A la Virgen de la Caridad del Cobre
¡Oh Santísima Virgen de la Caridad, eres bella, hermosa!
Tus ojos negros están siempre abiertos, para ver las lágrimas
que de los ojos de tus hijos brotan por el sufrimiento del
pueblo cubano.
Con tus ojos miras a los hombres, a las mujeres, no importándote
el color de la piel.
Miras a los niños, a los jóvenes, a los ancianos, a los
campesinos, a los cultos y a los ignorantes, a los sencillos, a
los pobres, a quienes amas con predilección.
Tu boca, Virgen de la Caridad, es como un panal que destila
miel, y así atraes a los hombres, para llevarlos a tu Hijo
Jesús, clavado en la Cruz, y después mostrarles la Cruz del
Resucitado, que llevas en tu mano derecha.
Virgen María de la Caridad, tú eres Amor.
¿Serás la única advocación que habrá en el Cielo? Porque Dios es
Amor, y la Virgen de la Caridad es la Virgen del Amor, y en el
Cielo perdura el Amor por siempre.
Virgen de la Caridad, ruega por nosotros. Amén.
P. René Parra R.
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