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Las palabras del papa:
Un punto de partida para el diálogo
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Me he reunido recientemente con seis respetados líderes
musulmanes de nuestra comunidad, a solicitud de ellos. La
reunión fue muy fructífera. Estos líderes no aprueban en modo
alguno la violencia, y mucho menos en nombre de Dios. Y se ha
programado una futura reunión para que musulmanes, judíos y
cristianos inicien un proceso de diálogo educativo.
Éste ha sido un buen resultado, en el terreno local, del furor
desatado por la referencia del Papa Benedicto XVI al Islam,
durante una charla que el Santo Padre ofreció en Regensburg, en
el último día de su visita a su natal Alemania.
Las palabras del papa de ningún modo se proponían ofender a los
musulmanes. Fueron pronunciadas durante una charla académica en
la que el papa, ex profesor universitario, desarrolló ante sus
antiguos colegas una exposición teológica sobre la relación
entre la fe y la razón.
Ante la ola del rampante secularismo que se ha apoderado de
Europa, y especialmente de la élites intelectuales, el papa
preguntó: “¿Es irracional para el hombre el creer en Dios? ¿No
creó Dios al hombre, después de todo, con la capacidad de
razonar? Y si la razón nos conduce a creer en Dios, ¿qué es lo
que esto nos dice sobre la naturaleza de Dios? ¿No debe ser
Dios, entonces, susceptible de ser razonado?
El argumento del papa es que la fe no es incapaz de ser
razonada, incluso aunque el hombre moderno actúe como si lo
fuera. Por una parte, el mundo industrializado exalta la razón e
ignora la fe; por la otra, el mundo en vías de desarrollo parece
estar exaltando la fe hasta el punto de excluir la razón.
Esto parecería ser lo que está sucediendo en muchos países
islámicos, donde los musulmanes fundamentalistas citan textos
religiosos para justificar la violencia. Esta tensión entre
creencia y descreimiento es parte del “choque de civilizaciones”
del que tanto se habla en la actualidad.
En efecto, el papa les estaba recordando a los intelectuales del
mundo que quienes buscan la verdad no pueden ignorar las
contribuciones de la fe. De manera semejante, al hacer
referencia al Islam, le estaba pidiendo al mundo musulmán que
reconsidere sus enseñanzas a la luz de la razón. Después de
esto, el papa se ha reunido con líderes musulmanes y ha dado
inicio a un diálogo que es muy necesario.
Pero la violenta reacción a sus palabras en algunos países
musulmanes, pareció probar su argumento. Y esto es algo
desafortunado, porque la gran mayoría de nuestros hermanos y
hermanas musulmanes no cree que el Dios del Islam sea un Dios de
guerra o de odio. De hecho, sus oraciones comienzan con estas
palabras: “En el nombre de Alá, el todo Misericordioso, el más
Compasivo…”
Hayan sido o no las palabras del papa tomadas fuera de contexto,
o malinterpretadas, él ha pedido excusas.
En lugar de sentirnos superiores, los católicos en particular, y
los cristianos en general, debemos reconocer que hemos sido
culpables de los mismos excesos que se vinculan ahora con el
Islam. Las Cruzadas y la Inquisición, después de todo, no están
entre los momentos estelares del cristianismo. El Papa Juan
Pablo II, en nombre de todos los católicos, pidió perdón
públicamente por todos estos pecados históricos en vísperas del
Gran Jubileo del año 2000.
También nosotros debemos preocuparnos de que los
fundamentalistas extremistas no distorsionen lo que enseña el
cristianismo. Recuerdo algunos asesinatos cometidos en clínicas
abortistas en nombre de Dios.
De este modo, un incidente que a primera vista podría parecer un
obstáculo al diálogo interreligioso, podría convertirse, por la
gracia de Dios, en una oportunidad para profundizar las
discusiones y mejorar el entendimiento. Tal ha sido nuestra
experiencia con nuestras hermanas y nuestros hermanos judíos:
los terribles sufrimientos del pasado han rendido, en la
actualidad, grandes frutos en términos de diálogo y de
comprensión.
Esto no significa que no habrá más incomprensiones o heridas.
Todavía hay una gran obra por realizar para que todos los hijos
de Dios vivan en paz. Pero esta obra debe incluir ahora a
nuestros hermanos y hermanas musulmanes, cuyo linaje también se
remonta a Abraham y a la promesa que Dios le hizo a éste: “Tus
descendientes serán tan numerosos como las estrellas”.
Oro por que Dios les dé a todos los pueblos la sabiduría para
echar a un lado el pasado y superar lo que aún no lo haya sido,
de manera que podamos encaminarnos juntos hacia el reino donde
el Dios del Amor se revelará plenamente y será vivido por todos
sus hijos. |