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Ennio Morricone: Una vida para la música

 Jesús Vega

La entrega de los premios Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood puede haber resultado, este año, decepcionante para muchos cinéfilos. Sin embargo, el tardío reconocimiento a la obra del compositor Ennio Morricone, a quien se le otorgó un Oscar Honorífico a la Trayectoria Destacada, constituye el cumplimiento de una deuda que tenía desde hace décadas la industria del cine con el prolífico creador de aproximadamente cuatrocientas bandas sonoras.

Ennio Morricone, que nació el 10 de noviembre de 1928 en Roma, tuvo siempre a la música como denominador común en su familia, puesto que su padre, Mario, era trompetista de jazz. Por tanto, no sorprendió a nadie que Ennio, el mayor entre sus cinco hermanos, matriculara en el prestigioso Conservatorio Santa Cecilia.

En 1943, Roberto Caggiano, su profesor de armonía, le sugirió que comenzara a estudiar composición con los renombrados maestros Carlo Giorgio Garofalo y Antonio Ferdinandi. En octubre de 1946 se graduó de trompeta, y cuatro años más tarde conoció a quien sería su compañera, María Travia. Luego de tres años de estudios de música coral y dirección de coros, en 1951 decidió abandonar ese campo, justo antes de recibir su diploma, aunque en 1952 se graduó de instrumentación, y en 1954 de composición.

Aunque su carrera oficial como compositor de bandas sonoras se inició en 1961, con Il Federale, de Luciano Salce, el año 1964 constituyó una etapa histórica para Morricone, pues marca el comienzo de una fructífera alianza con el director italiano Sergio Leone, antiguo compañero de clases, a partir del “oeste a la italiana” Por un puñado de dólares. Si bien a lo largo de su carrera el prestigioso compositor ha colaborado con directores históricos como Pier Paolo Pasolini (Pajaritos y pajarracos, El Decamerón), Bernardo Bertolucci (Antes de la revolución, Novecento), Brian De Palma (Los intocables de Elliot Ness, Corazones de hierro), y Pedro Almodóvar (Átame), entre otros, Leone es probablemente el que estableció con el músico una relación más sustancial y continua.

En 1979 obtuvo su primera nominación a los premios Oscar por su partitura para la película de Terrence Malick Días de Cielo. Morricone cuenta con un total de cinco nominaciones a lo largo de toda su carrera: por La misión, de Roland Joffé; Los intocables de Elliot Ness, de Brian De Palma, Bugsy, de Barry Levinson, y Malèna, de Giuseppe Tornatore; pero el gran compositor tuvo que esperar hasta este año para tener en sus manos la codiciada estatuilla en la categoría honorífica, que se suma a una extensa lista de premios y distinciones.

Pero, aunque su creatividad musical se asocia automáticamente con el cine, es preciso destacar que la obra de Morricone se extiende a todas las especialidades de composición, desde música absoluta y aplicada hasta orquestación y dirección en el campo discográfico, así como en la composición para el teatro, la radio y la televisión, además de un nutrido calendario de conciertos que este año se llevarán a cabo en la Scala de Milán y el Parque de la Música de Roma, entre otros templos de la ejecución orquestal y vocal.

Un hecho que probablemente pasó por alto la prensa que dio cobertura a los premios de la Academia es que Morricone y la sonada ceremonia de entrega de los Oscar celebran en 2007 su 79º cumpleaños. ¿Influiría esta coincidencia en el otorgamiento de la distinción honorífica? Aunque lo anterior queda en el campo de la pura especulación, lo cierto e indiscutible es que, con una carrera plena de entusiasmo y éxitos, Ennio Morricone figura desde hace mucho tiempo entre los compositores más relevantes del siglo XX y, sin dudas, de lo que va de este siglo XXI, que ya se aproxima a su primera década de existencia. Y no hay mayor premio para una vida dedicada totalmente a la música.