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Abusos
asexuales
El sensacionalismo mediático, en complicidad con la morbosidad
del público, conduce a darles excesivo relieve a los escándalos
sexuales, sobre todo si provienen de quienes menos podrían
esperarse. Tales noticias quedan más picantemente sazonadas si
los escándalos tienen que ver con la aberración de relaciones
contrarias a la naturaleza.
El furor por lo erótico hace que se soslayen otros abusos quizás
más graves. Con la ayuda del derecho eclesiástico, compilado
como Codex Iuris Canonici (CIC), vamos a explorar áreas
de posibles abusos no sexuales.
Prescribe el derecho vigente: “Los clérigos han de vivir con
sencillez, y abstenerse de todo aquello que parezca vanidad;
destinen voluntariamente al bien de la Iglesia y a obras de
caridad lo sobrante de lo recibido en el ejercicio de un oficio
eclesiástico” (#282). Sería escandaloso que ministros de la
Iglesia se sentasen tras el timón de automóviles lujosos o que
vacacionasen en remotas y exóticas ínsulas o que frecuentasen
restaurantes gourmet o que vistiesen ropa de marca. En
cuanto al vestir, hay norma general: “Los clérigos han de vestir
un traje eclesiástico digno” (#284). Se supone que el ministro
de Dios busque identificarse con Jesús de Nazaret, que “se hizo
pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Cor 8,9). Sería
escandaloso que hubiese ministros ostentando un estilo de vida
propio de las clases adineradas.
En relación con el dinero también hay una expresa prohibición:
“Se prohíbe a los clérigos dedicarse a negocios y al comercio”
(#286).
Puede haber escándalo, además, por no ejercitar bien la misión
recibida. “Los clérigos deben aceptar y desempeñar fielmente la
tarea que les encomiende su Ordinario” (#274). Si se les
encomienda la pastoral de almas en parroquia, se supone que
sirvan bien a la feligresía. Habría escándalo si un sacerdote se
mostrase poco disponible para oír confesiones o realizar
consejería, para visitar a los enfermos, para bendecir hogares y
para atender a las demás necesidades espirituales de sus fieles.
También escandalizaría el agente pastoral que tratase con
impaciencia y aspereza a su rebaño, pues debe comportarse como
Jesucristo, que se presentó “manso y humilde de corazón” (Mt
11,29).
El número 276 del CIC exhorta a los clérigos a buscar la
santidad valiéndose de los medios necesarios. Menciona la doble
mesa de la Palabra y de la Eucaristía, la liturgia de las horas,
la oración mental, la devoción a la Virgen María y la
participación en retiros espirituales. El número 279 añade la
asistencia a cursos teológicos y reuniones pastorales como
medios de formación permanente. El descuido de la vida interior
y el absentismo sistemático de un clérigo a los subsidios
espirituales que le brindan sus superiores constituiría un grave
abuso. Tal clérigo abusaría de sí mismo al privarse del alimento
de su vocación, y abusaría contra sus feligreses porque sus
negligencias lo convertirían en un instrumento de Dios cada vez
más embotado para la misión apostólica.
Las autoridades de la Iglesia no deben limitarse a sancionar a
quienes caigan en abusos sexuales. Deben tratar de ayudar a
tiempo a quienes presenten síntomas de estar abusando en otros
campos. Esa ayuda serviría de medicina preventiva, pues la
distancia entre los abusos asexuales y los sexuales puede ser
tan corta como el prefijo “a” de asexuales.
ebarriossj@aol.com
Sacerdote jesuita.
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