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Benedicto XVI viaja a Turquía

El Papa promueve la unidad entre los cristianos
y el diálogo interreligioso
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ACI/Redacción

 El Papa Benedicto XVI sostiene una bandera turca al final de la Misa celebrada en la iglesia de la Virgen María, cerca de las ruinas de la mítica ciudad de Éfeso, el 29 de noviembre de 2006. El pontífice hizo un llamamiento a la paz en el Cercano Oriente.  EFE/Patrick Hertzog / POOL

Con la intención de encontrarse con la minoritaria feligresía católica, alentar el esfuerzo ecuménico con la Iglesia Ortodoxa y reforzar el diálogo interreligioso, especialmente con el mundo islámico, el Papa Benedicto XVI arribó el 28 de noviembre a Ankara, Turquía, donde sostuvo encuentros con diversas autoridades gubernamentales y religiosas.

El Santo Padre fue recibido por el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, además del presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Turquía, Mons. Ruggero Franceschini, y el secretario de la nunciatura apostólica, Mons. Christophe-Zakhia El-Kassis.

El pontífice se reunió con el premier turco e hizo una visita de cortesía al presidente Ahmet Necdet Sezer. Posteriormente, se encontró con el viceprimer ministro Mehmet Ali S¸ahin.

Al reunirse con el ministro de Asuntos Religiosos de Turquía, Mehmet Aydin, el Papa Benedicto XVI destacó los puntos en común entre cristianos y musulmanes, que deberían permitir un diálogo “sincero entre amigos”, y recordó la urgencia de que se garantice la libertad religiosa.

El Santo Padre insistió en que el diálogo entre cristianos y musulmanes debería ser “como un intercambio sincero entre amigos”, debido a que “cristianos y musulmanes, siguiendo cada quien su respectiva religión, apuntan hacia la verdad del carácter sagrado y la dignidad de la persona”.

“Ésta es la base de nuestro mutuo respeto y estima, ésta es la base para la cooperación en el servicio de paz entre las naciones y los pueblos, el mayor deseo de todo creyente y de todos los pueblos de buena voluntad”, indicó.

“Como hombres y mujeres de religión, nos desafía el ampliamente difundido anhelo de justicia, de desarrollo, de solidaridad, de libertad, seguridad, paz, defensa de la vida, protección del medio ambiente y los recursos del planeta”, agregó.

En este sentido, el Papa consideró que “podemos ofrecer una respuesta creíble a la pregunta que surge claramente en la sociedad actual, aun cuando sea frecuentemente echada a un lado: la pregunta sobre el significado y sentido de la vida, para cada individuo y para la humanidad como un todo”.

“El mejor camino a tomar es el auténtico diálogo entre cristianos y musulmanes, basado en la verdad inspirada en el sincero deseo de conocernos mejor los unos a los otros, respetando diferencias y reconociendo lo que tenemos en común”, añadió.

Finalmente, destacó que “la libertad religiosa, institucionalmente garantizada y efectivamente respetada en la práctica, tanto para el individuo como para la comunidad, constituye para todo creyente la condición necesaria para su leal contribución a la construcción de la sociedad, en una actitud de auténtico servicio, especialmente hacia los más vulnerables y pobres”.

El 29 de noviembre, el papa sostuvo un encuentro con la minoría católica turca en la conocida “Casa de María” en Éfeso, y desde allí pidió que la Iglesia sea signo e instrumento eficaz de paz en el mundo.

En su homilía, el Papa agradeció a Dios por “la maternidad divina de María”, y afirmó que Éfeso era “uno de los lugares más queridos por la comunidad cristiana”.

“Desde este extremo de la península de Anatolia, puente natural entre continentes, invocamos paz y reconciliación ante todo para los que viven en la tierra que llamamos ‘santa’ y que es considerada así por cristianos, judíos y musulmanes: es la tierra de Abraham, de Isaac y de Jacob, destinada a albergar a un pueblo que fuera bendición para todas las gentes. ¡Paz para toda la humanidad! ¡Que se cumpla pronto la profecía de Isaías (…) ‘¡No levantará espada nación contra nación ni se ejercitarán más en la guerra!’”, exclamó.

El papa consideró motivo de “alegría y alabanza a Dios” que en la ceremonia participasen católicos de diversos ritos.

El 30 de noviembre, Benedicto XVI y Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ortodoxo de Turquía, firmaron una declaración conjunta en el Patriarcado Ecuménico de Estambul, en la que renovaron el compromiso evangelizador de católicos y ortodoxos, y pidieron la unidad de los esfuerzos ante la secularización que se extiende sobre todo en el mundo occidental.

En el documento, ambos líderes religiosos sostienen que “como pastores hemos reflexionado sobre todo acerca de la misión de anunciar el Evangelio en el mundo de hoy”, y “no podemos ignorar el crecimiento de la secularización, del relativismo e incluso del nihilismo, sobre todo en el mundo occidental”.

Asimismo, destacan que han “valorado positivamente el camino hacia la formación de la Unión Europea”, y señalan que “los actores de esta gran iniciativa no dejarán de tener en cuenta todos los aspectos que conciernen a la persona humana y sus derechos inalienables, sobre todo la libertad religiosa, testigo y garante del respeto de todas las demás libertades”.

El Papa y el Patriarca reconocen en el documento las dificultades que deben afrontar los cristianos en algunos lugares del mundo, “en particular la pobreza, las guerras y el terrorismo, así como las diversas formas de explotación de los pobres, emigrantes, mujeres y niños”.

Ambos aseguraron seguir “con interés la paz en el Cercano Oriente, donde nuestro Señor vivió, sufrió, murió y resucitó, y donde vive, desde hace tantos siglos, una multitud de hermanos cristianos. Deseamos ardientemente que la paz se restablezca en aquella tierra, que se refuerce la coexistencia cordial entre sus diversas poblaciones, entre las iglesias y las diferentes religiones. Para ello, exhortamos al establecimiento de relaciones más estrechas entre los cristianos y a un diálogo interreligioso auténtico y leal, para combatir toda forma de violencia y de discriminación”.

En la tercera jornada de su viaje pastoral a Turquía, el papa recorrió el histórico Museo de Santa Sofía, uno de los principales símbolos del país, y visitó la Mezquita de Sultanhamet, convirtiéndose en el segundo pontífice que ingresa a un centro de oración musulmán.

En el interior de la mezquita, el Papa Benedicto XVI paseó descalzo por el recinto. Después de escuchar algunas indicaciones sobre la tradición musulmana de los viernes, el Santo Padre se dispuso a rezar durante un minuto “mano sobre mano”.

Concluida la visita a la mezquita, el Papa se dirigió a la Catedral Armenia Apostólica de la ciudad. En su discurso, destacó que el encuentro sostenido con Su Beatitud, el Patriarca Mesrob II Mutafian, “es más que un simple gesto de cortesía ecuménica y amistad”.

“Es un signo de nuestra esperanza compartida en las promesas de Dios y nuestro deseo de ver cumplida la oración que Jesús ofreció” por la unidad de sus discípulos, “para que sean uno en el Padre”, indicó.

“Las trágicas divisiones que, con el tiempo, han ocurrido entre los seguidores de Cristo contradicen abiertamente la voluntad del Señor, han generado escándalo en el mundo y han dañado la causa más justa, la predicación del Evangelio a toda criatura”, dijo el Papa.

A continuación, Benedicto XVI exhortó a “juntos seguir rezando por la unidad de todos los cristianos, para que, al recibir este don de lo alto con los corazones abiertos, seamos testigos más convincentes de la verdad del Evangelio y mejores siervos de la misión de la Iglesia”.

El Santo Padre se dirigió después a la Representación Pontificia de Estambul, en donde se reunió primero con el Metropolita Siro-Ortodoxo, el Patriarca Filuksinos Yusuf Çetin; y momentos después con el Gran Rabino de Turquía, Isak Haleva.

El Papa Benedicto XVI terminó su histórico viaje pastoral a Turquía el 1º de diciembre, con una Misa en la Catedral del Espíritu Santo, de Estambul, en la que recordó que la Iglesia no busca poderes o bienes, y sólo pide libertad para cumplir su misión de anunciar a Cristo.

En este sentido, precisó que “la misión de la Iglesia no consiste en defender unos poderes, ni en obtener riquezas; su misión es ofrecer a Cristo, hacer partícipes a las personas de la vida de Cristo, el bien más precioso del ser humano, que Dios mismo nos da en su Hijo”.

Por eso, indicó que “la Iglesia no quiere imponer nada a nadie y pide simplemente poder vivir libremente para revelar a Aquel que no puede esconder, a Jesucristo. Acoged siempre al Espíritu de Cristo, y por tanto, estad atentos a los que tienen sed de justicia, de paz, de dignidad y de consideración para ellos mismos y para sus hermanos”.

“Junto con María, pidamos a Cristo Señor: Envía tu Espíritu Santo sobre toda la Iglesia; que habite en cada uno de sus miembros y que haga de ellos mensajeros de tu Evangelio!”, exclamó.

En la Misa papal participaron miembros de diferentes comunidades de la ciudad y de diversos ritos de la Iglesia Católica. También estuvieron presentes el Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I, el Patriarca Armenio Apostólico, Su Beatitud Mesrob II, el Metropolitano Siro-Ortodoxo, Filuksinos Yusuf Cetin, y los representantes de las iglesias protestantes.