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El valor de la unidad americana

En el Mes de la Herencia Hispana

Mario Paredes

Coincidiendo con los festejos por la Independencia de México y terminando con la celebración de “el encuentro de los dos mundos”, entre septiembre y octubre de cada año, celebramos en los Estados Unidos el llamado Mes de la Herencia Hispana.

Hablar de la presencia hispana en este país es, en nuestros días, algo obvio. Las cifras así lo confirman y el último censo poblacional nacional nos aproxima a 45 millones de hispanos residentes en esta nación.

Y la presencia hispana en la vida de los Estados Unidos no es reciente. El mundo hispánico estuvo aquí incluso antes de la llegada de los peregrinos, pues, desde 1550, hombres como Pedro Menéndez de Avilés recorrieron y exploraron, a lo largo y ancho, el territorio que hoy constituye la Unión Americana, y se establecieron en lo que hoy es la Florida antes de que los británicos lo hicieran en Jamestown. Indudablemente, hemos hecho historia en la historia de este país; hemos estado presentes en sus grandes gestas y hemos contribuido enormemente a su desarrollo.

Por esta presencia tan creciente, tan evidente y de cifras tan abrumadoras, temas tales como el de la inmigración o el de la legalización de inmigrantes indocumentados están hoy en los primeros titulares de los medios de comunicación, y entre las principales preocupaciones de las instituciones que dirigen el rumbo del país. De la misma manera, la existencia de dos senadores federales de origen hispano en los Estados Unidos, además de treinta y dos representantes también hispanos en el Congreso federal, nos habla de lo innegable de la presencia hispana en la sociedad norteamericana actual.

Nuestra presencia aquí ya es insoslayable, pero esto solo no nos da la autoridad. La autoridad proviene del hecho de ser actores –vale decir, protagonistas– y no simples espectadores, de nuestro propio devenir en el devenir histórico y social de los Estados Unidos. Sólo entonces mereceremos respeto y reconocimiento.

No basta con que seamos muchos; no basta con la cantidad: es necesaria y urgente la calidad. Es decir, hemos de cualificar nuestra presencia hispana y como hispanos en esta nación. Además de la cantidad numérica se requiere la calidad de la comunidad hispana para la debida inserción (no asimilación) social, religiosa, política, económica, cultural y académica en la vida de este país.

Necesitamos cuestionarnos y cuestionar situaciones –entre otras tantas– como las siguientes:

• La falta de un debate adecuadamente liderado, organizado, razonado, razonable, respetuoso, equitativo, solidario y justo sobre el tema migratorio.

• Qué sentido y significación tiene nuestra presencia en la situación de lucha contra el terrorismo que vive el país, y en la que cientos de jóvenes hispanos han ofrendado sus vidas.

• Qué relación tiene nuestro enorme poder de compra (600 mil millones de dólares al año) con nuestros niveles de presencia competente y competitiva, además del reconocimiento, en el mundo económico y comercial de los Estados Unidos.

•A sabiendas de que en la niñez y la juventud está el porvenir, es muy preocupante el alto índice de deserción escolar entre los niños y jóvenes hispanos en los Estados Unidos, al tiempo que un alto número de ellos se sumerge en el mundo de las pandillas, de las drogas y el alcoholismo, junto a otras formas de evasión y vicio.

•Por qué –y a pesar de los medianos o altos niveles de preparación académica en terrenos teóricos o empíricos de un buen número de hispanos– los estándares de vida, en términos generales, de la comunidad hispana en este país, permanecen bajos y preocupantes.

•Por qué –y a pesar del crecimiento en número de los hispanos que ingresan a los diferentes niveles de gobierno de esta nación, la comunidad hispana sigue careciendo de reconocimiento y de presencia notables en los niveles definitorios de los destinos de los Estados Unidos.

•Además, la masiva inmigración de jóvenes provenientes de nuestros países sin ninguna o muy poca preparación académica para el ingreso en el mundo laboral de este país –que ha abrazado el consumismo y el tecnicismo como sus mayores banderas– los convierte en presa fácil del materialismo y de una existencia vivida sin valores altruistas o trascendentes, llena de ideales truncados, por lo que nuestra niñez y nuestra juventud vienen a ser caldo de cultivo de las miserias humanas, y nicho apetecido por quienes trafican con ellas.

•En nuestra presencia aquí y ahora como comunidad hispana, ¿dónde se encuentran nuestros mejores y más originarios valores históricos, religiosos y culturales, aprendidos de nuestras raíces históricas y culturales latinoamericanas tales como el humanismo cristiano –y, concretamente, católico–, que nos exige descubrir en cada ser humano a un hijo de Dios, a un hermano nuestro?

La tarea hacia el futuro es ardua y exige la participación consciente, responsable, cualificada y generosa de todos los hispanos. Hemos de desarrollar el liderazgo que se requiere para relanzarnos como comunidad protagonista en la construcción del presente y el futuro de los Estados Unidos. Todo lo cual implica mayor educación, mayor preparación y formación, mayor organización y respeto, junto a mayores cuotas de comunicación con la cultura dominante en el compromiso de hacer de esta sociedad una sociedad más viable y más humana, porque aún perviven –aquí y ahora– muchas situaciones de esclavitud o de libertinaje en la nación que proclama la libertad; aún permanecen muchas situaciones de injusticia, de atropello a los más elementales derechos del hombre en el país que dice fundamentarse en el imperio del derecho y de la ley; aún constatamos muchas situaciones infrahumanas o inhumanas en una sociedad que predica el respeto por el ser humano.

Los hispanos debemos tomar parte protagónica en el surgimiento de una nueva sociedad norteamericana verdaderamente tolerante y fraterna. Sociedad que descubra, por fin, el valor unitario, integral y armónico de todo el continente americano: el valor de la unidad americana o Panamericanidad.

Director de Hispanic American Market, Merrill Lynch.
Mario_paredes@ml.com