|
Al final vio la luz y la dejó pasar
Ismael Trujillo vino a Miami ya entrado en años. Aquí tuvo que
adaptarse a una nueva vida, que le costó “Dios y ayuda”.
Ismael nació en un pequeño pueblo de Colombia. En su infancia,
debido a problemas de salud e inadaptación al medio, su madre le
mandó a vivir con un tío abuelo. Ismael cree que esa
circunstancia, por vivir lejos de otros niños, le convirtió en
egoísta y muy retraído. .
Pero muchos eran los dones que tenía. Antes de entrar
formalmente a la escuela, ya sabía leer, sumar y restar. Pero
siempre fue muy “acomplejado”, porque tenía que andar con
zapatos rotos y ropa que le regalaban. Para “vencer” su timidez
comenzó a beber alcohol, siendo todavía un adolescente.
Se casó y seguía bebiendo, al punto de que su esposa le iba a
buscar a los prostíbulos con el hijo en brazos. Después de años
de estar sumido en el alcohol y otros vicios, y habiendo pasado
entre tanto por Cursillos de Cristiandad, su esposa le llevó a
hacerse un tratamiento contra la adicción, pero recayó. Una
tarde, se fue a una iglesia y allí rezó a gritos: “Dios mío, si
realmente existes y me amas, cúrame de mi alcoholismo o quítame
la vida, porque así ya no puedo vivir: he perdido a mi familia y
mi salud. ¡Ayúdame!”
Fue entonces cuando sintió la fuerza para confesarse, y sintió
que un gran peso se le quitaba de encima. Por mucho tiempo vivió
entre altas y bajas, con caídas y recuperaciones. Se incorporó a
la Renovación Carismática, y participó ofreciendo algunos temas
formativos en retiros de Cursillos de Cristiandad; pero seguía
con recaídas en el alcohol.
A los 69 años de edad, se jubiló en muy malas condiciones
económicas y con la salud muy deteriorada. Presionado por sus
problemas monetarios, se decidió a pedir limosna a la salida de
la misa dominical. Unas mujeres, al verle, se compadecieron de
él e hicieron una pequeña colecta, y le inscribieron para que
pudiese recibir ayuda de la parroquia.
Ahora Ismael ayuda a la misma parroquia que le tendió una mano,
y se dedica a formar grupos de oración; trabaja con enfermos
terminales y, sobre todo, ayuda a otros alcohólicos a
recuperarse.
Ismael hace cuatro años que no bebe alcohol. Ha experimentado el
amor incondicional de Dios frente a su fragilidad y sus
frecuentes alejamientos del verdadero camino. Él sabe de luchas,
de levantarse y de sumergirse en el lodo, de irse mil veces de
la Casa del Padre y volver otras tantas. Pero es feliz y ha
aprendido que Dios pone en nuestro camino, en el momento justo,
a las personas de las cuales se sirve, como los perritos de los
ovejeros, para encauzarnos a buenos pastos.
Sacerdote carmelita descalzo.
mailto:eugona46@hotmail.com
|