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 Si quieres la paz, trabaja por la justicia

La reconciliación es el único camino a una sociedad
más justa y pacífica, dice galardonada teóloga.

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 Ada María Isasi-Díaz.

Aunque los Evangelios proclaman que Jesús nos pide que seamos uno, eso no sucede en nuestros días, expresó Ada María Isasi-Díaz, profesora de ética y teología de la Universidad de Drew, en Nueva Jersey, quien recibió este año el premio Yves Congar de la Universidad de Barry, en Miami Shores.

“Necesitamos admitir cuán equivocados estamos los unos con los otros. Eso crea desavenencias y divisiones que necesitamos sanar para ser uno”, dijo Isasi-Díaz.

Natural de Cuba, y con familia en Miami, Isasi-Díaz es la primera latina que recibió un doctorado en teología en los Estados Unidos. Es, además, autora de varios libros, entre ellos Hispanic Women: Prophetic Voice in the Church (“Mujeres hispanas: Voz profética en la Iglesia”, 1988), En la lucha (1993) y La Lucha Continues (“La lucha continúa”, 2004).

Durante la charla que siguió al otorgamiento de su galardón, en Barry, el 14 de enero, habló sobre “Reconciliación: El rostro de la justicia en el siglo XXI”.

Su mensaje –enraizado tanto en la teología de la liberación como en su teología mujerista –basada en las creencias y las prácticas religiosas de las mujeres latinas en los Estados Unidos– es que la reconciliación es un elemento central del trabajo por la justicia. Los cristianos deben esforzarse por la reconciliación, el tipo de reconciliación que transforma radicalmente a la sociedad.

Irak es un ejemplo de la necesidad de reconciliación.

“La ejecución de Saddam Hussein no benefició ni beneficiará el futuro de Irak”, expresó.

Por otro lado, el enfoque del Arzobispo Desmond Tutu y de Nelson Mandela para sanar las divisiones creadas por el apartheid en África del Sur, tuvo éxito en llevar su nación hacia delante.

“No podemos repetir el pasado. Debemos establecer estructuras para que el pasado no se repita”, dijo Isasi-Díaz. “La tarea es sanar la división”.

Eso significa enfatizar no tanto los errores del pasado, sino la construcción de un nuevo futuro juntos; implica concentrarse en las semejanzas, en vez de en las diferencias. Requiere un cambio radical de las estructuras sociales para crear estructuras nuevas, en las que toda la vida humana –comenzando con los más pobres de los pobres– pueda prosperar.

“La igualdad es un concepto que solamente funciona cuando comenzamos sobre la base de la igualdad. Como nunca comenzamos desde esa base, el concepto de la justicia como igualdad no funciona”, dijo Isasi-Díaz. “Para mí, la justicia siempre comienza desde el reclamo de los pobres y los oprimidos”.

Enfatizó el papel de la Iglesia en promover la reconciliación como elemento clave para ayudar al pueblo a crear dichas sociedades. Como punto de partida, citó los pasajes bíblicos del capítulo 25 de Mateo; el Evangelio de Juan (“que todos sean uno”), y el capítulo 5 de la Segunda Carta a los Corintios, del versículo 15 en adelante.

“Aquí es donde puede verse claramente, en primer lugar, que la reconciliación es obra de Dios; en segundo lugar, que Dios no toma en cuenta los fallos de la humanidad contra nosotros; y, en tercer lugar, que Dios no impone condiciones. Dios concede la reconciliación libremente”, indicó Isasi-Díaz. “Por supuesto, la esperanza es que, como respuesta a ese don, el comportamiento cambiará. Ésta es la misión de la Iglesia. Esto es lo que debemos hacer”.

Desafortunadamente, la Iglesia no ha vivido a la altura de esa misión, expresó.

“Todos piensan que si les dan una bofetada, tienen el derecho de responder con otra. Como cristianos, no hemos hecho mucho por cambiar esa manera de pensar”.

Isasi-Díaz sugirió que la Iglesia predique y enseñe la reconciliación; que los cristianos se esfuercen por ser mensajeros de la reconciliación, la cual propuso como una virtud religiosa, moral, social y cívica.

“La reconciliación debe convertirse en virtud. Las virtudes son actos habituales, es lo que haces repetidamente”, explicó. “Debemos ser personas que reconcilien. Tenemos que ser uno, o el mundo no creerá lo que Jesús vino a enseñar”.