SU SANTIDAD EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 EN LA FLORIDA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 REFLEXIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 QUIENES SOMOS
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA
 
 

V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

“Y ahora, demos todos gracias a Dios”

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

Hubo una vez un barco cargado de refugiados que huían de la persecución en su tierra natal. Muchos de ellos no sobrevivieron al prolongado viaje a través del mar. Los que sí sobrevivieron se encontraron después rodeados de dificultades, en una tierra nueva y extraña. Tuvieron que luchar por dar alojamiento y comida a sus familias. Y sus vecinos los miraban con desconfianza, pues no hablaban el mismo idioma.

Pero, a pesar de tan grandes obstáculos, los refugiados salieron adelante. Como eran cristianos, sintieron el deseo de dar gracias a Dios por sus nuevas vidas en una nueva tierra. Y también sintieron el deseo de dar gracias a sus vecinos, aquellos nativos que, a pesar de su desconfianza inicial, ayudaron a sobrevivir a los recién llegados.

Y, de este modo, ambas comunidades prepararon juntas una gran fiesta. Los refugiados y los nativos, los cristianos y los que no lo eran, sentados unos al lado de los otros para compartir el mismo pan. Esta cena se convirtió en una importante tradición, observada cada año por los descendientes de aquellos primeros recién llegados, y por los nuevos millones de hombres y mujeres que los siguieron hasta aquella tierra extraña y nueva.

¿No les parece una historia conocida? Por supuesto, ésta es la historia del primer Día de Dar Gracias (Thanksgiving), celebrado por los peregrinos y por nuestros nativos americanos. Pero sigue resonando hoy, porque ésta sigue siendo una tierra de recién venidos y de refugiados, de nativos que los miran con desconfianza, de barreras y luchas idiomáticas y, también y a pesar de todo, de gran regocijo. El regocijo de saber que uno se ha librado de la opresión y de la persecución, llegando a una tierra de libertad y de oportunidades.

El Día de Dar Gracias es una fiesta exclusivamente americana, que comenzó de una manera exclusivamente americana. En cierto sentido, es un “sagrado día secular”, porque no está vinculado a una creencia o a un dogma religiosos determinados.

Pero la necesidad de dar gracias encuentra eco en el corazón de personas de todas las naciones; y las raíces religiosas de esta necesidad se remontan a las primeras escrituras del pueblo judío. La fiesta de Sukkot, o de la Siega, se prescribe en el libro del Éxodo (23:16) para dar gracias por la cosecha.

Curiosamente, tanto el Éxodo como el Levítico se refieren al Sukkot como una “fiesta de peregrinos”, en la que los israelitas deben conmemorar lo que Dios hizo por ellos cuando los sacó de Egipto, y la abundante cosecha que les proporcionó en la Tierra Prometida. La fiesta está inseparablemente unida a la experiencia de los israelitas como extranjeros en Egipto.

El Día de Dar Gracias podría ser visto como la versión americana de la fiesta bíblica del Sukkot. Es la ocasión en que los ex peregrinos, como lo somos nosotros, conmemoramos y agradecemos todo lo que Dios ha hecho en favor nuestro.

Ésta es la razón por la que dicha fiesta habla al corazón de tantas personas de todas las nacionalidades y religiones, y de todos los nuevos peregrinos que siguen llegando al sur de la Florida, y a otros lugares de los Estados Unidos.

Que nuestra gratitud vaya siempre acompañada de un espíritu de bienvenida y solidaridad hacia estos nuevos inmigrantes. Pues, como el Señor nos recuerda, su súplica fue un día nuestra súplica, y debemos tratarlos como el Señor nos trató a nosotros: “No oprimirás al emigrante: ustedes conocen la suerte del emigrante, porque fueron emigrantes en Egipto”. (Éxodo 23:9.)

 

¡Feliz Día de Dar Gracias, a ustedes y a sus familias!