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Mitos y verdades sobre la investigación
con células madres (II)

 P. Alfred Cioffi

En la primera parte de este articulo (LVC, octubre de 2006, p. 24), reflexionamos sobre las dimensiones biológicas, éticas y religiosas de la experimentación con células madres (stem cell research).

En esta segunda parte reflexionaremos sobre las dimensiones económicas, políticas y sociales de dichas investigaciones.

 

Dimensión económica

La investigación con las células madres, tanto adultas como embriónicas, lleva andando más de una docena de años. A través de este tiempo se han producido ya más de 70 curaciones humanas distintas con células madres adultas, y cero resultados con las embriónicas. Este tipo de investigación es sumamente cara, ya que hay que trabajar con equipos muy sofisticados y con personal altamente especializado.

En el nivel económico, la investigación con células madres se considera extremadamente especulativa y riesgosa. Hay que invertir cientos de millones de dólares, con la esperanza de obtener fuertes ganancias, pero bajo el riesgo constante de que no haya resultados positivos y, por lo tanto, se pierda la inversión. Y todo esto lleva al mundo de las patentes médicas.

Como ya ha habido tantas curas con las células madres adultas, todas las técnicas que han llevado a esos resultados ya han sido patentadas por compañías farmacéuticas o biotécnicas. De ahí que ya queden muy pocas patentes por desarrollar en el ámbito de la investigación con las células madres adultas.

En contraste, como hasta hoy en día no ha habido ninguna curación humana con células madres embriónicas, el mundo de las patentes, a este nivel, está completamente abierto y cualquier progreso, por pequeño que sea, es patentable. Sin embargo, como han pasado ya muchos años sin resultados, los inversionistas privados se están cansando de botar millones de dólares en este campo. Y ahora han encontrado una forma de pagar estas investigaciones asignando dinero de nuestros impuestos para experimentar con embriones humanos que se encuentran congelados en clínicas de fertilización in vitro.

 

Dimensión política y social

Existe en este país una fuerte corriente política utilitarista y pragmatista, la cual justifica los medios con el fin. Para dichos políticos, el querer descubrir curaciones usando células madres justifica el experimentar con embriones humanos, pues el embrión humano no es considerado como persona legal.

Más aún, ahora hay también una ola de políticos tradicionalmente pro-vida que están declarando que “la vida no comienza en un laboratorio”, lo cual demuestra una ignorancia suprema.

¡Claro que la vida puede empezar en un laboratorio, y se está dando continuamente en muchos laboratorios del mundo! Continuamente, en el laboratorio se están creando animales para experimentos. Es decir, que la vida (humana y no humana) comienza cuando un óvulo es fertilizado por un espermatozoide, ya sea dentro del sistema reproductivo de la hembra, o en el medio ambiente por fertilización externa, o en una incubadora. El lugar donde ocurre la fertilización no determina si hay vida o no.

Declarar que la vida no comienza en un laboratorio es, políticamente, muy conveniente para justificar el sacarles provecho, con fondos públicos, a los embriones humanos congelados.

Como estos políticos no han podido sacar esos millones del nivel federal, ahora los quieren sacar del estatal. California fue el primer estado que cayó en esta trampa, hace 2 años: ¡$3,000 millones para experimentar con embriones humanos vivos! Este año es Missouri, incluyendo la clonación humana para uso experimental. Y dentro de 2 años, si los votantes no se movilizan para impedirlo, ¡podría ser la Florida!

(Lea el artículo “Ciudadanos por la ciencia y la ética”, en la p. 14 de esta edición.)