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Las campanas repican en Bavaria
Una
visita a la tierra natal del Papa Benedicto XVI.
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
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Capilla a orillas del lago Starnberg, en Bavaria, que recuerda
el lugar donde murió el rey Ludwig II.
Fotos: Ana Rodríguez-Soto |
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El repicar de las campanas de las iglesias… Creo que esto es lo
que más recordaré de mi viaje a Alemania.
Visité dicho país del 8 al 15 de septiembre, con un grupo de
periodistas católicos, para cubrir los primeros dos días del
viaje del Papa Benedicto XVI a su natal Bavaria.
Pero, desde el momento en que llegamos a Altötting, el segundo
día, hasta nuestra última noche en Worthsee, una ciudad cercana
al Monasterio de Andechs, oí repicar las campanas de las
iglesias, cada hora y cada media hora, sin fallar.
Y esto es algo que no suelo oír en Miami. De hecho, creo que no
son muchos los estadounidenses que escuchan repicar las campanas
de las iglesias en estos días, vivan en grandes ciudades o en
pequeñas comunidades.
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Al terminar la Misa en Altötting, el Papa Benedicto XVI lleva la
Custodia a la nueva Capilla de la Adoración, anexa a la cercana
iglesia de los Santos Felipe y Santiago. |
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Tampoco las iglesias son el centro de nuestras ciudades, como lo
son en cada población de Bavaria, donde los campanarios barrocos
o góticos pueden verse sobre cada pueblo desde varias millas de
distancia, con sus campanas repicando constantemente.
Hasta los pueblos más pequeños tienen iglesias ampliamente
decoradas, con campanas reales, en vez de las electrónicas que
suele haber en la mayoría de nuestras parroquias.
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Niños y adultos esperan la llegada del Papa para la Misa que
tendría lugar en Altötting, sitio de peregrinaciones marianas
desde el siglo IX. |
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El tañer de las campanas es una agradable manera de recordarle a
la gente la presencia de Dios en la vida cotidiana. No me había
dado cuenta de cuán cierto es esto hasta que hice este viaje y
lo experimenté personalmente.
Otra cosa que no sabía, es cuán profundamente arraigada está la
tradición católica en el sur de Alemania. La zona parece tener
tantas iglesias como picos montañosos. El pequeño pueblo de
Altötting cuenta con 20 de ellas, aunque tiene menos de 5,000
habitantes. En el área central de Munich, las iglesias capaces
de albergar a cientos de personas se alzan, literalmente, las
unas frente a las otras, a un lado y otro de la calle. Y esto,
sin contar la catedral.
La región también tiene un gran número de monasterios y de
capillas que atraen a los peregrinos. Los más famosos de estos
sitios son Altötting, un sitio mariano de peregrinación desde
época tan temprana como el siglo IX, y Weischurch, donde una
imagen del Cristo sufriente derramó lágrimas, según se afirmó,
en 1738.
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Innumerables
velas iluminan una capilla en el Monasterio de Ettal, cerca de
Oberammergau. |
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Ambos lugares atraen a miles de visitantes cada año, y muchos de
ellos dejan tras de sí el testimonio de que sus oraciones fueron
escuchadas. También hay monasterios, como Ettal y Andechs, que
se remontan al siglo XII, y donde los monjes y sus ayudantes
siguen fermentando cerveza y schnapps (licores de frutas)
para la población local.
Para quienes se interesan por una peregrinación del siglo XXI,
está Benedikt Trail, un sendero recién creado que recorre la
vida del Papa en Bavaria, desde su lugar de nacimiento en Marktl
hasta su cátedra de profesor en Regensburg. El sendero comienza
realmente en Altötting, al pie del tilo sembrado por Juan Pablo
II durante su visita en 1980.
Muchas de las iglesias y de los monasterios de Bavaria se
originaron en una promesa hecha en un momento de peligro, cuando
algún noble –o una villa, en el caso de Oberammergau– pidieron
protección a Dios. La famosa representación de la Pasión,
montada cada diez años en Oberammergau, es el cumplimiento de
una promesa por parte de los habitantes de la ciudad.
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Vista de la plaza central de Altötting durante la Misa celebrada
allí por el Papa Benedicto XVI. |
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Y cuando hablamos de iglesias, no lo hacemos acerca de simples
estructuras con paredes blancas y desnudas, altares de mármol y
unas cuantas imágenes de santos en las paredes. Estamos hablando
de barroco y de rococó, lo que sólo puede describirse como
grados extremos de la ornamentación. He aquí un ejemplo: no
basta con pintar un ángel en el techo; una pierna del ángel es
de yeso y sobresale de la pintura.
Nuestra conocedora guía alemana, Barbara Tanner, nos explicó la
filosofía que dio vida a esta técnica: el objetivo era crear una
especie de teatrum sanctum (teatro sagrado), para
recordarles a quienes lo contemplasen que la vida en la tierra
es como interpretar un papel en una obra. Al caminar por la
iglesia, nos damos cuenta de que todos desempañamos nuestro
papel en la vida, pero también de que el telón caerá, más tarde
o más temprano, y será entonces cuando nuestra actuación será
juzgada.
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Un sendero de cruces marca el camino hacia el interior de la
iglesia del Monasterio de Andechs. Estas cruces expresan la
gratitud de prisioneros alemanes que pudieron volver a su país
desde Rusia, después de la Segunda Guerra Mundial.
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Ésta era una lección que los antiguos peregrinos comprendían
instintivamente, a pesar de que no supieran leer ni escribir. La
simple acción de caminar por dentro de estas ornamentadas
iglesias, se convertía en un recordatorio visceral de la
grandeza de Dios y de la insignificancia de los mortales.
Ya no somos campesinos analfabetos. El hombre moderno ha salido
en busca de los cielos, y ha llegado a la Luna. Ya no dependemos
de campanas para que nos recuerden la hora. Tenemos relojes,
sofisticados dispositivos electrónicos y teléfonos celulares.
Ya no estamos atados a las tradiciones, al lugar donde nacimos o
a una clase social. El cambio y el movimiento son las constantes
de nuestra época.
Hay una gran cantidad de iglesias en Bavaria, y, por supuesto,
en toda Europa, pero, en la actualidad, quienes las llenan son
mayoritariamente los turistas. Tal vez los campesinos de la Edad
Media se sentían motivados más por la superstición que por la
fe, pero, ¿acaso están en mejor situación quienes hoy no creen
en nada?
Al irme de Alemania, recé por que estas iglesias se llenen una
vez más, y por que las iglesias de los Estados Unidos nunca se
vean abandonadas. Creo que esto aún es posible si nos tomamos el
tiempo necesario para escuchar, de vez en cuando, el repicar de
las campanas.
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