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 Abusos asexuales

 P. Eduardo Barrios, SJ

El sensacionalismo mediático, en complicidad con la morbosidad del público, conduce a darles excesivo relieve a los escándalos sexuales, sobre todo si provienen de quienes menos podrían esperarse. Tales noticias quedan más picantemente sazonadas si los escándalos tienen que ver con la aberración de relaciones contrarias a la naturaleza.

El furor por lo erótico hace que se soslayen otros abusos quizás más graves. Con la ayuda del derecho eclesiástico, compilado como Codex Iuris Canonici (CIC), vamos a explorar áreas de posibles abusos no sexuales.

Prescribe el derecho vigente: “Los clérigos han de vivir con sencillez, y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad; destinen voluntariamente al bien de la Iglesia y a obras de caridad lo sobrante de lo recibido en el ejercicio de un oficio eclesiástico” (#282). Sería escandaloso que ministros de la Iglesia se sentasen tras el timón de automóviles lujosos o que vacacionasen en remotas y exóticas ínsulas o que frecuentasen restaurantes gourmet o que vistiesen ropa de marca. En cuanto al vestir, hay norma general: “Los clérigos han de vestir un traje eclesiástico digno” (#284). Se supone que el ministro de Dios busque identificarse con Jesús de Nazaret, que “se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Cor 8,9). Sería escandaloso que hubiese ministros ostentando un estilo de vida propio de las clases adineradas.

En relación con el dinero también hay una expresa prohibición: “Se prohíbe a los clérigos dedicarse a negocios y al comercio” (#286).

Puede haber escándalo, además, por no ejercitar bien la misión recibida. “Los clérigos deben aceptar y desempeñar fielmente la tarea que les encomiende su Ordinario” (#274). Si se les encomienda la pastoral de almas en parroquia, se supone que sirvan bien a la feligresía. Habría escándalo si un sacerdote se mostrase poco disponible para oír confesiones o realizar consejería, para visitar a los enfermos, para bendecir hogares y para atender a las demás necesidades espirituales de sus fieles. También escandalizaría el agente pastoral que tratase con impaciencia y aspereza a su rebaño, pues debe comportarse como Jesucristo, que se presentó “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29).

El número 276 del CIC exhorta a los clérigos a buscar la santidad valiéndose de los medios necesarios. Menciona la doble mesa de la Palabra y de la Eucaristía, la liturgia de las horas, la oración mental, la devoción a la Virgen María y la participación en retiros espirituales. El número 279 añade la asistencia a cursos teológicos y reuniones pastorales como medios de formación permanente. El descuido de la vida interior y el absentismo sistemático de un clérigo a los subsidios espirituales que le brindan sus superiores constituiría un grave abuso. Tal clérigo abusaría de sí mismo al privarse del alimento de su vocación, y abusaría contra sus feligreses porque sus negligencias lo convertirían en un instrumento de Dios cada vez más embotado para la misión apostólica.

Las autoridades de la Iglesia no deben limitarse a sancionar a quienes caigan en abusos sexuales. Deben tratar de ayudar a tiempo a quienes presenten síntomas de estar abusando en otros campos. Esa ayuda serviría de medicina preventiva, pues la distancia entre los abusos asexuales y los sexuales puede ser tan corta como el prefijo “a” de asexuales.

ebarriossj@aol.com
Sacerdote jesuita.