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La espiritualidad de Juan Pablo II

Juan Pablo II fue realmente grande, por todo, pero, sobre todo
por ser un hombre de fe, por el amor y perdón que derrochó.
Quiero relatar, de una forma breve, tres casos de los más
importantes que he leído de amor, de fe y perdón.
Era un sacerdote que había dejado el sacerdocio y se convirtió
en mendigo. Un día tuvo el honor de cenar con el Papa. El
pontífice, después de la cena, pidió al mendigo que escuchara su
confesión. El hombre, impresionado, respondió que ya no era
sacerdote, a lo que el Papa contestó: “una vez sacerdote,
sacerdote siempre”. “Pero estoy fuera de mis facultades de
presbítero”, insistió el mendigo. “Yo soy el obispo de Roma; me
puedo encargar de eso”, dijo el Papa.
El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y le pidió, a su
vez, que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró
amargamente. Al final, Juan Pablo II le preguntó en qué
parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del
párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
Domenico Del Río, cronista del pontificado de Juan Pablo II,
pasó de ser uno de los mayores críticos del Papa a ser un
profundo admirador suyo. Finalmente, el Papa le inspiró fe y Del
Río cambió.
Cuando Del Río yacía gravemente enfermo en el hospital Gemelli
de Roma, fue a verle su amigo Luigi Accattoli, quien le preguntó
si quería decirle algo. “¡Al Papa!”, respondió Del Río.
“Quisiera que le dijeras al Papa que le doy las gracias. Trata
de ver cómo se lo puedes decir. Dile que le doy las gracias, con
humildad, por la ayuda que me ha dado para creer. Yo tenía
muchas dudas y muchas dificultades para creer. Me ha ayudado la
fuerza de su fe. Al ver que creía con tanta fuerza, entonces yo
también encontraba fuerza. Esta ayuda la recibía al verle rezar,
cuando se pone en Dios, se ve que esto le salva de todo”.
El 20 de febrero de 1988, el Papa Juan Pablo II recibió en
audiencia privada a la señora Muzeyen Agca, madre de Mehmet Alí
Agca, el agresor que el 13 de mayo de 1981 hirió de gravedad a
Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro.
La señora deseaba ver al Papa para pedirle que perdonara a su
hijo Alí. Llegó al Vaticano acompañada de otro hijo, Adnan, de
25 años de edad. Preguntó a uno de los guardias suizos si el
Pontífice podía recibirla. El Papa aceptó rápidamente, y una
hora después tuvo lugar la entrevista.
El Papa y la señora Agca pasaron siete minutos a solas en el
despacho. Más tarde, también entraron Adnan y un intérprete, ya
que Juan Pablo II no hablaba el idioma turco.
La señora pidió al Santo Padre que perdonara a su hijo Alí. El
Papa respondió: “Ya perdoné a su hijo, señora”.
Más tarde los periodistas recibieron el permiso de entrar en el
despacho. El pontífice les dijo: “Es un momento emocionante no
sólo para ella, sino también para mí; me recuerda vivamente el
encuentro que tuve con Alí en la prisión. ¡Que misteriosos son
los caminos de Dios!”
Finalmente, el Papa regaló a la señora una medalla de la Virgen
María, y le dio su bendición, mientras comentaba a los
periodistas: “Ella es una verdadera creyente”.
Muzeyen recibió la medalla y la besó.
Mientras abandonaba el Vaticano, de pronto se detuvo y rezó una
oración musulmana por el Santo Padre.
La espiritualidad de Juan Pablo II en Miami
Ha nacido en Miami un grupo que trata de difundir la
espiritualidad de Juan Pablo II. El propósito de estos
servidores y fundadores de los retiros “Espiritualidad de Juan
Pablo II”, es desarrollar los retiros para difundir una
espiritualidad comprometedora y completa para nuestros tiempos.
La misión arranca de las palabras de Juan Pablo II, que nos
llama ser protagonistas de la Nueva Evangelización en esta hora
decisiva de la historia. Todo cristiano sabe que, desde el
compromiso bautismal, estamos comprometidos a aceptar la
encomienda dada por Jesús: ir a todas las gentes y hacerlas
discípulos del Maestro.
Estos retiros nacen de una larga mirada a Juan Pablo II, a ese
mensajero de Dios que dio testimonio de Cristo durante toda su
vida.
Juan Pablo II ha sido el motor, el ejemplo, el que ha forjado en
estas personas ese deseo de conocer más el compromiso del
laicado. Las palabras evangélicas del Papa, “no tengan miedo,
echen las redes mar adentro”, son un llamado a vivir una
evangelización más madura, a mirar el rostro de Cristo en todos
los niveles de nuestras vidas y a reconocer que todos somos
hijos de Dios.
Es tanto lo que Juan Pablo II le ha ofrecido al mundo, que no
podemos desperdiciar esta gracia, este gran regalo del Señor
para nuestros tiempos. ¡Es hora de evangelizar!
El grupo que promueve esta espiritualidad de Juan pablo II
ofrece una noche de presentación, de cena-concierto, noche de
gozo y júbilo para todos los que deseen asistir. Esta noche será
el 23 de septiembre, a las 7:00 p.m., en la iglesia St. Timothy.
Quienes deseen acudir y conocer de cerca los proyectos de este
grupo, pueden llamar al 305-322-3945, o al
305-554-8920.
Director del Centro de Espiritualidad Carmelita
eugona46@hotmail.com
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