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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

 

 

1o de octubre de 2006
26o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según San Marcos 9:38-43, 45, 47-48 En aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: “Maestro, vimos a uno que no era de los nuestros y que expulsaba a los espíritus malos en tu nombre, pero como no anda con nosotros, se lo prohibimos”. Jesús contestó: “No se lo prohíban, ya que no es posible que alguien haga un milagro en mi nombre y luego hable mal de mí. El que no está contra nosotros, está con nosotros. Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua por ser discípulos de Cristo, les aseguro que no quedará sin recompensa. Si alguno le quita la fe a cualquiera de estos pequeños que creen en mí, mejor sería para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar. Y si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtatela. Pues es mejor para ti que entres con una sola mano en la vida, que no con las dos ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtatelo, pues es mejor que entres cojo en la vida, que con los dos pies ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, sácatelo. Pues es mejor para ti que entres con un solo ojo en el Reino de Dios, que no con los dos ser arrojado al infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga”.

Comentario breve:
El Evangelio de Marcos pinta a unos discípulos incapaces de entender el verdadero mensaje de las palabras del Maestro. El camino que Jesús recorrió y el cual los discípulos deben seguir es el camino que conduce a Jerusalén, donde Jesús sufrirá y será crucificado. Marcos no deja duda alguna de que seguir a Jesús es un llamado exigente y radical. No pueden haber ambigüedades.
Gehenna: En el Antiguo Testamento se refería a un valle al suroeste de Jerusalén, que era el centro de un culto idólatra que sacrificaba niños durante la monarquía (2 Reyes 23:10; Jeremías 7:31). En tiempos posteriores era el lugar donde se quemaba la basura. Su fuego constante se convirtió en el símbolo de los tormentos que aguardan a los malvados.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús nos advierte de los peligros de la ambición, los celos y la arrogancia.

  • Los seguidores de Cristo no deberán jamás escandalizar a otros poniendo en peligro su fe.

  • Los cristianos han de aceptar a todas las personas de buena fe aunque no pertenezcan a “nuestro grupo”.

Para la reflexión:

  1. ¿Me he sentido escandalizado alguna vez por la actuación de otro católico? ¿Qué pasó?

  2. ¿He sido causa de escándalo para otros en mi hogar, mi trabajo o parroquia? ¿Qué he aprendido de estas experiencias?

 

8 de octubre de 2006
27o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 10:2-16 En aquel tiempo, unos fariseos vinieron a Jesús con ánimo de probarlo y le preguntaron: “¿Puede el marido despedir a su esposa?” El les respondió: “¿Qué les ha ordenado Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés ha permitido firmar la acta de separación y después divorciarse”. Jesús les dijo: “Moisés escribió esta ley porque ustedes son duros de corazón. Pero la Biblia dice que al principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre para unirse con su esposa y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo. Por eso, lo que Dios unió, que el hombre no lo separe”. Y cuando estaban en casa, los discípulos le volvieron a preguntar lo mismo, y él les dijo: “El que se separa de su esposa y se casa con otra comete adulterio contra la primera; y si ésta deja a su marido y se casa con otro, también comete adulterio”. Había gente que presentaba a sus niños a Jesús para que los tocara, y los discípulos los reprendieron. Jesús, al ver esto, se enojó y les dijo: “Dejen que los niños vengan a mí. ¿Por qué se lo impiden? El Reino de Dios es para los que se parecen a los niños, y les aseguro que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Jesús los abrazaba y luego ponía sus manos sobre ellos para bendecirlos.

Comentario breve:
Una vez más los fariseos trataron de probar a Jesús con sus preguntas. Aunque las leyes judías apoyaban el divorcio legal, los judíos estaban divididos en cuanto a la interpretación de las normas de Deuteronomio 24. Mientras que el adulterio cometido por una mujer era considerado un crimen, los hombres alardeaban de tener varias mujeres. En este contexto, Marcos nos deja la narración más antigua de la posición de Jesús ante el matrimonio, un punto de vista nuevo. Para el Señor el matrimonio era una unión de sangre más que una unión legal y enseñaba que, desde un principio, Dios deseó que la pareja permaneciera junta. Esto hace que la unión matrimonial sea fruto de la voluntad de Dios y no sólo de la decisión de dos personas. El Evangelio de Mateo, escrito unos años más tarde, ofrece una excepción a la indisolubilidad: “a no ser en caso de infidelidad”. (Mat 5:32; 19:9) Ambos evangelios muestran la lucha de la Iglesia primitiva con uno de los problemas pastorales más dolorosos y difíciles: la fidelidad en el matrimonio.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Para Dios el amor y la fidelidad siempre van unidos. Dios es fiel.

  • Los evangelios reconocen la dura realidad de la vida, y tratan de abrir puertas para enfrentarla pastoralmente sin perder de vista las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio.

  • Los discípulos deben ser como niños y depender siempre de Dios.
    Para la reflexión:

Para la reflexión:

  1. ¿Tomo en serio mi llamado a ser fiel no solamente en mi matrimonio sino en todas mis relaciones?

  2. ¿Hay algún asunto relacionado con el matrimonio que me preocupa y que podría consultar con un sacerdote, guía espiritual, o consejero? ¿Por qué no hacerlo ahora?

 

15 de octubre de 2006
28º Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 10:17-30 En aquel tiempo, Jesús estaba a punto de partir cuando uno corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para ganar la vida eterna?” Jesús le respondió: “¿Por qué me llamas bueno? Uno solo es bueno, y ése es Dios. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, ni digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre”. El otro contestó: “Maestro, todo esto lo he practicado desde muy joven”. Jesús lo miró, sintió cariño por él y le dijo: “Sólo te falta una cosa: anda, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres, y así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme”. Cuando el otro oyó estas palabras, se sintió golpeado, porque tenía muchos bienes, y se fue muy triste. Entonces Jesús, mirando alrededor de él, dijo a sus discípulos: “¡Qué difícilmente entrarán en el Reino de Dios los que tienen riqueza!” Los discípulos se sorprendieron cuando oyeron estas palabras. Pero Jesús insistió: “Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil para un camello pasar por el ojo de la aguja, que para un rico entrar en el Reino de Dios”. Ellos se asombraron más todavía y comentaban: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús los miró fijamente y les dijo: “Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Dios todo es posible”. Entonces Pedro le dijo: “Nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”. Y Jesús le aseguró: “Ninguno que haya dejado su casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por amor a mí y a la Buena Nueva quedará sin recompensa. Pues recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos; esto, no obstante las persecuciones. Y después recibirá la vida eterna”.

Comentario breve:
Según la tradición judía, la riqueza, la salud y una larga vida eran símbolos del favor divino. Por el contrario, la pobreza y las enfermedades se consideraban castigos por algún pecado en contra de la Alianza con Yahvé. El hombre rico se acercó a Jesús con ardor en busca de una respuesta decisiva para su vida. Aunque era cumplidor de la ley, le faltaba algo más: amar con todas sus fuerzas. ¡Qué sorpresa para todos los que escucharon a Jesús! El Maestro invirtió los valores de la época y presentó la riqueza como un posible obstáculo para entrar en el Reino de Dios. Por parte de Jesús hubo mucho amor hacia el hombre y pedía otra respuesta de amor de su parte al ser generoso con los pobres. Esta lectura es un reto para todos a despegarnos de los bienes materiales en una cultura que valora la riqueza como signo de éxito y prestigio.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Jesús nos llama a un radicalismo de vida que sólo es posible con la ayuda de Dios.

  • Guardar los mandamientos es básico y elemental para alcanzar la salvación. Pero para poder disfrutar de la “vida eterna” que comienza ahora, debemos dejar atrás los “ídolos” en los que ponemos nuestra confianza.

  • El texto destaca de nuevo el amor de Jesús por los pobres y los sencillos.

Para la reflexión:

  1. ¿Creo que cuando las cosas me van bien es porque Dios está “premiándome” por mis buenas obras, y cuando todo va mal es porque me está “castigando”. Explique.

  2. ¿Pongo toda mi confianza en el poder, en el dinero, o en mi estatus legal? ¿Qué me dice la lectura de hoy?

 

22 de octubre de 2006
29o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 10:35-45 En aquel tiempo, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. El les dijo: “¿Qué quieren de mí?” Ellos respondieron: “Concédenos que nos sentemos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”. Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber la copa que estoy bebiendo o bautizarse como me estoy bautizando?” Ellos contestaron: “Sí, podemos”. Jesús les dijo: “Pues bien, la copa que bebo, también la beberán ustedes, y serán bautizados con el mismo bautismo que estoy recibiendo; pero no depende de mí que se sienten a mi derecha o a mi izquierda. Esto ha sido reservado para otros”. Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan. Jesús los llamó y les dijo: “Como ustedes saben, los que son considerados como jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños; y los poderosos las oprimen con su poder. Pero entre ustedes no ha de ser así. Al contrario, el que quiera ser el más importante entre ustedes, que se haga el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, que se haga el siervo de todos. Así como el Hijo del Hombre no vino para que le sirvieran, sino para servir y dar su vida por los hombres, para rescatarlos”.

Comentario breve:
El relato de hoy es el tercer anuncio de la Pasión y, una vez más, los discípulos no comprenden el significado de las palabras de Jesús ni su identidad mesiánica. Es increíble que Santiago y Juan hicieran esa pregunta después de haber oído el mismo mensaje dos veces. La indignación de los otros diez no era motivada por la virtud, sino por la misma ambición. Todos deseaban los puestos de honor y temían que los Zebedeos se hubieran adelantado. Jesús aprovechó el incidente para lanzar una lección de servicio humilde y de verdadera grandeza: “El que quiera ser el más importante... que se haga el servidor de todos”. La corrección es hecha con paciencia y sencillez: “No saben lo que piden...” Es la misma paciencia que el Señor tiene con nosotros hoy.

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Miedo e incomprensión caracterizan el comportamiento de los que acompañaban a Jesús.

  • En el deseo de compartir la gloria de Jesús debe estar implícito compartir sus sufrimientos.

  • La autoridad que ejerzan los seguidores de Jesús ha de ser de servicio y no un medio de endiosamiento del ego.

Para la reflexión:

  1. ¿Espero “puestos de honor” en mi parroquia o comunidad porque los “merezco”? Explique.

  2. ¿Cómo ejerzo mi autoridad en mi familia, parroquia o centro de trabajo? ¿La uso para servir o para controlar a los demás?

 

29 de octubre de 2006
30o Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Lectura del Evangelio según san Marcos 10:36-52 En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo (Bartimeo), un limosnero ciego, estaba sentado a la orilla del camino. Cuando supo que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!” Varias personas trataron de hacerlo callar. Pero él gritaba mucho más: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!” Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”. Llamaron al ciego, diciéndole: “¡Párate, hombre!, te está llamando”. Y él, arrojando su manto, de un salto se puso de pie y llegó hasta Jesús. Jesús le preguntó: “¿Qué quieres que te haga?” El ciego respondió: “Maestro, que yo vea”. Entonces, Jesús le dijo: “Puedes irte; tu fe te ha salvado”. Y al instante vio, y se puso a caminar con Jesús.

Comentario breve:
Este relato concluye la sección sobre la “ceguera” que comenzó con la curación del ciego de Betsaida (8:22). En el primer caso, el ciego fue llevado hasta Jesús por el pueblo, recobró su visión poco a poco y finalmente regresó a su casa. Por otro lado, Bartimeo clamó por Jesús y le llamó Hijo de David; su fe hizo que la sanación fuera instantánea e inmediatamente “se puso a caminar con Jesús”. Este “caminar” implicaba seguirlo hasta Jerusalén. Marcos colocó las tres predicciones de la Pasión entre estas dos historias de “ceguera”. Es obvio que Bartimeo “vió” más que los discípulos de Jesús que habían estado con él por tanto tiempo. Marcos indica que para seguir a Jesús es indispensable comprender su Pasión, muerte y Resurrección.
 

Tres ideas importantes de la lectura:

  • Los discípulos permanecieron “ciegos” hasta después de la Resurrección y la venida del Espíritu Santo cuando “sus ojos se abrieron”.

  • La pregunta de Jesús al ciego es la misma que le hizo a Juan y a Santiago: “¿Qué quieren de mí?” Los hermanos pidieron los puestos de más prestigio y su respuesta contrasta con el humilde deseo del ciego quien ha comprendido mejor la autoridad de Jesús que consiste en servir.

  • No podremos comprender la verdadera identidad de Jesús hasta que no comprendamos su sufrimiento y su muerte.

Para la reflexión:

  1. ¿Me he sentido alguna vez “ciego” ante Jesús y su mensaje? ¿Qué hizo que recobrara mi “visión espiritual”?

  2. Cuando me veo en apuros, ¿tomo la iniciativa de pedir ayuda a Dios o a otros como lo hizo Bartimeo? De ejemplos.