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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

3 de diciembre de 2006
1er. Domingo de Adviento (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 21:25-28, 34-36 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y por toda la tierra se angustiarán las naciones, asustados por el ruido del mar y de las olas. Los hombres morirán de espanto, con sólo pensar en lo que le espera al mundo, porque las fuerzas del universo serán conmovidas. Y en ese preciso momento verán al Hijo del Hombre viniendo poderoso y glorioso en medio de la Nube. Por esto ustedes enderécense y levanten sus cabezas cuando se presenten los primeros signos, pues habrá llegado el día de su liberación. Estén alerta, no sea que se endurezcan sus corazones en los vicios, borracheras y preocupaciones de la vida. No sea que ese día caiga de repente sobre ustedes y como la trampa que se cierra. Pues vendrá sobre todos los habitantes de toda la tierra. Por eso, estén despiertos y orando en todo tiempo. Así tendrán fuerzas para escapar de todo lo que debe suceder y podrán estar de pie delante del Hijo del Hombre”.

Comentario breve:
A pesar del lenguaje catastrófico y apocalíptico,* Lucas quiere fortalecer el ánimo de la comunidad creyente para que pueda mantenerse firme en su fe en medio de las pruebas y persecuciones. La vuelta de Cristo es vista como la gran liberación definitiva que debe provocar en los cristianos esperanza y no temor. El mandato de enderezarse y levantar la cabeza es exclusivo de Lucas y alude a la actitud que se espera de nosotros ante cualquiera de los signos escatológicos** esperados. Debemos enderezarnos como prueba de nuestra libertad y dignidad y levantar la cabeza como signo de que no nos hemos distraído del camino de Jesús y de que, a pesar de la fragilidad de nuestro compromiso estamos decididos a dejarnos guiar por la fe en un Dios que es en todo momento liberador y salvador.

*El estilo apocalíptico usa símbolos dramáticos para describir la victoria final del bien sobre el mal.

** La escatología se refiere a “los últimos tiempos”, tiempos de salvación que ya han comenzado con la efusión del Espíritu Santo.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   Lo típico de la fe cristiana es la esperanza. Los cristianos esperamos, no con temor, sino con gozo y confianza.

•   La fe en la victoria final ofrece un fuerte apoyo a los cristianos que sufren en cualquier época, pero especialmente cuando el Evangelio fue escrito, alrededor de los años 80, durante las persecuciones de los romanos.

•   Es una espera activa y no pasiva en la que nos debemos mantener fieles a la oración y seguros de que si llevamos una vida recta podremos estar de pie delante de Dios.

Para la reflexión:

1. ¿Creo que el bien triunfará sobre el mal o me dejo llevar por los falsos profetas que anuncian la destrucción del mundo? Explica.

2. ¿Cómo puedo comunicar y contagiar a otros con mi esperanza?

 

10 de diciembre de 2006
2do Domingo de Adviento (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 3:1-6 Era el año quince del reinado del emperador Tiberio. Poncio Pilato era gobernador de la Judea, Herodes estaba a cargo de la provincia de Galilea, su hermano Filipo a cargo de la Iturea y de la Traconítide, y Lisanias a cargo de Abilene. Los jefes de los sacerdotes eran Anás y Caifás. Ese fue el momento en que Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Juan empezó a predicar su bautismo por toda la región del río Jordán, diciéndoles que cambiaran su manera de vivir para que se les perdonaran sus pecados. Así se cumplía lo que está escrito en el libro del profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus caminos. Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados. Y los ásperos suavizados. Entonces llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará”*.

*Los Esenios de Qumran usaban este mismo texto de Isaías para explicar por qué su comunidad vivía en el desierto estudiando y observando la ley y los profetas.

Comentario breve:
Cada año, el segundo domingo de Adviento está dedicado a Juan el Bautista, el más grande de los profetas judíos. Para Lucas, Juan continúa el papel del profeta Jeremías, consagrado antes de nacer (Jer 1:5; Lk 1:13). Los profetas de Israel no fueron aceptados por los reyes y los líderes religiosos porque sus mensajes desafiaban la corrupción de la autoridad política y religiosa. Juan es parte de esta tradición predicando al margen del mundo oficial de su tiempo y anunciando la venida de uno más fuerte que él.

Su voz clama desde el desierto, el espacio sagrado de las grandes revelaciones y encuentros que Israel tuvo con Dios. Su mensaje es un llamado a la conversión, una conversión radical de la vida hacia el amor y la justicia. El último versículo del texto es típico de Lucas: “Todo mortal contemplará la salvación de Dios”, es decir, el plan de Dios es la salvación universal..

Tres ideas importantes de la lectura:

•   Lucas sitúa la predicación de Juan dentro de un contexto histórico para que así Jesús aparezca dentro del marco de la historia universal.

•   La salvación de Dios es para todos, no solamente para los judíos.

•   Nosotros también estamos llamados a la conversión y a anunciar la venida del Señor.

Para la reflexión:

1. ¿Cuál es la salvación que el Señor ofrece al hombre y a la mujer de hoy?¿Cuáles son los males, infidelidades, esclavitudes, injusticias y mentiras que somos invitados a superar?

2. ¿Qué cambios puedo hacer para prepararme mejor a celebrar la Navidad?

 

17 de diciembre de 2006
3er. Domingo de Adviento (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 3:10-18
En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: “¿Qué debemos hacer?” El les contestaba: “El que tenga dos capas dé una al que no tiene y quien tenga qué comer haga lo mismo”. Vinieron también los cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron: “Maestro, ¿qué tenemos que hacer?” Respondió Juan: “No cobren más de lo debido”. A su vez unos soldados le preguntaron: “Y nosotros, ¿qué debemos hacer?” Les contestó: “No abusen de la gente, no hagan denuncias falsas y conténtense con lo que les pagan”. El pueblo estaba en la duda y todos se preguntaban interiormente si Juan no sería el Cristo. Por lo que Juan hizo a todos esta declaración: “Yo bautizo con agua, pero pronto va a venir el que es más poderoso que yo, al que no soy digno de soltarle los cordones de un zapato: él los bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Tiene en la mano la pala para limpiar el trigo en su era y recogerlo después en su granero. Pero la paja, la quemará en el fuego que no se apaga”. Y con muchas otras palabras anunció la Buena Nueva al pueblo.

Comentario breve:
En esta escena, Juan aclara que él no es el Mesías que Israel esperaba, y a través de una serie de preguntas, explica lo que la conversión y el arrepentimiento significan. La conversión verdadera se demuestra con obras de justicia. Es un modo de vivir que se traduce en renuncia al egoísmo y al abuso de poder. De aprovecharse de los demás se pasa a ser provechoso para todos. Más que un cambio de ideas, la conversión es un cambio de conducta y de valores.

De atesorar ambiciosamente se pasa a compartir generosamente. Del chisme, la simulación, la mentira y la apariencia, se pasa a la más sincera transparencia. El agua derramada sobre los arrepentidos prefiguraba la efusión del Espíritu anunciada por los profetas. Así como el agua da vida al desierto, el Espíritu dará vida eterna a los que se dejen transformar por la Palabra de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   La conversión no es sólo una experiencia interior sino, sobre todo, un cambio hacia los demás.

•   La verdadera conversión exige “limpiar el trigo” (elegir), “recogerlo” (actuar con decisión), para finalmente quemar la paja inútil, es decir, eliminar todo aquello que nos inmoviliza.

•   Este domingo es llamado “de la alegría” (Gaudete); ese es el don que ilumina la verdadera conversión y el mejor signo de la presencia del Reino.

Para la reflexión:

1. Al llegar a este tercer domingo de Adviento, pregúntate: ¿Vivo mi fe cristiana con alegría? ¿Estoy feliz de ser cristiano?

2. ¿Qué crees que el Bautista te exigiría hoy? ¿Qué debes limpiar o quemar en tu “granero”?

 

24 de diciembre de 2006
4to Domingo de Adviento (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según san Lucas 1:39-45
Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró a la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

Comentario breve:
La narrativa del nacimiento de Jesús en Lucas es muy diferente a la que encontramos en Mateo. Aquí el énfasis está en María, Isabel y Zacarías, no en José. Cuando María escucha el anuncio del ángel, su primera objeción es que ella no ha tenido relaciones con hombre alguno. El ángel le da un signo: su anciana parienta, Isabel, está embarazada, porque “nada es imposible para Dios”.

María no sólo acepta la palabra de Dios con profunda fe sino que la demuestra y expresa poniéndose presurosa en camino para visitar a su parienta Isabel. Esta visita tiene un doble propósito: asistir a la anciana Isabel y al mismo tiempo buscar su apoyo y consejo. El protagonista del encuentro es el Espíritu Santo que revela a cada una su futura maternidad y llena de alegría toda la escena. María, doblemente felicitada, es llamada “Bendita” a causa del fruto de su vientre y “Dichosa” a causa de su fe. Ella, la Madre del Señor y la gran creyente es presentada como el mejor modelo de discípulo: aquel que sabe escuchar, confiar y hacer la voluntad del Señor, y es por eso el signo vivo que mejor representa el contenido del Adviento. La fe y el gozo de todo creyente dependerán de la fuerza con que es capaz de creer en las promesas de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   Juan recibe el Espíritu en la presencia de Jesús; el Espíritu llena a Isabel y luego a Zacarías y a Simeón. Esto anuncia la glorificación futura de Jesús que derramará su Espíritu sobre todos (Hechos 2:33). En los dos primeros capítulos de su evangelio, Lucas alude al Espíritu Santo nueve veces.

•   El cometido principal de la fe cristiana es que nos dejemos fecundar por la fuerza del Espíritu y que la Palabra de Dios encuentre eco confiado en nuestro corazón.

•   Honramos a María como la Madre de Dios y como modelo de discípulo.

Para la reflexión:

1. ¿A quién debo visitar en este tiempo de Adviento y Navidad que se aproxima? ¿Hay alguien que necesita mi apoyo y mi visita para que el Espíritu Santo pueda manifestarse?

2. ¿Necesito buscar apoyo y consejo en alguien más sabio que yo durante estos días de preparación para celebrar el nacimiento de Jesús? ¿Qué me detiene?

 

31 de diciembre de 2006
La Sagrada Familia

Lectura del Evangelio según San Lucas 2:41-52
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Y cuando Jesús cumplió doce años fue también con ellos para cumplir con este precepto. Al terminar los días de la Fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día, y después se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén. Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”. El les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que preocuparme de los asuntos de mi padre?” Pero ellos no comprendieron lo que les acababa de decir. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba fielmente en su corazón todos estos recuerdos. Mientras tanto, Jesús crecía y se iba haciendo hombre hecho y derecho, tanto para Dios como para los hombres.

Comentario breve:
El relato lucano nos conduce al Templo para la celebración de la Pascua judía. La próxima vez que Lucas presenta a Jesús en camino a Jerusalén es también para la celebración de la Pascua, pero por última vez antes de su pasión y muerte. La fiesta judía coincide con su propia Pascua: Jesús estará también “perdido” por tres días antes de su resurrección. En la sociedad en que creció Jesús, los niños varones vivían bajo el cuidado de la madre hasta los 12 años en que pasaban al cuidado del padre. Jesús revela su verdadera filiación y su condición de hijo obediente a la voluntad de su Padre Dios. Se nota la presencia de un proceso de comprensión lento, largo y difícil; María y José se convierten en símbolo del proceso de crecimiento en la fe que todo discípulo debe hacer para seguir a Jesús. Los padres vuelven con Jesús a Nazaret para comenzar a trabajar, María guarda en su corazón lo sucedido, permanece abierta a la palabra de Dios y Jesús crece en sabiduría y en gracia.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   María y José tuvieron que descubrir el camino de Dios poco a poco.

•   Jesús, en su condición humana, no pudo ignorar la obediencia debida a sus padres como un joven de doce años. Sin embargo, esta escena demuestra que, para él, la obediencia y fidelidad a Dios estaban por encima de cualquier otra fidelidad.

•   El texto nos lleva más allá de la familia de Nazaret hacia el lugar del Cristo glorioso, que reclama a toda la humanidad como hija de un mismo Dios y miembros de una sola familia.

Para la reflexión:

1  ¿He tenido momentos en que la fidelidad a Dios ha traído tensiones en mi familia? Explique.

2  ¿Acepto a otros diferentes a mí como miembros de la familia de Dios? ¿A quiénes excluyo? ¿Quizás a miembros de mi propia familia?