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V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

¿Salvar a las ballenas, pero no a los bebés?

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

El mes pasado, ABC News informó acerca de algunas “sorprendentes imágenes de animales en la matriz”.

Las imágenes se obtuvieron utilizando la misma tecnología de ultrasonido que durante casi dos décadas ha permitido a los padres “asomarse” a la matriz de la madre y, si así lo desean, conocer el sexo del hijo que les está por nacer.

Según parece, esta tecnología de ultrasonido no había sido empleada en animales hasta que los científicos de National Geographic emprendieron este estudio, cuyo objetivo es ayudar a los animales a “sobrevivir”.

Leamos algunos de los comentarios emitidos por el reportero, basándose en las observaciones hechas por los científicos:

  • “Sorprendentes imágenes de animales en la matriz arrojan nueva luz sobre el comienzo de la vida…”

  • “Al principio, todos somos muy semejantes; el espermatozoide se encuentra con el óvulo y muy pronto el embrión genera un corazón, ojos, miembros…”

  • “El comportamiento animal se manifiesta ya en el útero, que es realmente donde estos animales comienzan a desarrollar su instinto de supervivencia…”

  • “Un delfín no nacido nada en el útero mucho antes de nadar en el mar. Un cachorrillo comienza a jadear antes de nacer, y éste será después su recurso principal para mantener su temperatura…”

  • “Las imágenes son, en efecto, impresionantes, pero los investigadores dicen que al aprender de ellas podrán ayudar a los animales a sobrevivir…”

Cuán triste es que imágenes semejantes de bebés chupándose el pulgar dentro de las matrices de sus madres –imágenes que ya existían hace 34 años– no convencieran a nuestra Corte Suprema de que la vida humana en gestación tenía el mismo derecho a sobrevivir, y, por ello, de que era merecedora de protección legal.

De hecho, hace más de una década, siendo yo miembro de la comisión pro-vida de los Obispos de Estados Unidos, tratamos de mostrar imágenes muy similares de bebés dentro de la matriz en una audiencia congresional. La presidenta del comité congresional nos lo impidió.

Me pregunto: si ella hubiera estado hoy en la misma posición, ¿se hubiera negado a mostrar estas imágenes de animales en gestación dentro de la matriz materna? Si las audiencias hubieran sido acerca de la protección de la vida animal, ¿se habrían considerado estas imágenes como excesivamente perturbadoras para ser mostradas?

Porque no dejan duda alguna de que lo que se está desarrollando dentro de la matriz es un elefante, o un perro, o un delfín. Se trata de vida animal en su fase inicial. Del mismo modo, lo que encontramos dentro de la matriz de una mujer es vida humana en su fase inicial, no un simple conglomerado de células.

Estas imágenes de animales dentro de la matiz no fueron obtenidas por celosos militantes pro-vida, ansiosos de “imponer sus creencias religiosas” a sus conciudadanos estadounidenses. Estas imágenes –tal como las de los bebés chupándose el pulgar y moviendo las piernas dentro de la matriz– fueron obtenidas por científicos.

Pero ni los hechos ni la ciencia tienen cabida en nuestros debates sobre el aborto. Sobre esta cuestión, todos queremos que se haga lo que deseamos.

De modo que hay personas dispuestas a pegar en sus autos un letrero que diga “Salven a las ballenas”, pero no uno que diga “Salven a los bebés”.

Cuando aparece un perro o un gato abandonado y hambriento, el clamor es inmediato. Cientos de personas se ofrecen para adoptar al animal e impedir su muerte.

Apuesto a que escucharíamos un clamor semejante si alguien propusiera dañar al perro, al elefante o al delfín en gestación que aparecen en las fotos de National Geographic. ¿Pero dónde está el clamor por los más de un millón de bebés que son muertos cada año por el aborto, tan sólo en este país?

Ya lo he dicho antes: la lógica no funciona en este país cuando se trata del aborto. Nuestras opiniones se han vuelto completamente esquizofrénicas, y mientras sea así, seguiremos divididos acerca de esta cuestión. Pues nadie es más ciego que quien se niega a ver.