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Obesidad
entre niños latinos en Estados Unidos es la más alta del mundo
Emilio J. López
EFE
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Lesbia Maradiaga (der.) ayuda a su nieto Edwin Rodríguez a
prepararse un batido de frutas. Edwin consiguió adelgazar
ayudado por los consejos de Claudia González. |
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Errores culturales, como creer que un bebé “gordito” es un bebé
sano, el abandono de la dieta latina, factores genéticos y la
falta de ejercicio diario, han hecho de los niños hispanos en
Estados Unidos los más obesos del mundo.
Este es el diagnóstico de la pediatra y dietista Claudia
González, quien plantea en términos de verdadera pandemia el
incremento de los índices de obesidad entre los niños latinos
que viven en los Estados Unidos.
De acuerdo con los preocupantes datos que González analiza en su
libro Gordito no significa saludable, los niños hispanos
“son los más obesos de Estados Unidos, lo que equivale a ser los
niños más obesos del mundo”.
El “factor cultural” latino, aseguró, es uno de los principales
“culpables” de esta “epidemia” de obesidad infantil, ya que ha
creado la falsa percepción en los padres de que “un bebé o un
niño de menos de cinco años que esté gordito es lindo y
saludable”.
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La pediatra y dietista Claudia González dice que la obesidad
entre los niños hispanos que viven en Estados Unidos ha
adquirido formas de verdadera “pandemia” |
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Un valor cultural determinante que ha acabado por situar en el
23.7 por ciento el índice de latinos menores de 11 años obesos
en Estados Unidos, frente al 11.8 de blancos no hispanos, según
datos del año 2002 de los Centros para el Control y Prevención
de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés). Además, también
según los CDC, el 39.3 por ciento de los niños hispanos tiene
sobrepeso, frente al 26.2 de los blancos no hispanos.
Desgraciadamente, se lamenta González, en las familias latinas
“pesa más lo que dice la mamá o la abuela que lo que diga el
pediatra o la dietista”.
Los padres, agrega González, no son conscientes de que un “niño
gordito tiene hoy un 70 por ciento de probabilidades de ser un
adulto obeso”.
Aún más: “seis de cada diez niños latinos obesos sufren de
diabetes del tipo 2”, destaca.
Según esta experta en nutrición, la desinformación de los padres
en la lucha contra la obesidad infantil conlleva el
desconocimiento de las terribles consecuencias de esta
enfermedad: asma, diabetes, hipertensión, colesterol y
triglicéridos altos, y graves desórdenes sicológicos.
A su juicio, la guerra a la obesidad infantil debe llevarse a
cabo también en los colegios, donde se registra un aumento
perjudicial en el consumo de bebidas gaseosas azucaradas y
“comida basura” (junk food) entre los niños.
“Tener alimento saludables en los colegios”, apunta González,
“ayuda a que los niños dispongan de una mejor selección, más
opciones que escoger”, aunque, recuerda, son los padres los que
tienen que “planear la salud de los hijos, su alimentación
diaria y la actividad física”.
González sostiene que, en el caso de la población hispana,
aparte de los malos hábitos alimenticios, se ha “confabulado”
también una “tendencia genética a la obesidad y a la diabetes y
la ausencia de un sistema de medicina preventiva”.
La mayoría de los padres, se queja la experta, no cuenta con un
seguro médico” y acude “al especialista cuando la situación está
totalmente fuera de control o el niño presenta ya síntomas de
diabetes o presión alta”.
Además, la pérdida de la “dieta latina” (granos, frijoles, fruta,
pescado fresco, vegetales) y la “vida sedentaria” de los niños (absortos
en casa ante “los juegos electrónicos o el televisor”), subraya,
son causas determinantes del incremento de la obesidad.
Lo cierto es que las tasas de obesidad en Estados Unidos
continúan en aumento: el 34.4 por ciento de los obesos
analizados entre 1999 y 2000 corresponde a adultos hispanos,
mientras que en la llamada población anglosajona el índice es
del 28.7 por ciento, según los CDC.
Sin embargo, el debate sobre la obesidad en los Estados Unidos
se enfrenta hoy al discurso de lo “políticamente correcto”,
impulsado por algunos padres y médicos que buscan enmascarar o
escamotear la verdad dolorosa de esta palabra.
La palabra “obesidad” no puede ocultarse detrás de eufemismos,
algo que nada tiene que ver, según la doctora, con “herir,
insultar y hacer comentarios negativos a nuestros hijos, tales
como ‘estás gordo y feo’ o ‘no sabes comer’”.
“Hay que evitar generar culpabilidades” en los niños, añade.
De igual manera, según González, resulta muy negativo que los
padres “exijan al niño terminarse el plato”. Las cifras indican
que el 17 por ciento de los obesos adolescentes fueron criados
en un ambiente familiar de excesiva rigidez.
Para concluir, resume la dietista, “la responsabilidad final es
de los padres, de quienes depende que sus hijos sean unos niños
y adolescentes saludables”.
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