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Mitos y verdades sobre la investigación
con células madres (II)
En la primera parte de este articulo (LVC,
octubre de 2006, p. 24), reflexionamos sobre las dimensiones
biológicas, éticas y religiosas de la experimentación con
células madres (stem cell research).
En esta segunda parte reflexionaremos sobre las dimensiones
económicas, políticas y sociales de dichas investigaciones.
Dimensión económica
La investigación con las células madres, tanto adultas como
embriónicas, lleva andando más de una docena de años. A través
de este tiempo se han producido ya más de 70 curaciones humanas
distintas con células madres adultas, y cero resultados
con las embriónicas. Este tipo de investigación es sumamente
cara, ya que hay que trabajar con equipos muy sofisticados y con
personal altamente especializado.
En el nivel económico, la investigación con células madres se
considera extremadamente especulativa y riesgosa. Hay que
invertir cientos de millones de dólares, con la esperanza de
obtener fuertes ganancias, pero bajo el riesgo constante de que
no haya resultados positivos y, por lo tanto, se pierda la
inversión. Y todo esto lleva al mundo de las patentes médicas.
Como ya ha habido tantas curas con las células madres adultas,
todas las técnicas que han llevado a esos resultados ya han sido
patentadas por compañías farmacéuticas o biotécnicas. De ahí que
ya queden muy pocas patentes por desarrollar en el ámbito de la
investigación con las células madres adultas.
En contraste, como hasta hoy en día no ha habido ninguna
curación humana con células madres embriónicas, el mundo de las
patentes, a este nivel, está completamente abierto y cualquier
progreso, por pequeño que sea, es patentable. Sin embargo, como
han pasado ya muchos años sin resultados, los inversionistas
privados se están cansando de botar millones de dólares en este
campo. Y ahora han encontrado una forma de pagar estas
investigaciones asignando dinero de nuestros impuestos para
experimentar con embriones humanos que se encuentran congelados
en clínicas de fertilización in vitro.
Dimensión política y social
Existe en este país una fuerte corriente política utilitarista y
pragmatista, la cual justifica los medios con el fin. Para
dichos políticos, el querer descubrir curaciones usando células
madres justifica el experimentar con embriones humanos, pues el
embrión humano no es considerado como persona legal.
Más aún, ahora hay también una ola de políticos tradicionalmente
pro-vida que están declarando que “la vida no comienza en un
laboratorio”, lo cual demuestra una ignorancia suprema.
¡Claro que la vida puede empezar en un laboratorio, y se está
dando continuamente en muchos laboratorios del mundo!
Continuamente, en el laboratorio se están creando animales para
experimentos. Es decir, que la vida (humana y no humana)
comienza cuando un óvulo es fertilizado por un espermatozoide,
ya sea dentro del sistema reproductivo de la hembra, o en el
medio ambiente por fertilización externa, o en una incubadora.
El lugar donde ocurre la fertilización no determina si
hay vida o no.
Declarar que la vida no comienza en un laboratorio es,
políticamente, muy conveniente para justificar el sacarles
provecho, con fondos públicos, a los embriones humanos
congelados.
Como estos políticos no han podido sacar esos millones del nivel
federal, ahora los quieren sacar del estatal. California fue el
primer estado que cayó en esta trampa, hace 2 años: ¡$3,000
millones para experimentar con embriones humanos vivos! Este año
es Missouri, incluyendo la clonación humana para uso
experimental. Y dentro de 2 años, si los votantes no se
movilizan para impedirlo, ¡podría ser la Florida!
(Lea el artículo “Ciudadanos por la ciencia y la ética”, en la
p. 14 de esta edición.)
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