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 Fallece Alberto Cardelle,
crítico de cine de La Voz Católica

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica

Para Alberto Cardelle, el cine no fue solamente un pasatiempo; él lo veía como un apostolado dentro de la Iglesia.

El 1º de agosto, Cardelle –esposo, padre, abuelo– murió inesperadamente, debido a la rotura de la arteria aorta. Su familia y la comunidad lo recordarán por su sonrisa, por su amor y dedicación a su familia y a su Iglesia, y por su contribución a la crítica moral de películas, muchas de las cuales reseñó para La Voz Católica durante años.

“Uno de sus legados fue su dedicación al apostolado de la Iglesia a través del cine”, expresó Ana María Cardelle de su esposo, a quien le encantaban las películas con temas católicos. “Lo que le atraía de las películas era poder descifrar lo que el director quería decir o proyectar en la pantalla, y cómo cada persona recibía un mensaje diferente”.

La vida misma de Alberto Cardelle fue desarrollándose como las escenas de una película.

Su primer “papel” fue el de hijo único de José y Josefina Cardelle, de quienes nació el 21 de noviembre de 1936 en La Habana, Cuba.

“En Cuba, se dedicó a los cine-clubs. Le fascinaba el cine desde chiquito”, indicó Ana María Cardelle. “Desde que tenía 11 o 13 años, ponía las películas en el colegio, y empezó el cine-club en la escuela de La Salle. Después, pasó a los cine-clubs de la Acción Católica. Escribió mucho para Cine Guía, que publicaba críticas de películas y una clasificación moral de las mismas”, señaló.

Después de graduarse en La Salle, Cardelle continuó con el “papel” de estudiante al ingresar en la Universidad Santo Tomás de Villanueva, donde estudió ciencias comerciales. Alberto y Ana María se conocieron cuando el arzobispo de La Habana convocó a una reunión, el 8 de diciembre 1960, con los líderes de los grupos católicos.

“Él fue a la junta representando a los cine-clubs de la Acción Católica Cubana, y yo fui como la presidenta de las Congregaciones Marianas”, explicó Ana María Cardelle. “Después de eso, nos hicimos novios, pero yo vine a Miami el 29 de septiembre 1961, y él salió de Cuba el 30 de septiembre del mismo año y fue a España. A finales de diciembre de 1961, vino a Miami, donde terminó una licenciatura en administración de empresas en Florida Atlantic University, de Palm Beach”, agregó.

Su próximo “papel”, el de esposo, comenzó el 31 de agosto de 1963, cuando la pareja se casó en la Catedral St. Mary, en Miami. Empezó a ejercer el “papel” de padre cuando su primer hijo, Alberto, nació en 1964, seguido por sus otros hijos: Francisco Javier y, después, Carlos Ignacio. Cardelle también dejó 10 nietos.

“Para él, la familia era lo más importante”, dijo Alberto Cardelle, que vive en Pensilvania. “Sacrificó bastante para que yo y mis hermanos tuviéramos una educación y participáramos en deportes. Pudo haber tenido una carrera más lucrativa, pero él quería poder estar con la familia. Eso ha sido un modelo que yo quiero seguir”, comentó de su padre, que fue auditor.

“Siempre era muy dedicado a todo lo que hacía”, señaló Carlos Cardelle. “Siempre estaba en todos los eventos de nosotros, ya fuera en los Boy Scouts o en la Little League, y nos ayudaba con los proyectos para la escuela. Eso es lo que más recuerdo de él: que siempre estaba presente. Él es un ejemplo de cómo ser esposo, padre y abuelo”, añadió.

Alberto Cardelle también fue miembro activo de la comunidad. Fue uno de los fundadores de la Asociación de los Antiguos Alumnos de La Salle, y recibió la Orden del Hermano Victorino el 3 de mayo de 1973, honor que se otorga a un antiguo alumno de La Salle destacado por su servicio a la comunidad. Además de escribir una columna de cine mensual en La Voz Católica, también tuvo, hace años, un programa de cine con el P. José Nickse, en Radio Paz.

“Para mí especialmente, él sigue siendo un modelo para la fe, y de la participación en la Iglesia”, expresó su hijo Francisco Cardelle, que vive en Carolina del Norte. “Lo importante para mí también fue su amor al cine. Siempre discutíamos películas, íbamos a ver películas, y a los primeros festivales de cine juntos. Cuando me mudé, él seguía enviándome películas en DVD para que las viera. Además de que fue un buen padre, el amor por el cine es algo que compartíamos”, dijo.

Su familia dice que, de entre todos sus diversos “papeles”, sus amistades lo recordarán por ser una persona optimista y con un buen sentido del humor.

“No importaba si los Marlins estaban 15 juegos atrás: siempre se sintió optimista de que podían llegar a la Serie Mundial”, agregó Alberto Cardelle, Jr.

“Cuando te saludaba y te abrazaba, era muy genuino”, señaló Dailene Cardelle, la esposa de Carlos. “Él vivió su vida a plenitud, y dejó el legado de su amor increíble a su familia. Todo el que lo conoció, extraña mucho su sonrisa”, concluyó Ana María Cardelle. “Fue un ejemplo de vida cristiana, no sólo de palabra. Fue un hombre de una gran calidad humana”.