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V O Z    D E L    A R Z O B I S P O

La verdadera fe “no es más grande que esto”

Mis queridos amigos:

Arzobispo John C. Favalora

A pesar de los exagerados titulares, dudo de que las afirmaciones de James Cameron, el director de Titanic, sobre el hallazgo de la tumba de Jesús, sacudan la fe de cualquier creyente en la Resurrección.

Cameron y su equipo no pueden refutar la Resurrección más que lo que los cristianos pueden probarla. La fe, por definición, desafía las pruebas. Como escribió San Pablo: “La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven” (Hebreos 11:1).

Sin embargo, es interesante que la noticia pueda acaparar tales titulares, dado que las teorías de Cameron fueron rechazadas de inmediato por la mayoría de la comunidad arqueológica, algo que ya había ocurrido hace 25 años, cuando se descubrió la tumba de Talpiot y otras personas hicieron afirmaciones similares.

Dado que Cameron no es ni científico ni arqueólogo, se puede asegurar que su reputación como director de películas dio a sus afirmaciones la pompa necesaria para aparecer en las portadas. El momento no pudo haber sido más oportuno: el principio de la Cuaresma, cuando los cristianos se preparan para recordar los acontecimientos que definen su fe: la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesús.

Las afirmaciones de Cameron de que Jesús no resucitó de entre los muertos, de que se casó con María Magdalena y tuvo un hijo, no son nada nuevas. ¿Recuerdan El código Da Vinci? Hasta San Mateo quiso desmentir a los primeros teorizadores de una conspiración, cuando escribió que los guardias estaban delante de la tumba de Jesús, “no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: ‘¡Ha resucitado!’” (Mt. 27:62-66).

Supongo que darse el gusto de considerar teorías sobre una conspiración es parte de la naturaleza humana. Pero en este caso, yo respondería que la verdad es mucho más fantástica: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

¡Ése sí es un misterio de proporciones “titánicas”!

Afortunadamente, tenemos mucho más que un montón de huesos antiguos y las pruebas modernas del ADN. La defensa de la fe puede hallarse en la historia de la Salvación que cita San Pablo en el capítulo 11 de su Epístola a los Hebreos, una historia relatada en lo que ahora conocemos como el Antiguo y el Nuevo Testamento.

Los creyentes también pueden fijarse en la extraordinaria transformación de Pedro y los apóstoles, de temerosos ermitaños a predicadores intrépidos de la Buena Nueva de la Resurrección de Cristo. Desde aquellos humildes orígenes, la rápida propagación del cristianismo nos sorprende enormemente, hasta que es considerada a la luz de la fe.

Es oportuno que la evidencia tangible de dicha progresión se encuentre disponible aquí, en el Sur de la Florida, al menos hasta el 15 de abril, cuando concluye la exhibición “La cuna del cristianismo: Tesoros cristianos y judíos de Tierra Santa”, en el Museo de Arte de Fort Lauderdale.

“La cuna del cristianismo” presenta extraños objetos, como el hueso de un tobillo atravesado por un clavo (la única evidencia física de la práctica romana general de la crucifixión); el osario de Caifás, el sumo sacerdote, y una inscripción erigida por Poncio Pilatos en honor del emperador Tiberio (ver p. 12-13).

Aunque la fe desafía las pruebas, estos objetos en realidad confirman las historias del Evangelio sobre la vida y la muerte en los tiempos de Jesús.

“La cuna del cristianismo” también cuenta con un osario inscrito con el nombre “Jesús, hijo de José”, que proviene de la misma tumba de Jerusalén donde Cameron halló “la tumba perdida” de Jesús, de la supuesta esposa y del hijo que no son mencionados en Evangelio alguno.

De nuevo, los científicos no han afirmado que ésta sea la verdadera tumba de Jesús. Han dicho que los nombres de Jesús, José y María eran muy comunes en aquella época. Ni siquiera están seguros de que lo inscrito en uno de los osarios sea realmente el nombre “Jesús”.

Al referirse a sus afirmaciones, Cameron dice que “no hay nada más grande que esto”.

Yo respondería con lo que creemos. No hay nada más grande que esto: el Hijo de Dios vino del cielo para sufrir, morir y resucitar al tercer día, para redimir a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte.

Invito a los católicos del Sur de la Florida, y a todos los creyentes de todas las confesiones religiosas, a visitar la exhibición “La cuna del cristianismo”, y a utilizarla como punto de partida en esta Cuaresma para su reflexión personal sobre el “titánico” misterio de nuestra salvación.