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 Sí se puede perdonar

 

 Guillermo Araque E.

“Sí se puede” es la expresión que más hemos escuchado los hispanos en los diferentes estadios del mundo, y que sirve para animar e impulsar al equipo local a obtener la victoria.

“Sí se puede” es una frase corta que utilizamos a diario para recordarles a aquellas personas que están tristes por algo, o tienen algún problema, que es posible salir de dicha tristeza, de la dificultad que se encara, de la mala situación económica, de la depresión o de la baja autoestima.

Dicen que “querer es poder”, y de ahí que ahora comparta con los lectores la siguiente reflexión, para decirles, sencillamente, que sí se puede perdonar.

Hace unos meses atrás viajé por primera vez a Estados Unidos; sabía muy bien que eran más de diez horas de vuelo entre Medellín, Colombia, hasta la ciudad de Providence, Rhode Island.

Desde antes de abordar el avión, me comprometí a aprovechar tal oportunidad de silencio, hacer un retiro espiritual para mí y responderme preguntas como: ¿Quien soy yo? ¿Cómo ha sido mi vida pasada? ¿Cómo ha sido mi relación con Dios? ¿Por qué tengo tanta necesidad de perdonar? ¿Por qué debo amar?

Fueron varias horas de silencio profundo, una oportunidad para pensar y meditar sobre mi vida personal, de pareja y familiar.

Logré hacer un detallado inventario sobre aspectos esenciales de mi vida pasada; valoré con sencillez mi presente y, cuando me di cuenta de que me encontraba entre el mar y el cielo, el sol acariciando las pocas nubes que me saludaban, entonces aproveché este gran regalo de la creación para proyectar mi vida, generé en mí una visión centrada en el perdón, que despertó en mí unas inmensas ganas de vivir, se incrementó en mi corazón una mayor esperanza de una vida nueva.

No hablé una sola palabra con nadie durante diez horas de permanencia entre aviones y aeropuertos; me dediqué a estar conmigo mismo y con Dios, ya que lo contemplé permanentemente. Sentí ganas de llorar al revisar bien mi vida interior; desde las alturas quería ser un hombre nuevo, lleno de perdón y de felicidad interior.

Desde que pisé tierra americana, me dediqué a amar más al prójimo, a comprender y a aceptar a los demás como son; les dije adiós a la ira, al odio, al resentimiento, al egoísmo y al pesimismo.

Desde que pisé tierra americana, le dije a Dios, al amor, al perdón, a la esperanza, a la palabra de Dios, a la alegría de vivir, a la Virgen María.

Soy un hombre nuevo, porque siento la alegría de hablar siempre bien de los demás.

Soy más consciente de la presencia de Dios en mi vida: “Él es un Padre bueno que salió a mi encuentro y me abrazó”. Valoro profundamente a mi familia.

Con el perdón, sí se puede ser mejor y tener una mejor calidad de vida. Porque, cuando perdonamos, sentimos que Dios nos abraza.

Amigo lector, cuando vayas a viajar de ahora en adelante, aprovecha los silencios que proporcionan muchas veces los viajes; revisa bien tu vida cotidiana, y no esperes a estar en un estadio para gritar que sí se puede.

Respira con calma y di para ti: Sí se puede perdonar y ser feliz.

 Licenciado en Ciencias Religiosas
mailto:restrepomolina1976@yahoo.com