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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

 

3 de septiembre de 2006
22o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 7:1-8,14-15,21-23 Un día se acercaron a Jesús los fariseos, y con ellos venían maestros de la Ley que habían llegado de Jerusalén. Esta gente se fijó que algunos de los discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin lavárselas. De hecho, los fariseos (y todos los judíos), aferrados a la tradición de los mayores, no comen sin haberse lavado cuidadosamente las manos. Y tampoco comen al volver del mercado sin lavarse antes. Y hay muchas otras costumbres que ellos conservan, como la de lavar los vasos, los jarros y las bandejas. Por eso, los fariseos y maestros de la Ley le preguntaron: “¿Por qué tus discípulos no respetan la tradición de los ancianos, sino que comen con las manos impuras?” Jesús les contestó: ”¡Qué bien salvan las apariencias! Con justa razón hablaba de ustedes el profeta Isaías cuando escribía: ‘Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí. Y si alguien se pone a predicar, no son más que mandatos de hombres. Su religión, pues, de nada sirve’. Qué buenos son ustedes para dispensar del mandamiento de Dios y, luego, mantener la tradición de los hombres”. Entonces Jesús volvió a llamar a la gente y les dijo: “Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que entra en el hombre puede hacerlo impuro; lo que lo hace impuro es lo que sale de él”. Y luego explicaba: “Lo que sale del hombre, eso lo hace impuro, pues del corazón del hombre salen las malas intenciones: inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, vida viciosa, envidia, injuria, orgullo y falta de sentido moral. Todo esto sale de dentro y hace al hombre impuro”.
 

Comentario breve:
De nuevo leemos otra confrontación entre Jesús y los fariseos acerca de las tradiciones judías. Jesús se opone abiertamente al formalismo y al legalismo de los fariseos y a convertir la religión en meras prácticas externas. El lavado de las manos era un ritual de purificación entre los judíos, y aunque no aparecía en la ley Mosaica, los fariseos le daban la misma importancia que a las leyes escritas. Las cosas materiales no tienen tanta importancia para la pureza religiosa. Jesús enseña que purificar el corazón es más importante que lavarse las manos. Con sus palabras y acciones, el Señor le abrió las puertas a la igualdad entre judíos y gentiles en el Reino de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús critica a los que guardan la ley sólo en apariencias y que convierten la ley de Dios en preceptos humanos..

  • Todas las maldades salen de dentro de la persona, del corazón.

  • Marcos reta a los líderes religiosos a evaluar cómo están compartiendo las enseñanzas del Maestro que les fueron confiadas.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué me dice esta lectura? ¿Hay alguna ley que guardo sólo externamente? Explique.

  2. ¿Hay algo que sale de mi corazón que me está manchando? ¿Qué puedo hacer para cambiar?

 

10 de septiembre de 2006
23er. Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 7:31-37 En aquel tiempo, los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Y decían: “Este Jesús ¿no es acaso el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice que bajó del cielo?” Jesús les contestó: “No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae mi Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: ‘Y todos se dejarán enseñar por Dios’. Así, todo hombre que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Es que nadie ha visto al Padre fuera del que ha venido de Dios: éste ha visto al Padre. En verdad les digo: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Los antepasados de ustedes, que comieron el maná* en el desierto, murieron. Aquí tienen el pan que bajó del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo”.
*Según la tradición judía, el maná había sido escondido por el profeta Jeremías (2 Macabeos 2:5-8), y se esperaba que aparecería de nuevo en los últimos días durante la Pascua .

Comentario breve:
La historia del sordo-mudo está ligada a la de la sanación de la mujer sirofenicia ya que ambos procedían de la región no judía de Palestina. Los lugares que se mencionan en este texto nos pintan un escenario “pagano” en el que el ministerio sanador de Jesús ya comienza a difundirse. ¡La gente de esas regiones reconocieron su poder! El Evangelio de Marcos, el primero en escribirse, (alrededor de los años 60), tenía como objetivo fortalecer la fe de su comunidad en Jesús como el Hijo de Dios. Con el relato de hoy, Marcos deseaba probar que todas las profecías de Isaías se cumplieron en Jesús: él era el Mesías que vendría a sanar a los ciegos, sordos, y mudos (Is 35:5-6), pero también el Siervo de Dios, quién entregó su vida por los suyos.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • El evangelio comienza a extenderse a territorio pagano donde Jesús hace muchos milagros por la fe de los que le escuchan.

  • Jesús le pide a los discípulos que guarden sus milagros en secreto. No quería que lo siguieran por sus hazañas solamente, sino porque entendían su misión redentora. Esto se conoce como el “secreto mesiánico” en el Evangelio de Marcos.

  • Los milagros son un espejo del amor infinito de Dios por toda la creación.

Para la reflexión:

  1. Los territorios de este pasaje evangélico viven actualmente en estado de Guerra. En su oración diaria incluya una petición por la paz de esta Tierra Santa.

  2. ¿Qué puedo aprender de la forma en que Jesús trató a este extranjero? Explique.

 

17 de septiembre de 2006
24o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 8:27-35 En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino preguntó a éstos: “¿Quién dicen los hombres que yo soy?” Ellos contestaron: “Algunos dicen que eres Juan Bautista; otros, que Elías; otros, que eres alguno de los profetas”. El, entonces, les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le contestó: “Tú eres el Cristo”. Pero Jesús le dijo con firmeza: “no se lo digan a nadie”. Luego comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los notables, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la Ley; que iba a ser condenado a muerte y que resucitará después de tres días. Hablaba con mucha claridad. Debido a eso, Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. En cierto momento Jesús se dio vuelta y vio a sus discípulos. Entonces se puso a reprender a Pedro con estas palabras: “Déjame pasar Satanás. Tú piensas como los hombres y no como Dios”. Luego llamó no solamente a sus discípulos sino que a toda la gente, y les dijo: “Si alguno quiere seguirme que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiere asegurar su vida la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio se salvará”.

Comentario breve:
Hoy vemos un momento crítico en el relato de Marcos de la vida pública de Jesús. La opinión popular era que Jesús era un profeta. Sin embargo, los discípulos, por boca de Pedro, lo reconocen como el Mesías. Jesús acepta que en verdad él es el prometido de Dios, pero les pide que no lo digan a nadie. Los discípulos, al igual que la multitud y los escribas y fariseos, tenían la noción de que el Mesías sería un líder político y religioso que devolvería a Israel la gloria que había disfrutado durante los reinados de David y Salomón. Aunque Pedro creyó en Jesús, no fue capaz de aceptar la revelación de su rol como el Servidor doliente que tenía que sufrir y ser rechazado. Pedro trata de impedirle al Maestro que vaya a Jerusalén.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Para Marcos Jesús es lo mismo que el evangelio.

  • Pedro protestó ante la posibilidad del sufrimiento y la muerte.

  • Jesús les enseñó sobre la inevitabilidad del sufrimiento y la necesidad de aceptarlo con plena confianza en Dios.

Para la reflexión:

  1. ¿Qué espero de Dios? ¿Me gustaría que Dios hiciera lo que yo quiero porque mis planes son “mejores”?

  2. ¿Presto demasiada atención a lo que la gente piensa de mí? ¿Temo las opiniones de los demás?

 

24 de septiembre de 2006
25o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 9:30-37 En aquel tiempo, al salir del cerro, Jesús y los discípulos atravesaron la Galilea sin detenerse. Jesús quería que nadie lo supiera, porque iba enseñando a sus discípulos. Y les decía: “El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres. Lo van a matar; y a los tres días de muerto resucitará”. Pero ellos no entendían lo que les decía y tenían miedo de preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, Jesús les preguntó: “¿Qué venían discutiendo por el camino?” Ellos se quedaron callados, porque habían discutido entre sí cuál era el más importante de todos. Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: “Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos”. Y tomando a un niño, lo puso entre ellos, lo estrechó entre sus brazos y les dijo: “El que recibe a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe no me recibe a mí, sino al que me envió”.

Comentario breve:
Esta es la segunda vez en el Evangelio de Marcos que Jesús anuncia su Pasión y muerte. Al igual que la semana pasada, cuando leímos sobre su conversación con Pedro, es evidente que los discípulos no acaban de entenderlo. Ignorando la magnitud de lo que el Amigo acaba de confiarles, los Doce reaccionan con una fe raquítica: “¿Quién es el más importante entre nosotros?” Jesús usa un niño como símbolo de la fe confiada y sencilla a la que hemos sido llamados. De acuerdo a las costumbres de la época, los niños y las mujeres eran considerados inferiores a los hombres. Las palabras del Maestro dan una lección difícil de aceptar para los ambiciosos y soberbios: El rol de los seguidores de Cristo es el de servicio, especialmente a los pobres y los humildes.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús trataba de que los discípulos entendieran el verdadero sentido de su identidad Mesiánica.

  • El discípulo debe entender las consecuencias que implica el seguir a Jesús.

  • Es imposible escuchar la Palabra de Dios mientras peleamos por poder, control y prestigio.

Para la reflexión:

  1. ¿Trato de controlar y manipular a otros en mi familia, trabajo, parroquia, etc.? Explique.

  2. ¿Estoy dispuesta a comprometerme hasta las últimas consecuencias, o veo a Dios sólo como mi fuente de felicidad, riqueza y buena salud? Explique.