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 Los inmigrantes desean
que sus voces sean escuchadas

Celebran Simposio sobre Inmigración auspiciado por el Centro de Estudios Sociales y Culturales del Colegio de Belén, en colaboración con la Arquidiócesis de Miami, la Red Apostólica Ignaciana de Miami y los antiguos alumnos de Belén.

Angelique Ruhi-López
La Voz Católica

 Leo Anchondo, director nacional de la Campaña de Justicia para los Inmigrantes, habló del desarrollo de la política de inmigración durante el simposio, el 25 de octubre.
Fotos: Angelique Ruhi-López

María Jiménez sabe todo lo que necesita saber sobre los asuntos de inmigración: su status migratorio le impide obtener una educación universitaria.

Su participación en el Simposio sobre la Inmigración celebrado el 25 de octubre en el colegio Belen Jesuit Preparatory School no fue una lección para ella, sino una enseñanza para otros.

“Yo no soy terrorista. Yo no soy una mala persona. Mis padres están trabajando en los campos por mí, y lo único que deseo es una educación”, expresó Jiménez, quien explicó con lágrimas en los ojos que, aunque se graduó de la escuela secundaria con honores aquí en los Estados Unidos, tiene que pagar el triple por sus clases universitarias porque es una inmigrante ilegal.

“Me cobran bastante. Me han ofrecido becas, pero después me las niegan porque no tengo número de Seguro Social”, dijo durante una sesión de preguntas y respuestas que siguió a las disertaciones realizadas por expertos en el tema de la inmigración.

José Delgado, un trabajador agrícola que ha estado en los Estados Unidos desde 1986, ofrece su testimonio durante el simposio.

El simposio fue presentado por el Centro de Estudios Sociales y Culturales de Belen Jesuit, en colaboración con la Arquidiócesis de Miami, la Red Apostólica Ignaciana de Miami (RAIM), y los antiguos alumnos de Belén.

Angélica González, madre de Jiménez y natural de México, se preocupa por el futuro de su hija aquí.

“Ella se siente insegura en este país”, indicó González. “Nosotros trabajamos en el campo. Ella tiene que estudiar y trabajar, pero no tiene comprobantes”.

Una conferencista, Gloria Luna, coordinadora de la campaña de Justicia para los Inmigrantes, de la Arquidiócesis de Miami, prometió ayudar a Jiménez. Luna animó a la audiencia a apoyar el DREAM Act, para que los jóvenes indocumentados como Jiménez puedan pagar su educación universitaria.

Entre las otras iniciativas de Luna están: la creación de una red de parroquias interesadas en organizar su comunidad alrededor de asuntos migratorios, además de pedirle al condado Miami-Dade que se convierta en “santuario”, para que los policías no puedan preguntarles por su status migratorio a aquellas personas que sean detenidas por infracciones de tráfico.

“Los inmigrantes son extremadamente vulnerables, dado su gran temor de ser deportados”, explicó Luna, añadiendo que de las 153,000 personas deportadas de los Estados Unidos el año pasado, 3,572 vivían en la Florida.

Luna enfocó su presentación en la grave situación de los inmigrantes dentro del territorio abarcado por la Arquidiócesis, pero otros conferencistas presentaron los ángulos nacionales e históricos de la inmigración.

El sacerdote jesuita William Rickle, que actualmente está estableciendo el Institute on Migration, Culture and Ministry (Instituto de Migración, Cultura y Ministerio) de Loyola College, en Maryland, explicó las causas históricas de la inmigración, y destacó el hecho de que la misma es un asunto global, no sólo nacional.

“Hoy existen nuevos retos y no estamos preparados para estos cambios”, señaló el P. Rickle. “Las religiones y las culturas en los Estados Unidos hacen que la población hispana sea un grupo particularmente cuestionado. Tenemos que estar discerniendo y no sólo reaccionando”.

Leo Anchondo, director nacional de la Campaña de Justicia para los Inmigrantes, de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB), hizo su presentación sobre el desarrollo de la política de inmigración.

“Nuestras actuales normas de inmigración hacen muy poco por controlar la inmigración y garantizar la seguridad; de otro modo, estaríamos haciendo más para asegurar nuestros puertos y nuestras fronteras con Canadá”, expresó Anchondo.

Anchondo también cuestionó la construcción de un muro en la frontera entre los Estados Unidos y México, indicando que el costo de la edificación podría llegar a $9,000 millones.

“Como alguien en Washington dijo recientemente: ‘Si usted quiere construirlo, pero a la vez quiere expulsar a todos los inmigrantes, ¿quien lo va a construir?’” señaló Anchondo.

“Como católicos que somos, tenemos una responsabilidad basada en nuestra condición de iglesia inmigrante, y estamos llamados a ser voz de los que no tienen voz”, agregó.

Otros de los conferencistas que participaron en el simposio fueron el P. Mario Vizcaíno, Sch.P., director del Instituto Pastoral del Sudeste (Southeast Pastoral Institute, o SEPI), que habló sobre la carta pastoral Ya no somos extranjeros, suscrita por los obispos de México y los Estados Unidos. Por su parte, el P. José Núñez, S.J., del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), habló sobre los flujos migratorios.

Durante la sesión de preguntas y respuestas, algunos de los asistentes al evento manifestaron inquietudes tales como: “¿Y ahora que? ¿A dónde vamos? ¿Qué podemos hacer aquí en la Arquidiócesis de Miami?”

El testimonio de José Delgado, un trabajador agrícola que, como María Jiménez, asistió al evento para exponer su testimonio, pareció ofrecer una respuesta:

“Entré a este país en 1986”, dijo Delgado. “Quisiera decir todo mi dolor y mis lágrimas porque nos discriminan, porque nos llaman terroristas a nosotros los inmigrantes. Nadie sabe cómo se sufre sin tener una identificación. Voten a favor del inmigrante, para que no haya discriminación. Infórmense. Espero que escuchen la voz de todo inmigrante a través de mi voz”.