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Latinos utilizan genealogía para encontrar respuestas al
presente
José Luis Castillo Castro
EFE
Más allá de averiguar el lugar de nacimiento exacto de su padre,
quien llegó a Texas desde México a principios del siglo XX, Art
Garza busca, a través de la genealogía, descubrir si la
enfermedad que hoy lo agobia es hereditaria.
Hace seis años, Garza se enteró de la existencia de la
Organización Hispana para la Genealogía e Investigación (HOGAR,
por su sigla en inglés) que opera en la división de genealogía
de la Biblioteca Pública de Dallas (BPD), y que recibe más de
50,000 visitas al año.
Con las indicaciones de HOGAR, Garza, de 74 años, emprendió la
búsqueda para conocer el lugar de nacimiento de su progenitor,
pero lo único que pudo averiguar es que llegó con sus padres de
Tamaulipas (México) a Texas a principios del siglo XX.
“Indagué hasta encontrar los nombres de mis abuelos y que, al
momento de pisar suelo tejano, eran muy pobres, y que mi padre
era uno de los últimos entre 13 hermanos. Por eso mis abuelos
decidieron darlo en adopción a una familia adinerada”, comentó
Garza.
Pero la curiosidad llevó a Garza a descubrir, además, que muchos
de los miembros de su familia, como sus hermanos, sus tíos y
hasta su padre, habían sufrido dolencias cardíacas, que les
habían costado incluso la vida.
Garza sufre del corazón y vive con un bypass. En 2003 le
diagnosticaron cáncer, y actualmente se somete a quimioterapia.
“La genealogía fue primero un hobby; luego se convirtió
en una indagatoria sobre mis ancestros y sus enfermedades”,
explicó.
Así como Garza indagó sobre la salud de sus antepasados, Dorina
A. Thomas, de 62 años, natural de Kingsville (Texas), también
utilizó la genealogía para el mismo propósito.
“Estaba interesada en la muerte de mis abuelos. Cuando vi los
certificados de defunción pude conocer no sólo los nombres de
sus padres, y así averiguar que habían sufrido de presión
arterial alta y que tuvieron diabetes”, dijo Thomas, quien,
junto a su esposo, fundó en 1998 HOGAR, que ahora cuenta con
alrededor de 80 miembros.
Para Jesse Thomas, de padre estadounidense y madre tejana de
origen mexicano, averiguar sobre sus raíces era más que
importante, “era fundamental para saber quién soy y de dónde
viene mi sangre”.
Con ayuda de libros sobre genealogía y microfilmes donde se
encuentran archivados certificados de bautizo, de matrimonio y
hasta de defunción de iglesias de diferentes denominaciones,
Thomas pudo armar un árbol genealógico para él y su esposa, que
data de varias generaciones.
Según Lloyd Bockstruck, director de genealogía de la BPD,
existen archivos también de los censos hechos por el gobierno,
en donde se puede averiguar, “con paciencia, el origen de
nuestros antepasados desde que se empezaron a archivar, a fines
del siglo XIX”.
Según Jesús y Gloria Benavides, ambos de 73 años y cofundadores
de HOGAR, para “escarbar” el pasado antes del siglo XIX hay que
ir a diferentes fuentes, desde centros universitarios y
bibliotecas en otras ciudades del estado, hasta obituarios de
los periódicos de antaño “y en los panteones que hoy yacen en el
olvido”.
“También es bueno saber escuchar. Mi abuela murió a los 103
años, allá por 1965, y siempre nos habló de que su padre había
peleado en alguna guerra. Primero pensamos que se trataba de
alguna de las guerras mundiales”, dijo Jesús Benavides.
Pero no fue hasta un viaje a Washington, D.C., cuando Benavides
se dio cuenta de que su bisabuelo, Arcadio Ruiz, natural de
Coahuila (México), luchó en la Guerra Civil estadounidense (de
1861 a 1865) con las fuerzas de los estados del norte, “a cambio
de un caballo, y dinero que nunca se le pagó”.
En la misma búsqueda de los antepasados de Gloria Benavides, se
dieron cuenta de que su bisabuelo, Dionisio Rendón, de Laredo
(Texas), combatió en la misma guerra, pero en el otro bando.
“Es un orgullo poder demostrar que, antes de ser Texas, esto fue
territorio mexicano, y antes español, y antes de los indígenas.
Mañana, quién sabe, pero estoy seguro de que todo en esta vida
está escrito y documentado. Sólo hay que saber buscar para luego
descifrar e interpretar”, finalizó Jesús Benavides.
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