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Para ser un buen vecino
Conferencia
ecuménica ofrece sugerencias para combatir la pobreza y reducir
la deuda en Latinoamérica
César J. Baldelomar
The Florida Catholic
El peso de la deuda en Latinoamérica ha ocasionado un
inimaginable dolor y sufrimiento para los habitantes más
marginados de la región. La deuda ha contribuido a un serio
desempleo, a la desigualdad en las estructuras sociales, al
derrumbe de las instituciones cívicas, y a imprevisibles brotes
de enfermedades a través del continente. Las respuestas de los
vecinos norteños de Latinoamérica ha sido menos que entusiasta.
Pero una conferencia ecuménica que tuvo lugar el 18 de noviembre
en la Universidad de St. Thomas intentó afrontar la pobreza y la
deuda en Latinoamérica. La conferencia reunió a expertos
religiosos y laicos en economía y política pública para discutir
“Cómo ser un buen vecino: Para superar la pobreza, la enfermedad
y la deuda en América Latina”.
En su reflexión pastoral al iniciar la jornada, el Obispo Thomas
Wenski, de Orlando, estableció el tono de la conferencia, al
hacer un llamado urgente a los asistentes para que recordaran
que “la solidaridad mundial es la piedra angular de la lucha de
la Iglesia Católica contra la pobreza”.
“Como el Buen Samaritano, necesitamos echar a un lado nuestras
necesidades y concentrarnos en la de nuestro prójimo, y esta
conferencia reúne a expertos en economía para ayudarnos a
entender cómo ser un buen vecino”, dijo el Obispo Wenski.
Su punto de vista fue el mismo que el de Amanda Canseco, quien
asistió a la conferencia y es voluntaria de la Campaña ONE.
Canseco dijo que “la lucha contra la pobreza es una lucha que
todos debemos librar unidos. Afecta a todas las comunidades de
fe”.
La primera experta en hablar fue Kristen Sundell, de Jubilee
USA, una organización con sede en Washington, DC, dedicada a la
lucha contra la pobreza mundial. De acuerdo a Sundell, uno de
los temas de mayor urgencia en la agenda de la organización es
“promover la cancelación inmediata de la deuda de Haití”.
Al ser la nación más pobre del Hemisferio Occidental, “Haití no
puede continuar el pago de una deuda odiosa”, dijo Sundell. “La
deuda es odiosa porque fue establecida sin el consentimiento del
pueblo haitiano”.
Sundell indicó además que en 2004, las naciones del Sur pagaron
$190,000 millones más (en intereses) que lo que el Norte les
brindó en ayuda. Eso es un flujo neto de $190,000 millones que
van del Sur al Norte”.
Luego ofreció alarmantes estadísticas sobre la prevalencia de la
tuberculosis, el VIH y el SIDA, y la malaria en América Latina.
Concluyó su presentación al recordar a la audiencia que no
“subestime su capacidad para lograr el cambio. Su voz es muy
importante”.
Eugene Nyambal, nativo de Camerún y economista especializado en
América Latina, inició su presentación al aclarar que, en
términos de salarios, “Latinoamérica es el continente más
desigual, aparte del África sub-sahariana”.
Citó problemas como la deuda externa de América Latina, que ha
aumentado de $445,000 millones en 1990, a $779,000 millones en
2004. Mencionó además la cantidad desproporcionada de
exportaciones utilizadas para pagar la deuda externa, que
aumentó de 23 por ciento en 1990 a 26.4 por ciento en 2004.
Esta deuda, junto con el uso de productos domésticos para
pagarla, no sólo privan de acceso al dinero a los ciudadanos más
marginados de América Latina, sino también del acceso a los
mismos productos que elaboran, dijo Nyambal.
Son muchas las causas de la deuda, que parece insuperable.
“La falta de incentivos para mejorar las condiciones de vida de
los ciudadanos, la limitada diversificación económica, la gran
desigualdad entre la clase alta y la pequeña clase media, el
gasto explosivo en instituciones militares y débiles, son sólo
ejemplos de por qué América Latina se encuentra en peligro,”
expresó Nyambal. “Pero la esperanza permanece viva para nuestras
hermanas y hermanos en Latinoamérica. Recuerden que hay retos
que enfrentar. Las organizaciones de base necesitan crear
conciencia en sus comunidades locales”.
Entre otros conferencistas se encontraban Aldo Caliari, del
Center of Concern, y el P. Andrew Small, asesor de política
internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de los
Estados Unidos.
Caliari habló sobre la necesidad de que “las comunidades de fe
hagan preguntas más profundas sobre la crisis provocada por la
deuda en América Latina”.
De igual manera, el P. Small hizo un llamado urgente a los
participantes para que reflexionaran en el sufrimiento de los
marginados.
“Lo que está claro sobre la creciente brecha entre los ricos y
los pobres es que quienes tienen más necesidad, son los que
menos reciben,” indicó el P. Small. “Para combatir esta terrible
injusticia social que ocurre en Latinoamérica, es nuestro deber
leer el periódico de manera inteligible. Ser vecinos informados
significa ser buenos vecinos”.
El resto de la conferencia consistió de sesiones de discusión,
en las cuales los participantes tuvieron la oportunidad de
dialogar con los conferencistas.
Al preguntársele cuál es la importancia de preocuparse por la
deuda en América Latina, Marilyn Barbato, una de las asistentes,
respondió que “debido a que, durante siglos, los Estados Unidos
han desempeñado un papel opresivo en Latinoamérica, es nuestro
deber preocuparnos por aliviar a quienes hemos hecho daño”.
“Esta conferencia es un paso en la lucha contra la pobreza en
América Latina. El único fallo es que casi ni se mencionó el
problema ambiental”, dijo un participante que prefirió
permanecer en el anonimato.
“En resumen,” dijo John Placencia, de West Palm Beach, “esta
conferencia logró su propósito de promover la acción entre las
organizaciones de base en la fe, así como enseñarnos la manera
de ser vecinos efectivos y atentos”.
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