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“Y ahora, demos todos gracias a Dios”
Mis queridos amigos:
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Arzobispo John C. Favalora |
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Hubo una vez un barco cargado de refugiados que huían de la
persecución en su tierra natal. Muchos de ellos no sobrevivieron
al prolongado viaje a través del mar. Los que sí sobrevivieron
se encontraron después rodeados de dificultades, en una tierra
nueva y extraña. Tuvieron que luchar por dar alojamiento y
comida a sus familias. Y sus vecinos los miraban con
desconfianza, pues no hablaban el mismo idioma.
Pero, a pesar de tan grandes obstáculos, los refugiados salieron
adelante. Como eran cristianos, sintieron el deseo de dar
gracias a Dios por sus nuevas vidas en una nueva tierra. Y
también sintieron el deseo de dar gracias a sus vecinos,
aquellos nativos que, a pesar de su desconfianza inicial,
ayudaron a sobrevivir a los recién llegados.
Y, de este modo, ambas comunidades prepararon juntas una gran
fiesta. Los refugiados y los nativos, los cristianos y los que
no lo eran, sentados unos al lado de los otros para compartir el
mismo pan. Esta cena se convirtió en una importante tradición,
observada cada año por los descendientes de aquellos primeros
recién llegados, y por los nuevos millones de hombres y mujeres
que los siguieron hasta aquella tierra extraña y nueva.
¿No les parece una historia conocida? Por supuesto, ésta es la
historia del primer Día de Dar Gracias (Thanksgiving),
celebrado por los peregrinos y por nuestros nativos americanos.
Pero sigue resonando hoy, porque ésta sigue siendo una tierra de
recién venidos y de refugiados, de nativos que los miran con
desconfianza, de barreras y luchas idiomáticas y, también y a
pesar de todo, de gran regocijo. El regocijo de saber que uno se
ha librado de la opresión y de la persecución, llegando a una
tierra de libertad y de oportunidades.
El Día de Dar Gracias es una fiesta exclusivamente americana,
que comenzó de una manera exclusivamente americana. En cierto
sentido, es un “sagrado día secular”, porque no está vinculado a
una creencia o a un dogma religiosos determinados.
Pero la necesidad de dar gracias encuentra eco en el corazón de
personas de todas las naciones; y las raíces religiosas de esta
necesidad se remontan a las primeras escrituras del pueblo
judío. La fiesta de Sukkot, o de la Siega, se prescribe en el
libro del Éxodo (23:16) para dar gracias por la cosecha.
Curiosamente, tanto el Éxodo como el Levítico se refieren al
Sukkot como una “fiesta de peregrinos”, en la que los israelitas
deben conmemorar lo que Dios hizo por ellos cuando los sacó de
Egipto, y la abundante cosecha que les proporcionó en la Tierra
Prometida. La fiesta está inseparablemente unida a la
experiencia de los israelitas como extranjeros en Egipto.
El Día de Dar Gracias podría ser visto como la versión americana
de la fiesta bíblica del Sukkot. Es la ocasión en que los ex
peregrinos, como lo somos nosotros, conmemoramos y agradecemos
todo lo que Dios ha hecho en favor nuestro.
Ésta es la razón por la que dicha fiesta habla al corazón de
tantas personas de todas las nacionalidades y religiones, y de
todos los nuevos peregrinos que siguen llegando al sur de la
Florida, y a otros lugares de los Estados Unidos.
Que nuestra gratitud vaya siempre acompañada de un espíritu de
bienvenida y solidaridad hacia estos nuevos inmigrantes. Pues,
como el Señor nos recuerda, su súplica fue un día nuestra
súplica, y debemos tratarlos como el Señor nos trató a nosotros:
“No oprimirás al emigrante: ustedes conocen la suerte del
emigrante, porque fueron emigrantes en Egipto”. (Éxodo 23:9.)
¡Feliz Día de Dar Gracias, a ustedes y a sus familias! |