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Dimitri Shostakovich:
La música en las encrucijadas ideológicas
Jesús Vega
Especial para La Voz Católica
Las fechas redondas del nacimiento y la muerte del compositor
ruso Dimitri Shostakovich se conmemoran en el siglo XXI,
curiosamente, con un año de diferencia. El 25 de septiembre de
2005 marcó el trigésimo aniversario de su fallecimiento, y este
2006, atemperado por las celebraciones grandiosas de los 250
años del nacimiento de Mozart, también se recuerda –el próximo 9
de agosto– el centenario del nacimiento del gran compositor,
considerado en el mundo libre como el músico oficial de la
dictadura soviética, aunque, tras la “Cortina de Hierro”, la
realidad era muy diferente.
Los padres de Shostakovich, que eran músicos, se dieron cuenta
del talento de su hijo desde muy corta edad. A los cinco años,
asistió por primera vez a la representación de una ópera, y, al
día siguiente, pudo cantar de memoria varias de las canciones
que había escuchado en el teatro la noche anterior. A los nueve,
comenzó a estudiar piano con su madre, y en 1919 fue admitido en
el Conservatorio de Petrogrado, donde fue alumno de Alexander
Glazunov. Allí sufrió las consecuencias de su falta de interés
por la política, y hasta desaprobó su examen de metodología
marxista. A pesar de estos tropiezos con la doctrina imperante,
logró graduarse con éxito al presentar su Primera sinfonía
(1925).
Como pianista, su estilo interpretativo, considerado “demasiado
frío”, no gozó de popularidad, por lo que, en breve, limitó sus
presentaciones a la interpretación de sus obras. En 1927 creó su
segunda sinfonía (Para Octubre). Dos años más tarde, su
ópera satírica La nariz, basada en un cuento de Gógol,
fue tildada de “formalista” por la Asociación Rusa de Músicos
Proletarios, el órgano oficial de los músicos de la Unión
Soviética.
Hacia el final de la década de 1920, Shostakovich trabajó en
unión del TRAM (teatro juvenil proletario leningradense). A
pesar de su escasa actividad en el grupo, esto lo puso a salvo
de ulteriores ataques ideológicos. Y buena parte de esos años la
dedicó a la creación de su ópera Lady Macbeth del distrito de
Mtensk, estrenada en 1934 con gran éxito, pero prohibida
posteriormente por espacio de un cuarto de siglo. Por esa época
también conoció a Iván Sollertinsky, que sería su mejor amigo y
lo pondría en contacto con la obra de Gustav Mahler, que
posteriormente ejerció una notable influencia en su obra.
El año 1936 marcó una pesadilla política en la vida de
Shostakovich, que comenzó con una serie de ataques publicados en
el periódico oficial, Pravda. La campaña fue iniciada por
el propio Stalin, que acusó a su ópera Lady Macbeth del
distrito de Mtensk de “formalista”, lo cual fue suficiente
para que comenzaran a disminuir sus presentaciones y a mermar
sus ingresos. La Cuarta Sinfonía logró cierta aceptación,
pero el clima imperante impidió que volviera a presentarse hasta
1961.
Sin embargo, la férrea censura de su obra no impidió que
siguiera creando, aunque en tono cauteloso. Su Quinta
Sinfonía (1937) fue todo un éxito: no era abiertamente
política, ni a favor ni en contra del régimen, y conservadora
sin llegar al simplismo. En la actualidad, sigue siendo uno de
sus trabajos más populares. El primero de sus cuartetos para
cuerdas proviene también de esta etapa. Probablemente, la música
de cámara fue para él un campo de experimentación y expresión de
ideas que le hubieran sido censuradas en sus piezas sinfónicas
más populares.
Su Octava Sinfonía, compuesta en 1943, es un trabajo
extenso y oscuro que no fue aprobado por las autoridades.
Mientras tanto, la burocracia cultural comunista esperaba que la
Novena Sinfonía (1945) fuese una música adecuada al
desenlace de la Segunda Guerra Mundial y a sus intereses. Sin
embargo, como estaba más cercana al género divertimento, aumentó
aún más el recelo hacia el compositor, que no pudo reanudar su
ciclo sinfónico hasta casi una década más tarde.
En 1948 fue acusado nuevamente de “formalismo” en el Decreto
Zhdánov, el cual, aunque estaba expresamente dirigido a
condenar la ópera La gran amistad, del georgiano Vano
Muradeli, alcanzó también a otros creadores como Prokofiev,
Jachaturián y el propio Shostakovich, quienes tuvieron que pedir
una disculpa pública, y fueron despojados de todo privilegio.
Las restricciones impuestas a la música de Shostakovich y sus
condiciones de vida mejoraron en 1949, para asegurar su
participación en una delegación soviética que viajó a los
Estados Unidos. Ese mismo año, escribió su cantata Canción de
los Bosques, que elogiaba a Stalin como el “Gran Jardinero”.
En 1951, fue elegido diputado del Soviet Supremo. Una etapa de
bonanza que culminó con la rehabilitación total del músico, a
partir de la muerte del “Padrecito de los Pueblos” en 1953 y el
proceso de “desestalinización” que siguió. Fue la etapa final de
su vida, con sus altas y bajas políticas, su vinculación al
partido comunista y la ambivalencia de su obra.
Shostakovich murió de cáncer de pulmón el 9 de agosto de 1975, y
dejó tras de sí, más allá de sus conflictos, una obra profusa y
variada en la que se identifican influencias de Bach, Beethoven,
Mahler, Berg, pero con una gran originalidad y talento. Por
encima de sus encrucijadas ideológicas, está y estará siempre su
música.



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