de Cristo puede entenderse el significado de este suceso.

Para la reflexión:

  1. ¿Soy el tipo de católico que siempre desea estar en la cima de una montaña disfrutando de visiones de gloria?

  2. ¿Creo que Jesús está conmigo en mis sufrimientos? Dé un ejemplo.

 

13 de agosto de 2006
19o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 6:41-51 En aquel tiempo, los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Y decían: “Este Jesús ¿no es acaso el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que bajó del cielo?” Jesús les contestó: “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae mi Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: ‘Y todos se dejarán enseñar por Dios’. Así, todo hombre que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Es que nadie ha visto al Padre fuera del que ha venido de Dios: éste ha visto al Padre. En verdad les digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes, que comieron el maná* en el desierto, murieron. Aquí tienen el pan que bajó del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo”.
*Según la tradición judía, el maná había sido escondido por el profeta Jeremías (2 Macabeos 2:5-8), y se esperaba que aparecería de nuevo en los últimos días durante la Pascua .

Comentario breve:
El capítulo 6 del Evangelio según san Juan gira alrededor del tema de Jesús como pan de vida. (Versículos 1-71). Con el versículo 26 comienza lo que hoy conocemos como el “Discurso”. Este discurso se basa en el texto bíblico que asegura que “Dios les dio a los Israelitas pan del cielo para comer”. (Ver: Ex 16:4, Neh 9:15, Salmos 78:24 y 105:40). Del mismo modo, Jesús alimenta a su pueblo con su propio cuerpo. El concepto más importante del fragmento que leemos hoy es la fe. Las objeciones y las dudas de los discípulos que escuchaban a Jesús iban en aumento. El mensaje se hacía cada vez más difícil de aceptar. En medio de esta situación, Jesús asegura que los que creen tienen ya la vida eterna. La fe es el alimento que nutre a cuantos la aceptan.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El pan de vida es el sigo de un alimento superior que no podemos alcanzar por nosotros mismos. Sólo Dios nos lo puede dar.

  • La revelación de Dios no siempre encuentra buena acogida. A veces las dudas surgen acerca de la persona que trae las buenas noticias; en este caso, Jesús.

  • La sencillez de los orígenes de Jesús causa escándalo. ¿No es acaso el hijo de José? ¡Este es el reto y la grandeza de la Encarnación!

Para la reflexión:

  1. ¿Me siento en comunión con Jesús? ¿Cómo la experimento?

  2. ¿Juzgo a los demás de acuerdo con sus orígenes o apariencias? ¿Creo que un familiar o amigo puede tener gran sabiduría? Explique.

 

20 de agosto de 2006
20º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 6:51-58 En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo”. Los judíos discutían entre ellos. Unos decían: “¿Cómo este hombre va a darnos a comer su carne?” Jesús les contestó: “En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre, y no beben su sangre, no viven de verdad. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive la vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es comida verdadera y mi sangre es bebida verdadera. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí, y yo en él. Como el Padre que vive me envió, y yo vivo por él, así, quien me come a mí tendrá de mí la vida. Este es el pan que bajó del cielo, no como el que comieron los antepasados de ustedes, los cuales murieron. El que coma este pan vivirá para siempre”.

Comentario breve:
La lectura de hoy continúa el relato de las objeciones y las dudas de los discípulos ante las enseñanzas de Jesús. El discurso del “pan de vida” está basado en varias lecturas del Antiguo Testamento que se refieren al “alimento bajado del cielo que satisface el hambre del pueblo y al maná, pan celestial”. (ver Ex 16:4; Neh 9:15; Salmo 78:24; Salmo 105:40). Los versículos del 51 al 58 usan un vocabulario más radical: carne, sangre, comer, alimentarse, beber. En la primera parte del discurso Jesús habló acerca de cómo alimentar a los discípulos que creían. El verbo “creer” se reemplaza aquí por: “a no ser que coman”. Estos versículos hablan claramente del alimento sacramental. Jesús proclamó una comunión misteriosa y real entre su propio Cuerpo y el nuestro. Juan, quien es el único evangelista que no relata la Última Cena, transfirió todo el contenido Eucarístico a este capítulo. Aquí él une los dos elementos esenciales de la Eucaristía cristiana: la palabra (ver 35:47) y el pan (ver 48:59).

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Cuando somos alimentados con la Eucaristía renovamos nuestro compromiso de servir a Cristo en aquellos que sufren hambre física o espiritual.

  • Cuando decimos Amén en la Eucaristía estamos diciéndole sí al cuerpo de Cristo. Esto incluye la presencia real de Cristo en el sacramento, y también en todos los que nos rodean.

  • Los cristianos estamos llamados a participar de lleno en la vida de Cristo. A través de la Eucaristía somos uno con él y con los demás.

Para la reflexión:

  1. ¿Cómo puedo ser alimento para alguien que necesite ayuda esta semana? Dé ejemplos.

  2. Cuando digo Amén al Cuerpo y la Sangre de Cristo, ¿les doy también la bienvenida a los que me caen mal?

 

27 de agosto de 2006
21er
. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Juan 6:60-69 En aquel tiempo, muchos de los que habían seguido a Jesús, al oírlo, dijeron: “¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién puede sufrirlo?” Jesús captó en su mente que sus propios discípulos criticaban su discurso, y les dijo: “Les desconcierta lo que les he dicho. ¿Qué va a ser entonces, cuando vean al Hijo del Hombre subir al lugar donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida, la carne no sirve de nada. Las palabras que les he dicho son espíritu y, por eso, dan vida. Pero hay algunos de ustedes que no creeen”. En efecto, sabía Jesús desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Agregó: “¿No les he dicho que nadie puede venir a mí si mi Padre no le ha concedido esta gracia?” A partir de este momento, muchos de sus discípulos dieron un paso atrás y dejaron de seguirlo. Jesús preguntó a los Doce: “¿Acaso ustedes también quieren dejarme?” Pedro contestó: ”Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.

Comentario breve:
Hoy concluye de un modo dramático el discurso del pan de vida que hemos estado escuchando desde el domingo 17 del Tiempo Ordinario. Esta es la última lectura del Evangelio de Juan antes de seguir de nuevo con el de Marcos que se lee en el Ciclo B del Año Litúrgico. Estos versículos finales resumen todas las críticas hacia Jesús por razón de sus palabras. Hoy, hasta los discípulos tienen su explosión: ¡Este lenguaje es muy duro!” La exigencia de la llamada produce escándalo en los discípulos. No se comprende la Pasión y muerte que Jesús anuncia a los suyos. El final del capítulo nos muestra dos modelos a seguir: Pedro y Judas. Pedro responde, en nombre de los Doce, a la pregunta de Jesús. Jesús es el único y no hay ningún otro que tenga palabras de vida eterna. Aunque Judas no aparece en la lectura de hoy, el Evangelio lo presenta en el versículo 71. Judas permanece en el grupo, pero ya su alma está dividida entre la fidelidad a su Maestro y la oscuridad que lo llevará a traicionarlo.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús es el Pan de Vida para la comunidad cristiana.

  • Los discípulos temen que las palabras radicales de Jesús están alejando a muchos.

  • Jesús sabe bien que sus palabras no son fáciles de comprender, y sobre todo de aceptar, pero es paciente con nosotros.

Para la reflexión:

  1. ¿Me he sentido alguna vez molesto o escandalizado por las palabras de Jesús en los evangelios? Explique.

  2. ¿Qué parte del mensaje de Jesús me cuesta más creer y vivir? Dé ejemplos.