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Boystown,
una “ciudad” para los niños del mundo
Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic
Junto con los recuerdos, llegaron las lágrimas.
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El Arzobispo John C. Favalora rocía con agua bendita la entrada
de una de las dos casas de que consta la instalación Msgr. Bryan
O. Walsh Boystown Children's Village, en Perrine.
Ana Rodríguez-Soto |
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Elly Vilano Chovel no podía contenerlas mientras leía la oración
de los fieles durante la ceremonia de inauguración de las nuevas
instalaciones de Boystown Children’s Village, ubicadas en el
lugar que ocupó el Catholic Home for Children (Hogar Católico
para Niños) desde 1963 hasta 2004, en 9615 Sterling Drive,
Perrine.
Delante de ella estaban sentados los niños, recordatorio vivo de
su propio viaje de refugiada, cuatro décadas atrás. Como ella,
habían llegado solos a este país y encontrado albergue en la
Iglesia Católica.
Ahora, gracias a los esfuerzos de ella y de otras personas que
comparten una historia semejante, los menores sin acompañantes
–de ésta y de futuras generaciones– cuentan con instalaciones
totalmente nuevas a las que podrán considerar su hogar: la
institución Msgr. Bryan O. Walsh Boystown Children’s Village.
Al inaugurar estas instalaciones el 20 de septiembre, el
Arzobispo John C. Favalora les dio el nombre del hombre que hizo
posible el viaje de Chovel, junto con los viajes de por lo menos
otros 14,000 niños, que fueron sacados de Cuba entre 1960 y
1962, en lo que fue el mayor éxodo de menores sin acompañantes
en la historia del hemisferio occidental, y que llegaría a
conocerse como Operación Pedro Pan.
“No es muy común en la vida que uno tenga la oportunidad de
reconocer y de dar las gracias a una institución que,
literalmente, le salvó la vida”, dijo Ralph de la Cruz,
columnista titular del periódico Sun Sentinel, de Fort
Lauderdale. “Es un honor largamente debido éste de decir
gracias, y de ver, además, que aquella gloriosa tradición de
esperanza y de auxilio sigue presente en este lugar”.
A diferencia de Chovel, De la Cruz no llegó a los Estados Unidos
por medio de Pedro Pan, pero también él está agradecido a la
Iglesia Católica.
“Con toda sinceridad, siento que nos salvaron la vida”, dijo De
la Cruz, que salió de Cuba a la edad de cuatro años.
Él y sus padres escaparon de la isla en una embarcación pesquera
de 20 pies de longitud. Sus dos hermanas se habían ido un año
antes, y encontraron refugio en Corpus Christi, Texas, junto a
un grupo de monjas que habían sido expulsadas de Cuba.
De la Cruz y su familia llegaron a Texas sólo con la ropa que
traían consigo, y la comunidad parroquial local les dio todo lo
que necesitaban para comenzar.
“Nos libraron literalmente del mal”, dijo De la Cruz, que actuó
como maestro de ceremonias en la inauguración de Boystown
Children’s Village.
Hoy, los menores sin acompañantes suelen sufrir cicatrices aún
más profundas.
“Hemos experimentado muchos eventos desafortunados que han
marcado nuestras vidas”, tales como el abuso físico y la
violencia doméstica, dijo un portavoz de quienes viven
actualmente en la institución, y cuya identidad no puede ser
divulgada. “Sentimos que la única manera de romper este círculo
fue venir a una tierra de libertad”.
Boystown Children’s Village es operada por Caridades Católicas
de la Arquidiócesis de Miami, con la ayuda de una asignación de
$11 millones para cinco años, otorgada por la Oficina de
Reubicación de Refugiados del Departamento Federal de Salud y
Servicios Humanos (U.S. Department of Health and Human Service’s
Office of Refugee Resettlement). La institución es una de las 15
que forman parte de este programa en el país, y la única en el
estado de la Florida.
“Éste va a ser el programa modelo para todo el país”, dijo
Julián Serrano, funcionario operativo principal de Caridades
Católicas.
Mientras son atendidos, los menores reciben ayuda legal
voluntaria por parte del Centro para la Defensa de los
Inmigrantes en la Florida (Florida Immigrant Advocacy Center).
También toman clases y participan en actividades deportivas y
sociales que les ayudarán a adaptarse a la vida en los Estados
Unidos.
Muchos de los menores llegan a convertirse en residentes
legales. El tiempo de permanencia promedio en la institución es
de 55 días. El año pasado, Boystown albergó a 336 menores entre
las edades de 1 a 17 años, llegados de 15 países, incluyendo a
Albania y Lituania, Cuba y Haití, Perú y Colombia, Guatemala y
El Salvador, e incluso China.
Las nuevas instalaciones fueron diseñadas por el arquitecto Ben
López, y el proyecto fue realizado por la empresa contratista
Landmark Builders, Inc., que es operada por William Pérez, un ex
“Pedro Pan”.
“Esto es un antiguo sueño, no sólo de la agencia, sino también
de Mons. Walsh”, dijo Juan O’Naghten, miembro de la junta
directiva de Caridades Católicas.
O’Naghten señaló que el plan de realizar el proyecto se bosquejó
hace unos 15 años. Mons. Walsh falleció en diciembre de 2001.
Muchas de las personas que donaron fondos para la construcción
de las instalaciones son miembros de Operation Pedro Pan Group
Inc., la organización caritativa oficial de los ex integrantes
de “Pedro Pan” en el país. Una de las misiones de esta
organización es apoyar los programas de asistencia infantil de
Caridades Católicas en la Arquidiócesis. Chovel preside la junta
de fideicomisarios del grupo.
“Ésta ha sido una manera espléndida de celebrar el 75º
aniversario de Caridades Católicas, así como la memoria de Mons.
Walsh”, dijo el Arzobispo Favalora.
Después, dirigiéndose a los menores sin acompañantes que han
llegado actualmente al país, les recordó que el éxito no se mide
por la riqueza alcanzada, sino por la capacidad de compartir.
“La gente ha compartido con ustedes. Espero que algún día,
ustedes tengan la alegría de saber lo que significa compartir”,
les dijo el arzobispo. “Cuando empiecen a hacer dinero,
acuérdense de los pobres”.
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