SU SANTIDAD EL PAPA
 VOZ DEL ARZOBISPO
 ARQUIDIÓCESIS
 CALENDARIO
 MUNDO Y NACIÓN
 AMÉRICA LATINA
 EN LA FLORIDA
 CUBA Y LA DIÁSPORA
 INMIGRACIÓN
 REFLEXIONES
 ESPIRITUALIDAD
 ENSEÑAZAS DE
 LA IGLESIA
 REFLEXIONES
 BÍBLICAS
 LETRAS / CINE / ARTE
 CONSEJOS DE AMIGO
 QUIENES SOMOS
 ENLACES
 ARCHIVO
 BÚSQUEDA
 PORTADA
 

EN COMUNIÓN

 

 Adoptar los planes de Dios

 

 Angelique Ruhi-López

Hace casi cuatro años, en un altar frente a Dios, a mi esposo y a 175 familiares y amistades, respondí “sí” a la pregunta: “¿Estás dispuesta a recibir de Dios, responsable y amorosamente, a los hijos?”

Hoy es cuando vengo a entender lo que verdaderamente quiere decir este voto matrimonial. Hoy, 18 de abril de 2007, es cuando recibí en el aeropuerto y conocí por primera vez a mi hijo precioso de ocho meses de edad, nacido en Vietnam.

Cuando hice este voto, pensaba que se refería a mi disponibilidad de tener hijos. Pero, cuando empezamos a tratar de tener hijos, nos dimos cuenta de que sería cuando y como Dios quisiera, y no cuando quisiéramos nosotros. Gracias a una temporada de infertilidad –una experiencia que no fue fácil de vivir, pero que tuvo un propósito muy especial– Dios nos reveló sus planes para nuestra familia: Él quiso que nosotros adoptáramos a un hijo.

 El pequeño Emmanuel, junto a su padre de adopción, Richard López, ve por primera vez, desde Vietnam, el rostro de su madre adoptiva, Angelique Ruhi-López, a través de la pantalla de una computadora.
Cortesía de la familia López

Nuestra jornada de adopción comenzó en agosto de 2006, cuando mi esposo –Richard– y yo iniciamos un período de discernimiento, durante el cual nos dimos cuenta de que nos sentíamos llamados a adoptar. Después de investigar las diferentes opciones y países, decidimos adoptar un bebé de Vietnam. Encontramos una agencia de adopción; empezamos el proceso – el papeleo, las huellas digitales, el estudio del hogar, realizado por un trabajador social, etc.– y Dios nos sorprendió de nuevo: a finales de septiembre, nos enteramos de que yo estaba en estado.

La noticia nos tomó de sorpresa, y sentimos temor frente la posibilidad de tener dos bebitos pequeños a la vez; pero, de nuevo, Dios nos llamó a no tener miedo, sino a confiar en sus planes. Seguimos adelante y, en diciembre, pocos días antes de la Navidad, la agencia de adopción nos envió la primera foto y la información médica de nuestro hijo en Vietnam, al que le pusimos el nombre de Emmanuel, ya que Dios verdaderamente ha estado con nosotros. Y en enero de este año, nos enteramos de que estábamos esperando otro varón, a quien nombramos Sebastián, y que, Dios mediante, bendecirá con su nacimiento a nuestra familia en junio.

Algunas personas, con las mejores intenciones, nos han dicho que cuando abrimos nuestros corazones a la opción de la adopción, Dios nos “premió” con un hijo biológico.

Pero los hijos no son premios, sino regalos de Dios, sean adoptados o biológicos.

El Señor no nos da ni premios ni castigos por seguir o no seguir sus planes. Su voluntad es sencillamente eso: la voluntad de un Dios que sabe mucho más que nosotros y que nos ama infinitamente. Estos fueron los planes de Dios para nuestra familia, y Él nos está prestando estos hijos suyos –y cualquier otro niño con el cual desee bendecir a nuestra familia– para criarlos según las enseñanzas de su Iglesia, para amarlos incondicionalmente, y para darles raíces y alas.

Emmanuel nació en Vietnam y Sebastián nacerá en Miami, pero las verdaderas raíces de ambos están en el cielo.