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R E F L E X I O N E S   C A T Ó L I C A S
S O B R E   L A   B I B L I A

Arquidiócesis de Miami
Ministerio de formación cristiana

4 de marzo de 2007
2do. Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según San Lucas 9:28b-36 En aquel tiempo, Jesús llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, y subió a un cerro a orar. Y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y sus ropas se pusieron blancas y brillantes. Dos hombres, que eran Moisés y Elías*, conversaban con él. Se veían resplandecientes y le hablaban de su partida, que debía cumplirse en Jerusalén. Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Pero se despertaron de repente y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaron, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, qué felicidad es estar aquí; levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. No sabía lo que decía. Estaba todavía hablando cuando se formó una nube que los cubrió con su sombra. Al quedar envueltos en la nube se atemorizaron, pero de la nube salió una voz que decía: ”Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo”. Después que se escucharon estas palabras, Jesús volvió a estar solo. Los discípulos guardaron silencio por esos días y no contaron nada a nadie de lo que habían visto.

* Dos figuras claves del Antiguo Testamento: Moisés dador de la ley, y Elías, el profeta.

Comentario breve:
Cada año el segundo domingo de cuaresma nos narra la transfiguración de Jesús. El texto intenta preparar al lector a comprender el Misterio Pascual y la proximidad de la Pasión-muerte-Resurrección del Señor. Esta gloriosa epifanía* es muy diferente a la historia de las tentaciones que leímos el domingo pasado. Las tentaciones destacaron la humanidad de Jesús, Hijo de Hombre, quien fue tentado como nosotros. La transfiguración resalta su divinidad. Jesús es el Hijo de Dios y manifiesta su gloria a los tres discípulos. Su apariencia es diferente, como también lo fue después de la resurrección. Los tres discípulos no saben cómo reaccionar. Primeramente se quedan dormidos de cansancio como lo hicieran más tarde en el huerto de los olivos (22:45). Pedro, con la impaciencia que lo caracteriza, no quiere esperar más por su premio y le pide a Jesús que le permita hacer tres tiendas y quedarse en ese lugar sagrado. Esta es la misma reacción que tuvo cuando Jesús les anunció que iría a Jerusalén a sufrir. En ambas ocasiones, Pedro trata de cambiar el plan divino y quiere evitar el sufrimiento.

* Manifestación divina en el mundo.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   La presencia de Moisés y de Elías es un signo de que Jesús va a realizar todas las profecías del pueblo judío.

•   La revelación de la gloria de Dios culmina con la voz desde la nube, como en el bautismo de Jesús.

•   La nube es un símbolo bíblico de la presencia de Dios. Como en una nube, Dios está con nosotros, pero no podemos verlo claramente.

Para la reflexión:

1. ¿Estoy siempre pidiéndole a Dios “epifanías” y signos? ¿Soy fiel aún cuando las cosas no salen como yo quiero?

2. ¿Soy capaz de bajar de mi “montaña espiritual” para servir a mis hermanos más necesitados?

 

11 de marzo de 2007
3er. Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según San Lucas 13:1-9 En aquella ocasión se presentaron algunos y le contaron a Jesús lo que había pasado con los galileos, a quienes Pilato había dado muerte en el Templo, mezclando su sangre con la de sus sacrificios.* Jesús les contestó: “¿Creen ustedes que esos galileos eran más pecadores que todos los otros galileos por haber sufrido esa desgracia? Yo les digo que no, pero si ustedes no toman otro camino, perecerán igualmente. Y esas dieciocho personas que aplastó la torre de Siloé cuando se derrumbó, ¿creen ustedes que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no, pero si no toman otro camino, todos perecerán igualmente”. Jesús les puso además esta comparación: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar higos pero no halló. Dijo entonces al viñador: ‘Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala, pues no sirve más que para agotar la tierra’. Pero él contestó: ‘Patrón, déjala un año más, así tendré tiempo para cavarle alrededor y echarle abono. Puede ser que así dé frutos en adelante; si no, la cortarás’”.

*El primero de siete signos en el Evangelio de Juan.

Comentario breve:
En aquella época se creía que las enfermedades y los desastres eran consecuencia de los pecados personales. La lectura de hoy trata de esta relación entre el pecado y las tragedias. Jesús asegura que los que sufren no tienen más pecados que los demás y usa este diálogo para enfatizar la importancia de la conversión y del arrepentimiento. En la segunda parte de la lectura, Jesús cuenta la parábola de la higuera seca. Esta parábola habla de la paciencia que Dios tiene con nosotros, esperando una y otra vez a que florezcamos. Dios no desea castigo, sino misericordia. Si es verdad que Dios nos da muchas oportunidades de cambiar y está dispuesto a esperar por nosotros, eventualmente tendremos que dar cuentas de nuestra falta de frutos.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   La ucas usa la narración de estos eventos para poner en contexto la llamada de Jesús al arrepentimiento y a la conversión.

•   Los desastres, las guerras, y las catástrofes que vemos a diario no son la forma con que Dios castiga nuestros pecados, sino la consecuencia del abuso de la libertad que Dios ha dado a toda la creación.

•   La Cuaresma es el tiempo indicado para reconocer nuestros pecados y los de nuestras comunidades, países e iglesia.

Para la reflexión:

1. ¿Veo mi conversión como algo entre Dios y yo, que no me lleva a tratar de cambiar mis actitudes con los demás ni a mejorar mi entorno?

2. ¿Estoy esperando a que Dios me de otra oportunidad, o es éste el momento de cambiar lo que sea necesario en mi vida?

 

18 de marzo de 2007
4to. Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según San Lucas 15:1-3,11-32
En aquel tiempo, muchos publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Y por eso los fariseos y maestros de la Ley murmuraban y criticaban: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos”. Entonces, Jesús les dijo esta parábola: “Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: ‘Padre, dame la parte de la propiedad que me corresponde’. Y el padre la repartió entre ellos. Pocos días después, el hijo menor reunió todo lo que tenía, partió a un lugar lejano, y allí malgastó su dinero en una vida desordenada. Cuando lo gastó todo sobrevino en esa región una escasez grande y comenzó a pasar necesidad. Entonces fue a buscar trabajo y se puso al servicio de un habitante de ese lugar que lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Hubiera deseado llenarse el estómago con la comida que daban a los cerdos, pero nadie le daba nada. Entonces se puso a reflexionar: ‘¿Cuántos trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, y yo aquí me muero de hambre? ¿Por qué no me levanto? Volveré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus siervos’… (Busque la lectura completa en su Biblia)

Comentario breve:
En este capítulo de Lucas, los líderes religiosos critican a Jesús porque se asocia con pecadores y cobradores de impuestos. Esta crítica sirve de introducción a las tres parábolas que siguen, conocidas como las parábolas de la misericordia. Lo que une las tres historias es la alegría que se experimenta cuando encontramos lo que estaba perdido, en este caso, los pecadores y los marginados. La tercera es la más famosa por su contenido y su belleza literaria. En realidad, la historia no es sobre “el hijo pródigo”, sino sobre el amor de un padre por sus dos hijos que rompe con todas las costumbres de la época. De acuerdo a la Ley judía, el primogénito recibía el doble de la herencia (Deut 21:17). En este caso, el hijo menor exigió de su padre el tercio que le tocaba y se marchó lejos. Después de despilfarrar su fortuna, la miseria forzó al joven a regresar a la casa paterna, donde fue recibido por el padre con los brazos abiertos. No hay reproches, solamente la alegría de haber recobrado lo que estaba perdido. La parábola continúa narrando la reacción del hijo mayor que hasta se niega a entrar a la casa si su hermano está allí. El padre sale también a buscar a este hijo y le reafirma que todas sus riquezas son suyas, pero a la vez lo anima a que se alegre con él porque su hermano ha sido encontrado.

Tres ideas importantes de la lectura:

•  Dios está siempre esperando por nosotros, aún antes de que decidamos regresar.

•   Todo lo que el padre posee le pertenece al hijo mayor, el cual no pierde nada por recibir a su hermano en la casa.

•   Dios nos ofrece a cada uno su amor incondicional y pródigo

Para la reflexión:

1. ¿A quién me asemejo más, al joven o al hermano mayor? ¿Quizás un poco a cada uno?

2. ¿Trato de ser como el padre de esta historia? Da ejemplos concretos.

 

25 de marzo de 2007
5to. Domingo de Cuaresma (Ciclo C)

Lectura del Evangelio según San Juan 8:1-11
En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo y toda la multitud venía a él. Entonces se sentó para enseñar. Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: “Maestro, han sorprendido a esta mujer en pleno adulterio. La Ley de Moisés ordena que mujeres como ésta deben morir apedreadas.* Tú, ¿qué dices?” Con esto querían ponerlo en dificultades para poder acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como le seguían preguntando, se enderezó y dijo: “El que no tenga pecado lance la primera piedra”. Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo. Y todos se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más viejos. Jesús quedó solo con la mujer que seguía de pie en el mismo lugar. Entonces se enderezó y le dijo: “Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?”. Ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús le dijo: ”Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar en adelante”.

**Levítico 20:10; Deuteronomio 22:22-24

Comentario breve:
Los capítulos 7 y 8 del Evangelio según San Juan narran los desacuerdos teológicos entre Jesús y los líderes religiosos judíos. Fueron estas disputas las que contribuyeron a llevar a Jesús hasta la cruz. Cuando este Evangelio se escribió, la comunidad joánica ya había sido expulsada de la sinagoga. Esto se debió en parte a la manera literal en que los judíos interpretaban la Ley de Moisés y el énfasis de Jesús en la ley del perdón y del amor. En este pasaje, los maestros de la Ley y los fariseos tratan de hacerle quedar mal ante todos. Le presentan un caso indiscutible: “¡la han sorprendio en pleno adulterio!” El silencio inicial de Jesús y su misterioso escribir en el suelo paralizan la actitud maliciosa de sus oponentes. Las palabras de Jesús al final del episodio no aprueban el adulterio, sino que demuestran de una forma dramática el alcance del perdón de Dios.

Tres ideas importantes de la lectura:

•   Jesús distingue entre el pecado y el pecador. Sus últimas palabras enlazan su perdón con la admonición de no volver a pecar en adelante.

•   A medida que la pasión se acerca, las acciones de Jesús chocan más con las autoridades religiosas judías que temen perder su poder sobre el pueblo.

•   Las palabras: “El que no tenga pecado lance…”, prácticamente impide que podamos tirarnos piedras unos a otros.

Para la reflexión:

1. ¿Cuál es mi actitud hacia los que han caído? ¿Me apresuro a “tirar la primera piedra”?

2. ¿Creo que soy tan perfecto(a) que tengo permiso para juzgar a los demás?