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La bendición de ser cristiano

Un campeonato en el que todos pueden ser ganadores

Clemente Arel López D.
Especial para La Voz Católica

Para los fanáticos del fútbol, los meses de junio y julio han sido fantásticos, al darles la oportunidad de seguir día a día el Campeonato Mundial de este deporte.

Sé que venimos de una cultura donde el fútbol (soccer), está presente desde las calles hasta los estadios; por ende, nosotros no elegimos el fútbol, pues hemos nacido dentro del mismo.

Algo semejante ocurre con nuestra filiación familiar y con nuestra filiación religiosa.

Yo no elegí la familia en la que iba a nacer; fue Dios quien me designó una familia, un país, una cultura y una fe; pero, en la medida en que fui creciendo, me he dado cuenta de lo maravilloso que ha sido el crecer compartiendo con mis hermanos, aprendiendo de mi país, conociendo los valores de mi pueblo, y también valorando la fe que mis padres me han transmitido.

El ser cristiano, ha sido, para mí, una bendición por diversos aspectos.

En primer lugar, la fe misma que se nos ha transmitido a lo largo de 2,000 años ha llegado a mí personalmente, y el hecho de ser parte de esa fe, que es eterna, me da la certeza de que sí hay vida eterna, y que es posible gozarla desde la fe que se profesa.

En segundo lugar, no he conocido otra fe religiosa que defienda los derechos de la persona más que la fe cristiana. Por ende, en la Iglesia siempre está presente Dios, porque la voluntad de defender los derechos humanos, los derechos de los inmigrantes, de los niños por nacer, de los oprimidos, en suma, de las personas, es una bendición de Dios.

Quien tiene la bendición de haber nacido dentro de la fe cristiana puede disfrutar siempre de ese gran Campeonato Mundial del Amor que se da todos los días, sin que muchos lo adviertan, como el mayor de los milagros. Un “campeonato” donde, a diferencia de las grandes competencias deportivas, todos pueden clasificar para la “gran final”, en la que también todos pueden ser ganadores.