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Trabajadores agrícolas reclaman la reparación de sus hogares
Inquilinos en South Dade y los Redlands enojados por el aumento
de sus alquileres, y por la falta de progreso en la reparación
de sus hogares dañados.
Angelique Ruhi-López
La Voz Católica
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Juan
Carrillo ha vivido en el South Dade Labor Camp y ha trabajado en
los campos de Homestead durante 37 años. Es el presidente de la
Conferencia Santa Ana, de la Sociedad San Vicente de Paúl en
Homestead, y está preocupado por el aumento del alquiler de las
casas en los campamentos de trabajo. Carrillo y las otras
familias que habitan en el campamento desean que sus casas sean
reparadas y mantenidas. “Queremos que reparen todo lo que el
tiempo ha destruido”, señaló Carrillo. “No estamos pidiendo
lujos. No estamos pidiendo las estrellas o la luna”.
Fotos: Cortesía de Peggy Brodeu |
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Aunque el trabajo de un obrero agrícola como Juan Carrillo puede
cambiar según la estación del año, hay algo que se mantiene
constante: siempre tendrá que pagar el alquiler de su vivienda.
Desde agosto, se exige que los trabajadores agrícolas que viven
en South Dade y en los campamentos de trabajo de los Redlands (Redlands
Labor Camps) paguen mensualmente $100 adicionales por el
alquiler.
“Si nosotros vivimos en ese campo, es porque somos de la clase
humilde”, expresó Carrillo, que ha vivido en el South Dade Labor
Camp y ha trabajado en los campos de Homestead durante 37 años.
“Nosotros somos personas que trabajamos por temporadas. ¿A dónde
van a ir aquellos que no pueden pagar el aumento si los
desalojan?”, preguntó. “En Homestead, el alquiler más barato es
de $1,200”, señaló. “¿Para qué traer los niños a Estados Unidos
para sufrir? Los niños no tienen culpa [de] que les falte agua,
que sus padres no puedan pagar la luz. Ahorita, todo es caro en
Homestead y nosotros ganamos lo mismo”.
Carrillo dice que él entiende que es necesario aumentar el
alquiler ocasionalmente. Pero su mayor preocupación es que
muchos de los 600 hogares en estos campos, que son administrados
conjuntamente por la Homestead Housing Authority (Agencia de
Viviendas de Homestead) y el U.S. Department of Agriculture and
Rural Development (Departamento Federal de Agricultura y
Desarrollo Rural, o USDA, por su sigla en inglés), se encuentran
dañados. Algunos están infestados de ratas, otros tienen moho y
están pudriéndose, y los techos de otras muchas viviendas fueron
dañados por el huracán “Wilma” el año pasado.
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Todavía
les faltan muchas tejas a las casas en los South Dade y Redlands
Labor Camps. Los inquilinos también se quejan de daños en las
estructuras de los techos, moho y oxidación en las paredes, y de
las casas que no se han pintado desde el huracán “Andrew”
(1992). La agencia Homestead Housing Authority dice que ya ha
iniciado reparaciones en los techos, y que le tomará más de un
año para terminar las obras en las 600 viviendas de los
campamentos de trabajo. |
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Según Carrillo, la Homestead Housing Authority les explicó a los
inquilinos, en agosto, que el aumento del alquiler se destinaría
al creciente costo del seguro de la propiedad, junto con el
mantenimiento preventivo, los servicios de seguridad y una
cuenta de reserva para el mantenimiento que, según los
reglamentos del Departamento de Agricultura, debe tener por lo
menos $500,000 disponibles para mantener adecuadamente las
casas.
Carrillo, que con su esposa Aracelia es presidente de la
Conferencia Santa Ana de la Sociedad San Vicente de Paúl en
Homestead, se refirió por primera vez al aumento del alquiler
durante una reunión de la sociedad en junio. Otra vicentina,
Peggy Brodeur, también se preocupó por este asunto, y se
convirtió en defensora de la causa de los trabajadores
agrícolas.
“Lo que estamos buscando no es caridad. Queremos justicia.
Queremos que aquellos que pagan sus alquileres y firman un
arriendo, tengan una propiedad mejorada. Ése es nuestro
propósito: la justicia, aunque sean o no sean [inmigrantes]
legales”, indicó Brodeur, presidenta del Kendall Community
Council (Concejo Comunitario de Kendall) y tesorera del concejo
de la Sociedad San Vicente de Paúl en South Miami.
Según el contrato de arriendo de 12 páginas que los inquilinos
están obligados a firmar antes de hallar una casa en los campos
de trabajo, el propietario se compromete a “mantener el local y
los centros en condiciones decentes, sanas y sanitarias”.
Los inquilinos cortan sus propios céspedes, y no se les
proporcionan nuevos refrigeradores ni cocinas. Tienen que
comprar estos equipos ellos mismos. Las viviendas presentan
huecos en las paredes, y los inquilinos tienen que comprar sus
propios aires acondicionados e instalarlos por su propia cuenta.
Hay daños en las estructuras de los techos, y las casas no se
han pintado desde el huracán “Andrew” (1992). Si se tiene que
hacer cualquier reparación, la Homestead Housing Authority la
cobra, explicó Brodeur, añadiendo que la ciudad de Homestead
recientemente proveyó nuevos latones de basura para los campos
de trabajo.
“Hay una actitud de Hermano Mayor, y un opresivo contrato de
arriendo redactado exclusivamente en inglés, que tienen que
firmar. No han sufrido un aumento del alquiler durante 9 años
–lo que inluso ellos admiten que es razonable–, pero ¿qué están
recibiendo por su dinero? ¿Cuando les van a arreglar sus
techos?”, preguntó Brodeur.
Refiriéndose al texto del contrato de arriendo, Edmundo Carrera,
director ejecutivo de la Homestead Housing Authority, afirma que
el mismo está disponible en inglés y español, y que,
próximamente, también lo estará en creole.
Nuevos techos y reparaciones
Carrera dice que los inquilinos que viven en los campos de
trabajo pronto verán reparaciones en todos sus techos.
“Vamos a reemplazar todos los techos, y ya empezamos cerca de
100. Para tratar de completarlos todos, tomará casi un año”,
dijo Carrera. “Actualmente, no tenemos ningún techo
resquebrajado”.
Carrera explicó que los techos con parches no podrían resistir
vientos de huracanes de categoría 3 o más, y que deben repararse
antes de la temporada de huracanes del año que viene.
“Si hubiéramos tenido un huracán este año, hubiéramos tenido
muchos problemas”, señaló. “Nuestras oraciones fueron
respondidas, porque no he tenido tiempo de terminar todos los
techos antes de la próxima temporada de huracanes”.
Según Carrera, aproximadamente de ocho a 10 de los techos más
dañados en el South Dade Labor Camp han sido reparados, y los
techos de aproximadamente 90 casas del Redlands Labor Camp ya se
encuentran arreglados.
Carrillo y los demás trabajadores agrícolas dicen que esto no es
suficiente.
“Queremos que reparen todo lo que el tiempo ha destruido, y que
pinten”, expuso Carrillo. “La asociación no ha hecho nada. Les
pusieron las tejas a muy pocas casas, y hay 300 familias en el
South Dade Labor Camp. No estamos pidiendo lujos. No estamos
pidiendo las estrellas o la luna”.
La respuesta de Carrera: “Tenemos que escoger si queremos gastar
el dinero en comodidades como gabinetes de cocina y ese tipo de
cosa. Es motivo de prioridades. Queremos hacer las dos [cosas],
pero tenemos que usar el dinero ahora para arreglar los techos.
Tenemos que darle hogares seguros y aceptables a la gente”.
“De esos $100 dólares de aumento en el alquiler, ahora todo está
yendo directamente a las reparaciones. Cuando terminemos los
techos, vamos a empezar con lo demás”, añadió Carrera.
En cuanto al aumento en el costo del seguro de la propiedad,
Carrera dijo que su agencia todavía está negociando con la
Citizens Insurance Company y con el USDA para acordar un precio.
Se suponía que la mayor parte de los $100 de aumento en el
alquiler, se iba a destinar a esto.
“La prima y el costo del seguro van a ser tan altos, que no
tendríamos suficiente dinero para hacer las reparaciones. Aunque
gastemos ese dinero [en el seguro] o no, seguimos adelante con
las reparaciones”, indicó Carrera. “Siempre hemos tenido planes
para [realizar] estas [reparaciones], y lo que nos atrasó un
poco fueron los huracanes [del año pasado]”.
“Estamos tratando de proporcionar viviendas a las personas de
bajos recursos, y la última cosa que quiero hacer es aumentar el
alquiler. He estado aquí durante casi 10 años, y aumenté el
alquiler en 3 por ciento un año, y no lo he aumentado desde
entonces”, agregó Carrera. “Pero todo se está poniendo viejo al
mismo tiempo. Necesitamos que siga entrando más dinero”.
Los empleos disminuyen
Ese dinero podría hacerse cada vez más difícil de obtener, a
medida que los obreros agrícolas encaran dificultades crecientes
para encontrar trabajos estables en el área de Homestead.
“Yo estoy trabajando en la agricultura desde que tengo 15 años”,
expresó Carrillo. “Yo trabajé 30 años en esa tierra donde están
ahora construyendo el Homestead Hospital. Antes, eso era 1,000
acres de papas, pero ya no era negocio en los últimos años, y
vendieron el terreno. Ya allí no hay nada”, señaló, “y la gente
sigue llegando. No hay trabajo”
Ya que muchos de los que viven en los campos de trabajo están
subempleados, Carrillo ha decidido pedirle a la Sociedad San
Vicente de Paúl que ayude a 20 familias a pagar su alquiler con
un subsidio de $50 al mes. Carrillo sabrá en la reunión de
noviembre si su propuesta ha sido aprobada.
“Estiramos el presupuesto para ayudar a dos familias con $50, en
vez de a una familia con $100”, indicó Carrillo. “No somos
políticos. Lo que somos es víctimas del sistema, del monopolio.
Estamos muy comprometidos a pagar el alquiler y pagar la luz;
pero nosotros, que desempeñamos el trabajo de la agriculturas,
seguimos siendo números para ellos. No consideran nada de eso”,
señaló.
Brodeur dijo que seguirá cabildeando por los derechos de los
trabajadores agrícolas. Durante la conferencia regional de la
Sociedad San Vicente de Paúl, en octubre, Brodeur hizo una
presentación con fotos de algunas de las casas averiadas, con el
fin de incrementar el conocimiento de este problema y generar
apoyo para los trabajadores agrícolas.
“Ellos no les están quitando los trabajos a ciudadanos
americanos. El trabajador agrícola está aquí porque él es el
único dispuesto a hacer un trabajo agotador y monótono en el
calor y en la lluvia, desde el amanecer hasta la puesta del sol,
y entiende que perderá su empleo cuando no haya suficiente
trabajo”, explicó. “No hay ninguna otra persona dispuesta a
hacer este trabajo”, señaló Brodeur. “Muchos de ellos han vivido
aquí por muchos años; están orgullosos de ser americanos; están
orgullosos de servir a Dios, orgullosos de tener la oportunidad
de que sus hijos obtengan una educación. Son personas de buena
voluntad que trabajan muy duro”.
Los obispos de la Florida designaron el 5 de noviembre como el
Domingo del Obrero Agrícola, para rezar y expresar solidaridad
con los trabajadores. Visite: www.flacathconf.org/farmworkers/farworkersunday.htm
Si desea hacer una donación para ayudar a los trabajadores
agrícolas en los campamentos de trabajo de South Dade y los
Redlands, se le ruega enviar un cheque a: “Society of St.
Vincent de Paul, St. Ann Mission”, y remitirlo a Juan F. y
Aracelia Carrillo, 13466 SW 314 St., Homestead, FL 33033.
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