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Cuaresma: Tiempo de sanaciones

 P. Eduardo M. Barrios, SJ

Si una parroquia experimenta pobre concurrencia de feligresía, podría conseguir que muchos católicos llenasen la iglesia mediante este simple anuncio: “Se avisa que el próximo domingo vendrá el afamado agente de pastoral (dar su nombre), con carisma de sanaciones para imponer las manos y orar por los enfermos”.

Este anuncio bastaría para que achacosos que no frecuentan la iglesia acudiesen a porfía, esperanzados de encontrar sanación para su cáncer, diabetes, deficiencia renal o cardíaca, o cualquier otra enfermedad.

Tal es el furor de salud… física. Cuando alguien se enferma, suele poner todos los medios a su alcance, incluyendo los sobrenaturales, para recuperar el bienestar perdido.

En cuanto al recurso a Dios en la enfermedad, lo mejor es orar como hacían los santos y santas: “Señor, haz que recupere la salud si es para mayor gloria tuya y bien de mi alma”. No se empecinaban en curarse. Dejaban el resultado en las manos de Dios, sin exigirle milagros.

No negaremos que Jesús hizo milagros. Los Evangelios testimonian numerosos episodios de curaciones prodigiosas; hasta los adversarios del Señor tuvieron que admitir que Jesús realizaba sanaciones inexplicables.

Tampoco podemos negar que hoy en día sucedan milagros. Cada año algunos siervos y siervas de Dios llegan a los altares por vía de beatificación o canonización gracias a sanaciones milagrosas obradas por su intercesión.

Pero no suele decirse con la debida frecuencia que los agraciados por milagros vuelven a enfermar de otros males años más tarde, y que, por tanto, mueren.

Tarde o temprano nos llegará la hora, y no habrá imposición de manos ni oración de sanación ni “médico chino” que valgan para hacernos recobrar la salud. No queda más remedio que reconciliarse con la idea de que tenemos que afrontar la última enfermedad y la muerte.

La Cuaresma, tiempo de preparación para la actualización anual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, nos brinda en bandeja de plata la oportunidad de buscar un tipo de sanación que no sea física, sino espiritual.

En cuanto tiempo penitencial, la Cuaresma es la mejor época del año para curarse del mal mayor, que es el mal moral o pecado, mediante el Sacramento de la Reconciliación. San Ignacio de Loyola llama “penitencia interna” al arrepentimiento, diciendo que “consiste en dolerse de los pecados con firme propósito de no cometer aquellos ni otros algunos” (EE. N. 82). El sacramento favorece la experiencia de la contrición.

Con la ayuda del sacramento y con el apoyo de otras prácticas cuaresmales como la oración, el ayuno y la limosna, los creyentes pueden mejorar considerablemente su salud espiritual.

Quien alberga odios y rencores en su corazón necesita sanación interior profunda para llegar a la salud del perdón y la reconciliación.

Quien padece la esclavitud de adicciones puede valerse de esta santa cuarentena para buscar liberación de ataduras, bien comparables a enfermedades.

Hoy en día abundan las personas que se han hecho adictas a la pornografía y consiguientes impurezas. Otros malgastan miserablemente el tiempo permaneciendo horas y horas ante el TV o la computadora. No faltan los esclavos de los juegos de azar. Habría que mencionar, además, a los adictos a las drogas, al alcohol, al tabaco, o a vicios menores, como el chocolate, café, lo muy dulce o lo muy salado. Vivimos en un mundo lleno de esclavos que yacen aherrojados bajo pesadas cadenas. Son enfermos del espíritu necesitados de una sanación más importante que la sanación meramente corporal.

En cuanto al cuerpo, el que se enferma hace bien en rezar sin dejar de ir al médico. El que se cuida con dieta racional y ejercicio para no enfermarse, hace mejor. Pero por muchos cuidos que se pongan, siempre llega el accidente invalidante o la intrusa enfermedad a interrumpir nuestra grata rutina y a bloquearnos el futuro con muro inexpugnable.

Es la hora de asumir, en la lucidez de la fe, que el único valor absolutamente absoluto es vivir y morir en gracia de Dios.

Sacerdote jesuita.
mailto:Ebarriossj@aol.com