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Sí
se puede perdonar
“Sí se puede” es la expresión que más hemos escuchado los
hispanos en los diferentes estadios del mundo, y que sirve para
animar e impulsar al equipo local a obtener la victoria.
“Sí se puede” es una frase corta que utilizamos a diario para
recordarles a aquellas personas que están tristes por algo, o
tienen algún problema, que es posible salir de dicha tristeza,
de la dificultad que se encara, de la mala situación económica,
de la depresión o de la baja autoestima.
Dicen que “querer es poder”, y de ahí que ahora comparta con los
lectores la siguiente reflexión, para decirles, sencillamente,
que sí se puede perdonar.
Hace unos meses atrás viajé por primera vez a Estados Unidos;
sabía muy bien que eran más de diez horas de vuelo entre
Medellín, Colombia, hasta la ciudad de Providence, Rhode Island.
Desde antes de abordar el avión, me comprometí a aprovechar tal
oportunidad de silencio, hacer un retiro espiritual para mí y
responderme preguntas como: ¿Quien soy yo? ¿Cómo ha sido mi vida
pasada? ¿Cómo ha sido mi relación con Dios? ¿Por qué tengo tanta
necesidad de perdonar? ¿Por qué debo amar?
Fueron varias horas de silencio profundo, una oportunidad para
pensar y meditar sobre mi vida personal, de pareja y familiar.
Logré hacer un detallado inventario sobre aspectos esenciales de
mi vida pasada; valoré con sencillez mi presente y, cuando me di
cuenta de que me encontraba entre el mar y el cielo, el sol
acariciando las pocas nubes que me saludaban, entonces aproveché
este gran regalo de la creación para proyectar mi vida, generé
en mí una visión centrada en el perdón, que despertó en mí unas
inmensas ganas de vivir, se incrementó en mi corazón una mayor
esperanza de una vida nueva.
No hablé una sola palabra con nadie durante diez horas de
permanencia entre aviones y aeropuertos; me dediqué a estar
conmigo mismo y con Dios, ya que lo contemplé permanentemente.
Sentí ganas de llorar al revisar bien mi vida interior; desde
las alturas quería ser un hombre nuevo, lleno de perdón y de
felicidad interior.
Desde que pisé tierra americana, me dediqué a amar más al
prójimo, a comprender y a aceptar a los demás como son; les dije
adiós a la ira, al odio, al resentimiento, al egoísmo y al
pesimismo.
Desde que pisé tierra americana, le dije sí a Dios, al
amor, al perdón, a la esperanza, a la palabra de Dios, a la
alegría de vivir, a la Virgen María.
Soy un hombre nuevo, porque siento la alegría de hablar siempre
bien de los demás.
Soy más consciente de la presencia de Dios en mi vida: “Él es un
Padre bueno que salió a mi encuentro y me abrazó”. Valoro
profundamente a mi familia.
Con el perdón, sí se puede ser mejor y tener una mejor
calidad de vida. Porque, cuando perdonamos, sentimos que Dios
nos abraza.
Amigo lector, cuando vayas a viajar de ahora en adelante,
aprovecha los silencios que proporcionan muchas veces los
viajes; revisa bien tu vida cotidiana, y no esperes a estar en
un estadio para gritar que sí se puede.
Respira con calma y di para ti: Sí se puede perdonar y ser
feliz.
Licenciado
en Ciencias Religiosas
mailto:restrepomolina1976@yahoo.com
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