SU SANTIDAD EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 EN LA FLORIDA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 REFLEXIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 CONSEJOS DE AMIGO
 QUIENES SOMOS
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA
 

EN COMUNIÓN

 

Un osario de “Jesús, hijo de José”, puede verse en Fort Lauderdale

La exhibición “La cuna del cristianismo”, abierta en el Museo de Arte de Fort Lauderdale hasta el 15 de abril, también incluye el osario de Caifás y el fragmento más largo de los rollos del Mar Muerto.

Ana Rodríguez-Soto
The Florida Catholic

 Este pendiente de la cruz con círculos, hallado en una tumba de el-Makr, Galilea, data del siglo sexto o del séptimo.
Fotos: Cortesía del Museo de Arte de Fort Lauderdale

Mientras que James Cameron, el director de Titanic, esperó hasta Cuaresma para anunciar sensacionalmente que había encontrado “la tumba perdida de Jesús”, un osario con la inscripción “Jesús, hijo de José” ha estado desde principios de diciembre en una discreta exhibición en el museo de Arte de Fort Lauderdale.

Junto al osario se encuentran otros dos, inscritos con los nombres de Judas y María. En la colección también se encuentra el hueso de un tobillo traspasado por un clavo, que data del siglo primero.

Sin embargo, ninguna de las personas relacionadas con esta exhibición ha presentado la sensacional –y ampliamente cuestionada– afirmación de que estos objetos pertenecen al Jesús reverenciado por los cristianos como el Mesías.

“El encargado del Museo de Israel me dijo que, en aquel tiempo, Jesús era probablemente el tercer nombre más común en Tierra Santa”, explicó Irvin Lippman, presidente y director ejecutivo del Museo de Arte de Fort Lauderdale. “José era otro de los nombres más populares, lo que no nos sorprende”.

 Una comunidad ante la otra: cristianos y judíos se valieron de los mismos albañiles para construir sus iglesias y sinagogas. La única diferencia en las imágenes es la cruz en los edificios cristianos, y la menora en los judíos.

Efectivamente, los objetos de la exhibición “La cuna del cristianismo: Tesoros cristianos y judíos de Tierra Santa”, son sensacionales por sí mismos, sin necesidad de los titulares.

En la exhibición –que permanecerá en Fort Lauderdale hasta el 15 de abril– se encuentra el osario de Caifás, el sumo sacerdote; una inscripción con el nombre de Poncio Pilatos; el fragmento más largo de los Manuscritos del Mar Muerto, y una vajilla que data del tiempo de Jesús.

“Es una exposición impactante, con muchos objetos que siguen la vida de Jesús”, dijo Lynn Mandeville, directora de asuntos comunitarios del museo.

“Es asombroso”, manifestó Lippman, al señalar que Fort Lauderdale es una de las únicas tres ciudades de los Estados Unidos donde se presentará la exhibición.

La exposición “La cuna del cristianismo” comenzó el año pasado en Cleveland, y cuando concluya en el Sur de la Florida, pasará a la Universidad Emory, en Atlanta. De allí regresará a Israel, donde quedará en exhibición permanente.

“Éstos son todos los objetos que fueron descubiertos en Tierra Santa durante los pasados 50 años”, informó Lippman. “Todos son de la colección del Museo de Israel, en Jerusalén, y también de la colección de la Autoridad de Antigüedades de Israel”.

La exposición fue organizada originalmente por el Museo de Israel para la celebración del milenio en el año 2000. Fue entonces cuando los encargados del museo se dieron cuenta de la importancia del material que tenían, dijo Lippman. “En realidad, no habían exhibido los objetos cristianos anteriormente”.

 

Los comienzos del cristianismo

La exposición puede ser considerada como una mirada a los comienzos del cristianismo, desde poco antes del primer siglo hasta el sexto.

 La única evidencia física de la presencia de Poncio Pilatos en Tierra Santa durante la época de Jesús, es esta placa de piedra erigida por Pilatos en honor del emperador Tiberio.

“Lo más hermoso de esta exhibición es cómo habla de la naciente religión, de los principios del cristianismo, y de cómo brotó de los valores y las costumbres del judaísmo; las dos religiones que durante ese primer siglo eran rutas paralelas”, dijo Lippman.

“Se muestra el hecho de que el cristianismo no fue una revolución repentina, en la que todo fue descartado de pronto y luego se inició otra cosa. Sencillamente, ésa no fue la manera en que sucedió”, dijo el Arzobispo John C. Favalora, de Miami, quien se reunió con Lippman, Mandeville y el P. Terence Hogan, director del Departamento Arquidiocesano de Liturgia, con el fin de grabar una serie sobre la exhibición para “Conversations”, su programa matutino en Radio Peace.

 “La cuna del cristianismo” incluye la reconstrucción en tamaño natural de una típica iglesia bizantina de Tierra Santa.

 

Lippman resaltó la conexión entre el fragmento de los Manuscritos del Mar Muerto –que nunca habían salido de Israel– y una colección de monedas shekel que también forman parte de “La cuna del cristianismo”.

El Manuscrito del Templo, escrito quizás en el primer siglo, describe el plan arquitectónico para la construcción del nuevo templo, después de la destrucción del templo de Herodes en el año 70 d. C. Pero el manuscrito –cuatro fragmentos de pergamino fáciles de leer para cualquiera que conozca el idioma hebreo– también describe las actividades que debían o no realizarse alrededor del templo.

“Eso está relacionado con lo que Jesús decía, con sus críticas sobre el templo, y con su referencia a los cambistas en el templo”, explicó Lippman.

En un mostrador cercano, se encuentran las monedas de medio shekel de plata que permitían a los devotos entrar al templo, las 128 monedas de bronce que se usaban para adquirir el medio shekel, y una tercera pila de monedas, que representa el 8 por ciento de interés cobrado por los cambistas.

“Por supuesto, eso era lo que le molestaba a Jesús”, dijo Lippman.

Añadió que otro extraordinario objeto en exhibición es el hueso del tobillo de una persona que había sido crucificada.

“Sabemos de las crucifixiones por muchas fuentes, por fuentes literarias, pero ésta es la única evidencia física de este período sobre la crucifixión,” dijo Lippman. “Lo más extraordinario sobre este hueso del tobillo, es que los restos del hombre que había sido crucificado fueron colocados en este osario, y su nombre fue puesto a su lado. Así que hasta sabemos quién fue la persona crucificada”.

 

El osario de Caifás

Otro osario en exhibición es el de Caifás, que también es la única evidencia física de su existencia. De acuerdo a su papel como sumo sacerdote, el osario de Caifás es mucho más elaborado que los tres inscritos con los nombres de Jesús, Judas y María.

“Realmente, son osarios que uno podría adquirir en el primer siglo”, dijo Lippman. “Lo que los vuelve extraordinarios es que los familiares inscribían el nombre de la persona cuyos huesos se hallaban dentro”.

A pesar de la publicidad sobre el documental The Lost Tomb of Jesus (“La tumba perdida de Jesús”), presentado por el canal Discovery, ninguna de las personas involucradas en “La cuna del cristianismo” ha hecho la afirmación de que el osario con la inscripción “Jesús, hijo de José” es prueba de que la resurrección nunca ocurrió.

“Cuando leemos las Escrituras, se hace referencia a Jesús el Cristo. Ésa es la aclaración”, explicó el P. Hogan, quien también desempeña el cargo de director para Norteamérica de los Patrocinadores de las Artes de los Museos Vaticanos. “Jesús era un nombre muy común, pero Jesús el Cristo, el Redentor, es lo que le destaca cuando hablamos sobre él”.

Otro objeto de valor es una tarja en la que está inscrito el nombre de Poncio Pilatos –la única evidencia física de su existencia. Es una placa erigida por Pilatos, dedicada al emperador Tiberio.

“No estamos muy seguros de la fecha de su colocación,” dijo Lippman. “Fue encontrada como parte de los asientos en un anfiteatro. Pero no hay duda de que prueba la presencia de Poncio Pilatos en Tierra Santa”.

 

La Última Cena

La exposición también presenta una colección de objetos de uso cotidiano durante el primer siglo, incluyendo una vajilla y recipientes de piedra, similares a los que guardaban el agua que Jesús convirtió en vino en Caná.

“Éstos son la clase de objetos”, dijo Lippman, “que pudieron utilizarse en la época de la Última Cena, objetos muy humildes. Estaban hechos de cerámica”.

“Podemos tener una verdadera idea de lo que se utilizaba durante la vida de Jesús aquí en la tierra”, dijo el P. Hogan, al señalar que la representación de La Última Cena por Leonardo Da Vinci, en la que Jesús y los apóstoles visten atuendos del Renacimiento y utilizan cálices de plata, no es históricamente correcta.

“El primer cáliz probablemente estaba hecho de cristal o de piedra, en vajilla de barro”, explicó el sacerdote.

El P. Hogan aconseja a la gente que busque el tiempo necesario para visitar la exhibición, y que la aproveche como una vía de prepararse espiritualmente para la Cuaresma.

“Durante la Semana Santa, la gente va a escuchar los nombres de personas que están representadas en esta exposición –Caifás, Poncio Pilatos”, dijo el P. Hogan. “Esto cobra vida. Hay muchos grupos que pueden beneficiarse de esto, como los que participan en el Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, los grupos de niños, o de educación religiosa”.

“La mayor parte del mundo no ha visto esta exhibición”, dijo el Arzobispo Favalora. “Así que el hecho de que se encuentre aquí, en Fort Lauderdale, y que podamos visitarla, es un regalo extraordinario para esta comunidad”.

 

Cradle Advantage

(“El beneficio de la cuna”)

 

El Museo de Arte en Fort Lauderdale ha establecido el programa Cradle Advantage (“El beneficio de la cuna”) para que las parroquias y otras instituciones puedan beneficiarse de la asistencia de sus miembros a la exhibición “La cuna del cristianismo”. Al comprar un boleto de entrada al precio de adultos ($15), la parroquia u organización sin fines de lucro recibirá $2.

“Pueden venir y disfrutar de la exposición, a la vez que apoyan a su parroquia”, dijo Lynn Mandeville, directora de asuntos comunitarios del museo.

Los ancianos, las personas con identificación militar, los menores de 6 a 17 años, y los grupos de 10 personas o más, podrán obtener descuentos en sus boletos.

Para más información, visite el sitio http://www.moafl.org/, o llame al  1-877-787-7711.